El ajuste de Cambiemos viene afectando el salario real. Pero el deterioro de poder de compra reconoce antecedentes en el Gobierno de Cristina Fernández. ¿Cuánto pierde cada sector?

Pablo Anino @PabloAnino
Jueves 1ro de junio de 2017
Durante 2016 el ajuste de Cambiemos implicó una caída del poder de compra del salario de los trabajadores registrados (en “blanco”) de algo más del 6 % promedio. Eso es así porque la inflación se aproximó al 41 % mientras los salarios aumentaron 35 %.
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De más está decir que entre los trabajadores informales (en “negro”) y aquellos precarizados que no son alcanzados por las paritarias, el resultado es seguramente mucho peor.
Lo atestiguan las estimaciones de la Universidad Católica Argentina que indican que existen 1,5 millón de nuevos pobres y los 600 mil indigentes más desde la asunción del macrismo.
Es historia conocida que las cúpulas sindicales luego del enorme paro del 6 de abril volvieron al “modo tregua”, dando vía libre a un nuevo retroceso del salario real para el corriente año.
El Ministerio de Trabajo salió a instalar que trece paritarias de los gremios más grandes cerraron en un promedio de 20,9 %. La cartera conducida por Jorge Triaca hace trampita ocultando algunos adicionales que ubican los aumentos en una escala más arriba para intentar disciplinar a los sectores que todavía faltan negociar.
No obstante, con una inflación anual que oscilaría entre el 25 % y el 30 % es claro que nuevamente la mayoría de las paritarias cerrará por debajo de la suba de precios.
Además, la mayoría de las paritarias se pautan en cuotas, por lo cual su efecto verdadero en el incremento salarial anualizado termina siendo menor que el 20,9 % propagandizado.
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No es historia nueva: en los últimos años del Gobierno de Cristina Fernández el poder de compra de las remuneraciones de los trabajadores mostraba una tendencia descendente, aunque con oscilaciones negativas y positivas dependiendo de si el año era electoral o no.
En ese juego de subas y bajas los trabajadores terminaban perdiendo, en los años no electorales, una proporción mayor que lo que recuperaban en aquellos en los que se votaba. El macrismo viene a romper esa “regla” y ahora el salario pierde todos los años.
La inflación se come el salario
A partir de información obtenida del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTEySS) y de la Dirección General de Estadísticas y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, La Izquierda Diario realizó estimaciones sobre la evolución del salario real (es decir, de su poder de compra) durante los últimos años.
Como se ve en el gráfico siguiente, durante los años impares, con un claro oportunismo electoral por parte del Gobierno de Cristina Fernández, el salario real se recuperó: es lo que ocurrió en 2013 en relación a 2012 cuando en promedio el incremento fue de 1,8 %.
La misma situación se repitió en 2015, cuando se exhibe un alza de 3,5 %. No obstante, lo contrario se observa durante los años pares, que prosiguen al año electoral: el salario real disminuye, pero siempre en mayor proporción que la recuperación previa.
Con la devaluación de 2014, cuando al frente del Ministerio de Economía estaba Axel Kicillof, el salario perdió 4,9 % del poder de compra. Pero la recuperación de 2015 no permitió recomponer íntegramente lo perdido. Cuando se compara 2015 con 2013, el salario real muestra una disminución de 1,4 %.
El resultado global cuando se compara el promedio salarial de 2016 con el del 2013 es que el poder de compra del salario retrocedió casi 8 %. Es decir, la mayor parte de la caída corresponde al actual Gobierno, pero comenzó con el anterior.
No sólo eso. Hay meses del año en los cuales la pérdida salarial es mayor porque, como se dice habitualmente, amplios sectores de trabajadores están con salarios viejos e inflación nueva.
Es lo que sucedió durante los meses de junio y julio del año pasado cuando el salario real llegó a estar 10,2 % debajo del nivel de diciembre de 2015, momento en el que asumió Cambiemos.
El consumo no realizado por los trabajadores durante los meses de menor poder adquisitivo del salario no se recupera más: lo perdido, perdido está. Del otro lado del mostrador, los empresarios que pueden subir los precios sin pasar por ninguna paritaria van engrosando sus ganancias.
Por ejemplo, un salario promedio para un puesto de trabajo registrado cedió de consumo $ 12.245 durante 2016. Recordemos que las patronales y el Gobierno comprometieron para “compensar” esa pérdida un bono de fin de año de $ 2.000, que no sólo no recuperaba lo perdido, sino que en muchos casos ni siquiera se pagó.
Todavía no hay datos para extender la serie de datos hasta mayo, pero la pérdida es muy probable que sea mayor en la actualidad. Es que, mientras la inflación se aceleró durante los primeros meses del año, los salarios es esperable que permanecieran relativamente estables (de hecho, la mayoría de los aumentos de las paritarias operan durante la segunda parte de cada año).
