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Tribuna Abierta. El mito de las virtudes alimenticias de los lácteos

La enfermedad es un negocio. ¿Cómo nos alimentamos? ¿Qué pautas seguimos para decidir lo que es bueno o lo que es dañino para la salud?

Martes 3 de noviembre de 2015

Existen mitos muy arraigados como:

  •  Comer carne es imprescindible por las proteínas que contiene.
  •  La leche es fundamental por el aporte de calcio

    En una serie de artículos veremos que hay otra lógica, basada en consumir alimentos que benefician nuestro organismo, pero esto se oculta, porque la esencia del capitalismo es el lucro y se logra aún a costa del deterioro de la salud.

    La ignorancia sobre los efectos nocivos de muchos alimentos, es un aliado indispensable; también la cultura que traemos junto con nuestra alimentación, como el consumo de proteínas animales, los lácteos, las bebidas colas, etc. que se las presenta en la sociedad como algo natural y beneficioso.

    Las góndolas con lácteos ocupan grandes espacios, y es fuente de enormes ganancias acrecentadas con exportaciones a Brasil, Estados Unidos, Rusia, Argelia y Chile (La Serenísima) mientras que (Milkaut) lo hace a Senegal, Japón, Nigeria, Costa de Marfil, Egipto, Canadá, etc.

    Empecemos por la caseína, que es la proteína de la leche, la cual podemos metabolizar correctamente en los primeros años de vida, gracias a enzimas específicas que facilitan el pasaje de proteínas a sus componentes básicos, que son los aminoácidos.

    Nuestro organismo los utiliza en fabricar sus propias proteínas según el tejido que se trate, ya que la ausencia de dichas enzimas - después de los dos o tres años de vida- al consumir leche de vaca, provoca que en lugar de aminoácidos se formen “cadena de aminoácidos llamados péptidos”, pero el intestino solo puede absorber trozos pequeños, por lo cual estos péptidos no se absorben y son expulsados, pasando por pequeños pasos del intestino hacia el torrente sanguíneo.

    En la sangre se detectan estas presencias como agentes extraños, atacando el sistema inmunológico y acorde a las defensas del organismo, pueden presentarse síntomas tales como:

  •  Fatiga crónica, alteraciones intestinales, rinitis, sinusitis, otitis, neumonía, asma, dando lugar en ciertos casos inclusive, a la Diabetes tipo I.
  •  Otro síntoma es el tamaño de estas proteínas, que son mucho más grandes que la materna, causando daños en la membrana de los capilares.
  •  También, las grandes cadenas de caseína no desdobladas, actúan como pegamento, depositándose en los folículos linfáticos del intestino, entorpeciendo la absorción de nutrientes y generando fatiga crónica e inflamación intestinal. (de hecho la caseína se utiliza como pegamento para papel, madera, etc.).
  •  Además facilita que se puedan producir innumerables enfermedades, entre las cuales encontramos problemas de la tiroides, alergias de todo tipo, intolerancia a ciertos alimentos, excesos de flemas y mucosidades, tos y catarro, etc.

    En Europa asistimos a un aumento de la diabetes infantil, en niños de menos de 5 años de más de diez veces en las últimas décadas. Se han encontrado evidencias de que la frecuencia aumenta en las familias que consumen más leche. Es una enfermedad mucho más frecuente en Finlandia, país con mayor consumo de leche que Japón.

    Como se puede apreciar, el cúmulo de enfermedades es totalmente evitable y no figura en el libreto de los que hacen de la enfermedad una fuente de ganancias: La medicina privada, los grandes laboratorios y la industria láctea.

    En una segunda nota, además de completar el análisis de los restantes componentes de los lácteos, haremos una propuesta alternativa, desde nuestra posición socialista.