Desde los medios de comunicación tradicionales, radios, periódicos y televisión no se deja de llamar a reprimir a los maestros de la CNTE. Supuestos periodistas y analistas despotrican contra el magisterio.
Viernes 5 de junio de 2015
Pero ¿qué se esconde tras estos llamados que lo único que buscan es crear un ambiente propicio para la represión abierta? Resuenan frases como ¿qué espera el gobierno para poner orden? O ¿cómo es posible que estos vándalos hagan lo que quieran sin que el gobierno haga nada?
¿Qué es la CNTE?
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) es la expresión más importante de la disidencia magisterial organizada al interior del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), sindicato alineado al gobierno que durante décadas estuvo a cargo de Elba Ester Gordillo (hoy a cargo de otro palero del gobierno) el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).
La CNTE agrupa a decenas de miles de maestros democráticos y tiene su principal fuerza en los estados del sureste de la república y en el centro. Desde su fundación se ha opuesto a los planes privatizadores y pro empresariales del gobierno.
El gremio magisterial en México es inmenso. Más de un millón doscientos mil trabajadores de la educación, que dan clase a millones de niños en primarias y secundarias. De estos maestros, los que trabajan en el campo tienen la capacidad de ver la miseria y la marginación directamente, mientras que los que trabajan en las ciudades pueden ver la descomposición social que en los barrios urbanos impera.
La CNTE, al ser clase trabajadora organizada en sindicato, tiene la capacidad operativa y de convocatoria para movilizar a miles de trabajadores en buena parte del país y despierta simpatía en otros sectores del SNTE que, al igual que como todo el magisterio, viven con salarios de miseria y ven avanzar la descomposición social en los niños todos los días.
La lucha de la CNTE regresa a la escena política nacional
Recientemente secciones históricamente combativas de la CNTE, en Oaxaca, Chiapas, Guerrero y otros estados han realizado acciones de repudio a la farsa electoral de la mano de la exigencia de abrogar la reforma educativa, la cual no es más que una reforma laboral que ataca directamente los derechos laborales de los maestros. Ya hace un par de años la CNTE había protagonizado una enorme lucha que llego incluso a activar a miles de estudiantes universitarios que se sumaron solidariamente a la lucha cuando el gobierno del DF -en manos del Partido de la Revolución Democrática (PRD)- desalojó el Zócalo de la Ciudad de México.
La reforma educativa bajo un discurso de “modernizar” y volver “competitiva” la educación básica se le quiere imponer al magisterio una serie de evaluaciones y exámenes que no tienen otro fin que homogenizar la educación acorde a parámetros empresariales que reproduzcan niños acríticos y dóciles.
La burguesía busca mantener su dominio en el tiempo, en ese sentido sabe bien la importancia de llegar a las nuevas generaciones. La educación sin embargo es un terreno en disputa y los maestros en esta batalla son los principales protagonistas.
¿Qué teme el gobierno?
La explicación de este nuevo linchamiento mediático que todos los días podemos escuchar o leer en los medios, está en que el gobierno sabe bien que el descontento con el gobierno federal, los partidos y las instituciones es muy profundo. Una organización del tamaño de la CNTE luchando puede empujar aún más al despertar político y a la activación de más sectores de la clase trabajadora, campesinos y estudiantes.
Aunado a esto, el actual proceso electoral, que es en boca de los propios funcionarios del Instituto Nacional Electoral (INE) “el más difícil de la historia reciente de México”, es un momento crítico para el gobierno. Como hemos planteado en múltiples artículos en este diario, en estas elecciones el gobierno busca legitimarse después de la crisis política que se le abrió con Ayotzinapa.
Así se puede entender que la evaluación universal a los maestros que durante meses fue presumida por el gobierno como un gran logro, haya sido recientemente suspendida. El gobierno sabe bien la potencialidad de la CNTE en movimiento, un gremio además que siente la desaparición de los 43 como propia pues los normalistas y los maestros han enfrentado históricamente juntos al Estado.
Para reprimir abiertamente un movimiento, el gobierno primero debe generar un ambiente de linchamiento que genere en la opinión pública un cierto aval a la brutalidad policial, de lo contrario puede generarse un enorme repudio y un movimiento democrático que termine siendo contraproducente para los planes del gobierno. Es responsabilidad de todas las organizaciones sociales, sindicatos, organizaciones estudiantiles, intelectuales progresistas y en general de todas las personas democráticas y de izquierdas romper el cerco mediático que busca aislar a la CNTE, criminalizarla y reprimirla.
Si en un momento de deslegitimación profunda del gobierno y de las instituciones del Estado, una organización como la CNTE se apuesta a enfrentar la farsa electoral y pone en jaque al gobierno, imaginemos qué podría pasar si el conjunto del magisterio y otros sindicatos se sumasen al repudio a las elecciones.
La solidaridad de la clase trabajadora y la acción común de los trabajadores tiene la capacidad de frenar los planes privatizadores de los partidos patronales y podría ser un primer paso en plantear a la sociedad una salida de fondo a la crisis que atraviesa el país.