El presupuesto 2017 destina tan sólo el 0,59% del presupuesto nacional a ciencia y tecnología, lo que representa una caída de casi 200 millones de dólares y lo lleva a un mínimo histórico.

Santiago Benítez Dr. en Biología - Conicet - @santiagombv1
Viernes 7 de octubre de 2016 19:50
Lejos de las promesas de campaña de Cambiemos, que prometían llevar la inversión en ciencia a 1,5 puntos del PBI, el presupuesto 2017 revela la dura realidad de un recorte, pasando del 0.64% al 0.59%. Este porcentaje es el mínimo desde la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT) en 2007. Lino Barañao, designado al frente de este ministerio durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner y confirmado por Mauricio Macri, reconoció ayer ante la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados que el nuevo presupuesto “no es satisfactorio” y admitió que se necesita un financiamiento mayor.
La reducción en la partida presupuestaria afectaría a las instituciones dependientes de este ministerio, incluyendo el CONICET, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT). Esto se suma a recortes anunciados en otros organismos públicos de ciencia y tecnología como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.
Según un informe del Dr. Fernando Stefani, del Departamento de Física de la Universidad de Buenos Aires, el presupuesto del MINCyT se mantuvo constante (en dólares) entre 2009 y 2012, se incrementó un 70% en 2013 y 2014 y luego bajó, llegando a niveles ligeramente inferiores al 2012 en este año. La disminución proyectada para el año que viene sería aún mayor.
Dentro de estos organismos, CONICET se encuentra en una situación particularmente crítica ya que destina el 92% de sus recursos al pago de salarios, por lo que una reducción de su presupuesto podría afectar directamente a sus trabajadores. Demás está decir que limitaría los ingresos en las próximas convocatorias de becas, personal de apoyo e investigadores.
Los sueldos de CONICET son bajos en comparación con otros trabajadores calificados y también en relación con los salarios de investigadores científicos de países vecinos. Un becario doctoral (quien además carece de muchos derechos laborales básicos) gana aproximadamente $15800 y un investigador asistente (que recién ingresa a la carrera de investigador) gana $24000. Los trabajadores administrativos, por su parte, se encuentran sujetos a contratos precarios de renovación anual. El presupuesto de 2017 profundizará la caída en el salario.
La capacidad adquisitiva del salario de un trabajador de CONICET se mantuvo constante entre 2009-2011, aumentó entre 2013 y 2014 y bajó un 25% llegando al mínimo histórico en el último año. En esta pérdida tiene gran responsabilidad la siempre oficialista burocracia sindical de UPCN, quienes avalaron estas bajas y los despidos en el estado a espaldas de los trabajadores.
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La disminución presupuestaria no sólo promueve que los investigadores científicos abandonen el país en busca de mejores condiciones de trabajo (lejos de las ilusiones de ser “tomados por el sector privado”, que en Argentina no invierte prácticamente nada en investigación y desarrollo). También limita fuertemente la capacidad de continuar trabajando ya que el presupuesto de ANPCyT, la agencia que financia programas de investigación, se encuentra en un mínimo histórico.
La conquista de mejoras en el trabajo, el reconocimiento de los derechos laborales de los becarios, el fin de la precarización laboral y de la mercantilización del conocimiento (sostenidas como política de estado a través de la administración de Lino Barañao y el plan estratégico Argentina 2020), son luchas a retomar por parte de los trabajadores del sistema científico y tecnológico.

Santiago Benítez
Dr. en Biología. Investigador del Conicet. Militante del Partido de Trabajadores Socialistas (PTS).