Los grandes diarios oficialistas no paran de hacer propaganda buscando avalar la disminución del poder adquisitivo de la gran mayoría del pueblo trabajador.
Mirta Pacheco @mirtapacheco1
Martes 13 de febrero de 2018

Ya venimos viendo cómo a través de los grandes medios de comunicación se hace propaganda sobre los grandes beneficios de la meritocracia, el esfuerzo individual, lograr metas para alcanzar una vida exitosa.
Ideología para moldear un sentido común que acentúa que quedarse sin trabajo, que no poder tener una vivienda digna, que perder capacidad de consumo o que un pequeño comerciante tenga que cerrar su negocio, es responsabilidad del individuo, de su poco esfuerzo o su “vagancia” y no de las políticas de un gobierno, que las aplica a través del Estado capitalista. Busca por añadidura alejar del horizonte del pueblo trabajador la solidaridad de clase.
Pero también estos medios oficialistas, en este caso Clarín, el autotitulado “gran diario argentino”, busca por la vía de mostrar modas (basadas en corrientes artísticas posmodernas, o en corrientes filosóficas), presentadas como “nuevas tendencias”, mostrarnos que las personas pueden ser felices viviendo en un mono ambiente o en un cuarto, o teniendo a penas muy poca ropa. Hablamos de la nota publicada en ese diaro, en la sección Sociedad, el día domingo.
La operación es simplona: si sectores con un alto poder adquisitivo alcanzan la felicidad poseyendo lo indispensable, millones de trabajadores también pueden lograrla.
Que esos millones no lleguen a fin de mes, que más de tres millones tengan serios problemas de vivienda, desde vivir en asentamientos, barrios carenciados, se vean obligados a vivir en cuartos de hoteles porque no cuentan con los medios para si quiera alquilar una vivienda digna. O que jefas o jefes de hogar ahora que comienza otro año lectivo no puedan comprar la lista de útiles y libros para sus hijos, o que gracias a los tarifazos no lleguen a pagar las boletas de luz, agua o gas, no debería importar.
La nueva tendencia, el minimalismo, que según este think thanks del gobierno, se está instalando en Argentina, nos enseña que “se puede ser feliz con muy poco”, como el ejemplo de alguien que “dejó sus tres ambientes en Puerto Madero, pero decidió mudarse a 35 metros cuadrados céntricos”. Habría que avisarle al “gran diario argentino” que esa cantidad de metros (que pueden abarcar una habitación, sala comedor, cocina y baño), hoy tienen un alquiler promedio entre $7.500 y $8.000, mientras el salario mínimo no llega a los $10.000. Según el INDEC en el año 2017 el 59.5% de la población urbana percibió ingresos por $12.500, o sea que una familia con dos hijos (en el caso de tener dos ingresos), viviendo “apretados” en 35 metros cuadrados, tiene que destinar más de un 40% de su sueldo, para pagar su vivienda.
Como vemos, el minimalismo, que como corriente arquitectónica establece la amplitud y libertad de los espacios, así como la ligereza y flexibilidad de los muros y de las divisiones interiores, es un estilo o corriente –que puede dar como resultado ambientes muy cómodos y agradables- a la que pueden adscribir quienes no tienen la premura y la angustia de ver su vida atada a los avatares políticos de los ajustes, como los que viene aplicando Cambiemos hace dos años. Nos referimos a los aumentos de tarifas, transporte, inflación que achica de conjunto el poder adquisitivo de nuestros salarios.
Ni hablar de los que menos tienen, que deben hacer malabares para poder comprar los alimentos básicos de una canasta familiar. Pero Clarín nos alecciona: “menos es más”. Generalizando el lema o slogan de esta corriente que propugna que lograr la realización personal depende de que nos despojemos de lo innecesario, quiere que creamos que un mundo feliz es posible, a pesar de que millones nada tengan.
No estamos poniéndonos acá, obviamente, del lado del consumismo, hijo directo de esa “necesidad” que a cada paso crean los capitalistas para poder transformar sus productos en mercancías. Consumismo que la burguesía inocula sobre todo en las clases medias, con sus capas altas, en primer lugar, que gustan emularla en sus “usos y costumbres”.
Estamos alertando de las operaciones propagandísticas del “vocero” del macrismo, que nos muestra la feliz vida de personas que con un alto poder adquisitivo, pueden por ejemplo decidir dejar su coqueto departamento en las Cañitas o en Puerto Madero, por un loft en el centro o un cuarto de una ONG. Y acá viene el gato por liebre, porque esa “feliz vida” no aplica a 7 millones de trabajadores que el año pasado cobraron menos de $7 mil, o al 55% de los hogares más pobres, que percibieron los mismos ingresos que el 10% más rico.
Pero ya en la “década ganada” del kirchnerismo, por ejemplo en 2013, se observaba que el ingreso de los trabajadores registrados, solo alcanzaron a cubrir el valor de 1,1 canastas familiares y el salario real, cuando todavía no había estallado la crisis económica internacional y Argentina gozaba del viento de cola de la situación mundial, con aumento de los commodities incluído -2006-, estaba estancado en los niveles de la década del `90.
Hay que recordar que el macrismo no vino de un repollo y en la situación económica de los trabajadores, el kirchnerismo sostuvo una política donde “los empresarios la levantaron con pala”, según los dichos de Cristina Kirchner en referencia a su propio gobierno, gracias entre otras cosas, a que un 38% de los trabajadores estaba tercerizado y en negro.
En contra del concepto de felicidad vacua de Cambiemos, o de las diversas vías que busca Clarín para avalar el ajuste mostrándonos gente feliz y desprendida, apostamos, como Marx, a un concepto de felicidad asociado a la lucha por tender un puente para conseguir el bienestar de las grandes mayorías.