Miércoles 26 de septiembre de 2018
El aumento de la tecnología ha generado que miles de millones de personas hoy tengan acceso a internet, mediante un aparato celular, tablet o computadora. Esto causó que la puerta hacia la información se abra de par en par. Sin embargo, esto no significa que los problemas no se hagan presentes, pues vemos que cuando comienza el monopolio de la red, implica que nada de lo que vemos es al azar.
Al azar, en este caso, significa que cuando uno googlea algo y las principales páginas que aparecen por un motivo en particular, son precisamente las que pagan para posicionarse en los primeros lugares y recibir más visitas. Pero esto no solo pasa con las páginas, si no en mayor proporción con las aplicaciones tan famosas como Facebook, Twitter e Instagram, cada una de ellas generan un mundo propio, pero tienen algo en particular: las tres tienen anuncios y ninguno es al azar, son en función de los gustos de cada persona, dándole ganancia a cada una de estas apps.
Por ejemplo, el diario El Economista América indica que la “red social Facebook consiguió en el primer semestre de 2018 un beneficio neto de 10,093 millones de dólares, un 45% más en comparación con el mismo tramo del año anterior, cuando logró 6,959 millones”
Pero lo invasivo del algoritmo es que puede identificarnos con particularidades propias de nosotros, entonces significa que ya no vemos en específico lo que nosotros queremos ver, si no lo que ellos quieren mostrarnos, siempre asociándolo en función del mercado, por cada anuncio pagado.
Pero más allá de que alguien pueda pagar y financiar una imagen o video para que aparezca en millones de celulares y computadores, es que esa persona que se posiciona en todas las redes sociales puede ser el próximo presidente del país, este peligro latente se ha replicado en las diferentes campañas, incluso el mejor ejemplo es el que nos entrega The New York Times en un análisis sobre la campaña del ex presidente de los Estados Unidos Barack Obama, donde sus anuncios se reprodujeron durante 14,5 millones de horas y siempre gratis, si lo mismo se hubiera hecho en televisión, el costo quedaría en nada menos que 47 millones de dólares.
Este tipo de influencia en las redes sociales lleva a un evidente aumento de la desigualdad de las campañas políticas, en una función económica por quien puede pagar más anuncios y tener mayor pantalla que otros candidatos e incluso cuestionando el rol del papel, el conocido volante, ¿para qué sacarlo? Si con el mismo dinero se llegaría a millones en internet.
Con esto no quiero decir que la gente es tonta y sólo con ver una imagen gana un político, pero el rol del algoritmo más el financiamiento puede hacer que ese personaje llegue a millones de celulares poniendo en desmedro a los otros candidatos y multiplicando su radio de influencia.
En el mundo de las redes sociales nos manejan como un número con particularidades, incluso venden nuestra información a grandes empresas para seguir lucrando con los algoritmos, ¿qué tan expuestos estamos?, ¿qué realizan con nuestros datos?, ¿y los motores de búsquedas cómo funcionan? son las preguntas que nos podemos hacer cuando navegamos en las diferentes aplicaciones.
Para hacerlo más simple, Facebook asumió en un comunicado público que ellos no venden datos personales si no lo que hacen es dar la información necesaria para que los anuncios lleguen a los públicos particulares, así multiplica la eficacia multimedia. De qué forma lo hace sin vender nuestros datos, todavía es desconocido.
Twitter a diferencia de Facebook ellos venden los tuits o mejor dicho un motor de búsqueda que muestra todos los comentarios realizados en un tema en particular.
Esto demuestra que nuestros datos están expuestos al mejor postor, a las empresas que quieren realizar marketing, efectivo, pero acosta que nuestra privacidad sea violada cada vez que subimos una foto, ponemos un me gusta o hacemos un “amigo o seguidor” en las app.

Cristóbal Espinoza
Estudiante de Periodismo