Sector por sector
El mismo análisis realizado por grandes sectores de la economía muestra que la mayor caída del salario real en 2016 tuvo lugar en la explotación de minas y canteras con 13 %. Luego se ubicaron hoteles y restaurantes (- 8,7) %, comercio y reparaciones (-7,1), construcción (-6,8 %), transporte, almacenamiento y telecomunicaciones (-6,6 %).
El caso de la industria manufacturera es particular porque concentra la mayor cantidad de asalariados en “blanco” del país con casi 1,3 millones de puestos de trabajo, casi el 20 % entre los 6,5 millones de asalariados registrados.
Durante 2016 la pérdida del poder de compra del salario fue de 6,2 % en la industria, la cual atraviesa una profunda recesión: en abril los datos del Indec reflejaron el quinceavo mes consecutivo de retroceso industrial con 2,4 % de caída en el acumulado de este año.
Otros sectores experimentaron una retracción del salario real menor que el promedio: tales son los casos de suministro de electricidad, gas y agua (-5,9 %) y enseñanza privada (-5,2 %), entre otros sectores. El único sector que mostró un avance del poder de compra del salario fue pesca (+6,8 %).
En promedio, los trabajadores tuvieron un salario neto de $ 17.664 en diciembre último, lo cual está un 20 % debajo del costo de la canasta familiar que se ubicaba en $ 21.746 en ese mes, según la Dirección General de Estadística y Censos de CABA.
Como ya se mencionó al principio, es necesario aclarar que estamos analizando datos que corresponden a trabajadores registrados del sector privado que son provistos por el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).
Entre los trabajadores estatales la caída del salario real es aún mayor: 15,1 % perdieron los empleados de una categoría testigo del Sistema Nacional de Empleo Público (Sinep) desde la asunción de Cambiemos y hasta abril de 2017, según una estimación reciente de los trabajadores de ATE Indec.
El último aumento del convenio Sinep tuvo lugar con el salario de agosto de 2016 (que se cobró en septiembre). Entre septiembre de 2016 y abril de 2017 la inflación acumulada es de 16,1 %, a lo cual habría que agregar la de mayo y junio.
Pero los estatales cobrarán la primera cuota pactada en paritaria con el salario de junio de este año (que se cobra en julio) y será ¡sólo de 5 %!, una segunda en julio de otro 5 % y, finalmente, en agosto 10 %.
Este escandaloso acuerdo tiene el agravante que la cuota más alta es la última. Mientras tanto la inflación sigue haciendo su trabajo erosionando la capacidad de compra del salario mes a mes.
En el Ministerio de Hacienda, el gremio ATE denuncia que un tercio de los trabajadores están por debajo de la línea de la pobreza y dos tercios no alcanzan la canasta familiar.
La situación hasta aquí descripta, en algún sentido, comprende a los trabajadores que mejor se ubican en la escala salarial: se trata de 9,4 millones de trabajadores del sector privado y público que están registrados. Pero el universo es mucho más amplio y la situación más grave en otros segmentos.
Con bajos salarios y precarizados
En Argentina existen más de 19 millones de trabajadores activos, entre los cuales casi 1,5 millones son desocupados. La precarización abarca a unos 8,6 millones de trabajadores considerando a los que no están registrados (“en negro”), trabajadoras y trabajadores en casas particulares, monotributistas y monotributistas sociales.
Pero esta cifra de precarizados se queda corta debido a que entre los trabajadores registrados, tanto del ámbito privado como en el estatal, la falta de estabilidad laboral adquiere una dimensión, muy relevante, aunque difícil de precisar.
Sobre ese total de 19 millones de trabajadores activos, la gran mayoría no tiene ni siquiera el “beneficio” de las paritarias a la baja, ni derecho a reclamar por la amenaza del despido sin indemnización.
Por lo cual, a pesar de la falta de series estadísticas específicas sobre su evolución salarial, categóricamente la pérdida del poder de compra del salario debe ser mucho mayor entre los trabajadores no registrados (en “negro”) y los precarizados en general.
Para el cuarto trimestre de 2016, el Indec estimó que el 50 % de los que tenían un ingreso percibían menos de $ 10.000 mensuales. No sólo estaban bien lejos de alcanzar a cubrir la canasta familiar ($ 21.746), sino que también se ubicaban por debajo de la línea de la pobreza (valuada por Indec en $ 13.156 en diciembre para un matrimonio con dos hijos).
El ajuste sobre el salario empezó antes de la asunción de Mauricio Macri. El nuevo gobierno profundizó el camino del ataque. La burocracia sindical entró en vacaciones hasta nuevo aviso.
Es una tarea que queda íntegramente en manos de los trabajadores organizados desde las bases, el sindicalismo combativo y la izquierda contraponer una fuerza para derrotar los planes capitalistas que pretenden avanzar liquidando conquistas y reducir los mal llamados costos laborales.

Pablo Anino
Nació en la provincia de Buenos Aires en 1974. Es Licenciado en Economía con Maestría en Historia Económica. Es docente en la UBA. Milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Es columnista de economía en el programa de radio El Círculo Rojo y en La Izquierda Diario.