Después de la desilusión de la temporada 2 de True Detective, Fargo llegó para desmentir el fracaso seguro de las segundas partes. La ciudad de Fargo vuelve a estar en el centro de una historia escabrosa.

Celeste Murillo @rompe_teclas
Martes 5 de enero de 2016
El 2015 encontró el camino de regreso a la pequeña ciudad de Fargo, un lugar señalado por primera vez en 1996. Ese año, con la película homónima, Joel y Ethan Coen narraban los hechos ocurridos en un pequeño rincón del Medio Oeste estadounidense.
Esta nueva temporada centra la historia en Luverne (Sioux Falls, Minnesota). Uno de los protagonistas, como en la película y la primera entrega de la serie, es un policía estatal (policía provincial) que vela por la seguridad de su pequeña localidad, Lou Solverson.
En un guiño a los seguidores de la serie, el guionista Noah Hawley ubica la historia en la infancia de Molly Solverson, la agente de la primera temporada que asume como jefe de la Policía de la ciudad de Bemidji y está al frente de la investigación.
Cada uno de los diez capítulos comienza con una advertencia y una explicación: esta es una historia real, pero los nombres han sido modificados por respeto a los fallecidos. Una mentira perfecta para una historia perfecta. Como en la primera entrega, el clima es protagonista y hace muy bien su trabajo. Aunque ilumine una pantalla en Buenos Aires con 40 grados a fin de diciembre, el espectador pasará frío.
Mafias en decadencia y el sueño americano
Es 1979 en Sioux Falls, una pequeña localidad de Minnesota (EE.UU.), y un evento azaroso cruza dos historias que poco tienen ver una con la otra. Por un lado, la guerra de mafias por el control del territorio, entre el imperio local en decadencia de los Gerhardt y la potencia en ascenso, Kansas City. Por el otro, dos aspirantes al sueño americano, la peluquera y el carnicero del pueblo.
El contexto de los acontecimientos es la guerra entre los Gerhardt, una mafia “familiar” y Kansas City, una banda ajustada a los tiempos que corren, con organización y jerarquías corporativas. El conflicto recorrerá toda la historia y mostrará incluso los puntos de contacto entre corporaciones y mafias, con imágenes insólitas como la de un sicario invitado a ocupar un escritorio de 9 a 18 horas como el resultado lógico de la “evolución”.
En la unión de las historias está Lou Solverson, cuya vida se divide entre su estación de policía y su pequeña familia, atravesada por la enfermedad de su esposa Betsy. Solverson intentará reconstruir los pedazos aparentemente inconexos de una historia que empieza como cualquier otra y, cual bola de nieve, se lleva todo por delante.
Legítima heredera de los Coen, la historia late con dos corazones. Uno de ellos es la trama, plagada de detalles escabrosos narrados en un ambiente insoportablemente tranquilo y mediante la dedicada investigación de policía de pueblo. El otro, los personajes dotados de claroscuros y contradicciones, incluso los más mínimos como una asistente de la carnicería que lee a Camus y filosofa sobre la muerte.
La familia, la lealtad y las mujeres
La familia, la lealtad, y el lugar de las mujeres recorren los episodios en la voz de múltiples personajes. También están en el centro la miseria, la codicia y la mezquindad, todas ellas mostradas sin juicios morales, simplemente como características de la naturaleza humana.
La familia, una de las instituciones más vapuleadas y veneradas en la producción cultural, es presentada en Fargo de diferentes formas: clan, sociedad o comunidad, dependiendo de los personajes y las historias. La familia Gerhardt está dividida, en su decadencia, por los enfrentamientos entre hermanos por la sucesión que obliga el ciclo de la vida. La familia Solverson está organizada y sostenida por Betsy. Hija del sheriff y esposa del jefe de Policía, es quien mantiene la fortaleza en una familia donde ninguno de los varones es capaz de enfrentar el desenlace que todos adivinan. La familia Blumquist, de la peluquera y el carnicero, lucha por encontrar su destino, entre la introspección banal de Peggy y el empeño en cumplir el sueño de la propiedad de Ed.
La lealtad se presenta a través de un personaje clave, Hanzee Dent, parte del clan Gerhardt por adopción. Hanzee es un nativo norteamericano, adoptado por el jefe de la familia, Otto, y secuaz del temible Dodd, en pugna por el liderazgo del clan. En el personaje del “indio”, como lo llaman, se concentran confesiones, traiciones y una crítica a la sociedad del Medio Oeste estadounidense. Casi borrado de las pantallas, el conflicto racista se instala con la misma naturalidad y crudeza que se da en al vida real. Para muestra basta la genial escena de apertura de la serie.
Con originalidad y sin los lugares comunes de la corrección política de la televisión, el guión incluye un debate sobre el lugar de las mujeres, emulando las discusiones presentes en todos los ámbitos de la sociedad actual. Desde la pregunta de Floyd Gerhardt (madre del clan) “¿Por qué una mujer no puede ser la cabeza de la familia?”, hasta el reclamo y la incomodidad de Peggy con las exigencias que la sociedad tiene para las mujeres: “madre, esposa, profesional”, imposibles desde su punto de vista sin perder la cordura. Como en el relato original de los Coen, la identidad femenina es parte del ADN Fargo. Basta recordar el poderoso personaje interpretado por Frances McDormand en la película.
Es difícil contar más sin develar detalles importantes de la historia. Por si faltaran motivos, el guión no escatima en detalles políticos exquisitos como la gira de campaña de un Ronald Reagan recién llegado a la política después de una carrera en el cine y visto con algo de desprecio por varios. La presencia de la guerra, constitutiva de Estados Unidos, en una sociedad donde los hombres se reconocen mediante medallas y códigos como símbolos de prestigio y respeto. Segunda Guerra Mundial, Corea o Vietnam son las palabras que separan a los honorables del resto, algo impensado hoy, cuando las guerras ya no son depositarias del respeto incuestionado y son fuertemente criticadas, como las de Irak y Afganistán. Todo con la receta Coen, contar y mostrar, sin prejuicios pero con la crudeza y precisión de un cirujano o un asesino a sangre fría. El guión no se priva siquiera de introducir sin explicaciones una historia de ovnis.
Fargo recupera las expectativas en las segundas temporadas, después del vacío que dejó la segunda entrega de True Detective. Y devuelve a la pantalla chica las historias pequeñas con grandes narradores: escenarios que hablan por sí mismos, acontecimientos inesperados que se entrelazan y personajes alejados de la bondad y la maldad binarias.

Celeste Murillo
Columnista de cultura y géneros en el programa de radio El Círculo Rojo.