La ficción es el lugar donde el relato político se manifiesta más implícitamente. Opinión sobre la novela "Los ricos no piden permiso" de Canal 13.
Martes 26 de julio de 2016
Los medios masivos son una eficaz herramienta de propaganda política. A través de ellos, explícita o implícitamente se cuela el relato político, con la intención de manipular la identidad de los espectadores, lectores u oyentes; sus creencias, su memoria (la interpretación de un pasado en común), sus hábitos y costumbres, con la intención de obtener el poder, o bien, una vez conseguido, mantenerlo en el tiempo.
La ficción es el lugar donde el relato político se manifiesta más implícitamente. Me refiero con esto a un modo de narración clásico, donde la historia parece contarse sola, ya que se esconde cualquier señal de la presencia del dispositivo. Así los espectadores se identifican con los personajes y adoptan una actitud pasiva frente a las situaciones que les ofrece la narración.
Al respecto es muy interesante la aparición el 11 de enero de 2016 de una telenovela emitida por Canal 13, “Los ricos no piden permiso”. Canal 13 ha sido uno de los medios que ha contribuido al fortalecimiento del discurso político de Cambiemos y a su triunfo electoral. Obtenido dicho triunfo y habiendo asumido la presidencia Mauricio Macri el 10 de diciembre de 2015, la alianza entre ambos continuó, esta vez con el objetivo de la consolidación del relato político de éste último. Por eso debemos analizar a “Los ricos no piden permiso” como un producto con dicha finalidad. Podemos encontrar reiteradamente como coincide el relato de esta ficción con el discurso de Cambiemos, a veces de una forma alevosa.
Por empezar el título consiste en una frase normativa: “Los ricos no piden permiso”, este título ya nos está preparando para una resignación clasista, y no es inocente en absoluto.
El formato telenovela se inscribe dentro del género melodrama, producto de la cultura masiva por excelencia. El melodrama tiene la característica de presentar binomios tales como: ricos/ pobres, malos/ buenos, y las luchas que se libran en él nada tienen que ver con una lucha de clases, si no con una lucha por el amor. De hecho el mensaje esta dirigido a una resignación ante la fatalidad del destino, que coincide con la resignación, la aceptación de la pobreza, promovida en el discurso político de Cambiemos, cada vez que se proponen un sinceramiento económico, e intentan convencernos de que el ascenso social (pequeñeces como tener acceso a bienes materiales) fue una mentira del anterior gobierno. El sinceramiento se trata de sincerarnos con nosotros mismos y reconocernos pobres, y aceptar, con resignación la mutilación de nuestros salarios y el abuso de la suba en los impuestos. Hay dos escenas en las que esto se ve claramente reflejado:
En el primer capítulo de los Ricos no piden permiso podemos ver a Norma Aleandro leyendo un periódico ficticio llamado “Nuevas voces”, se hace evidente aquí la instancia discursiva política: las nuevas voces son claramente el nuevo gobierno, que anuncia en un artículo ubicado del lado superior derecho (zona de rápido acceso visual): “El gobierno anuncia fuertes subas en tarifas de distintos servicios”. Una nueva forma de anunciarlo a través de la ficción (ya había sido anunciado incluso antes de que ganaran las elecciones). Es necesario repetirlo para fijarlo y naturalizarlo.
Marisol (Malena Solda), trabajadora doméstica y ex novia de Rafael, capataz (Luciano Castro) le recrimina: “Vos lo que querés es subir al piso de arriba, vos querés ser uno de ellos (…) Pero sabé algo: Nosotros nacimos abajo, nunca vamos a subir.” Paradójicamente en capítulos posteriores ella asciende, pero nunca por mérito propio, sino por trepar y quedar embarazada del patrón. El ascenso social de esta manera adquiere una forma reprochable.
Entre otros capítulos es muy interesante uno que se intitula “Revolución en la estancia”. Es el capítulo número 28. Con el título uno tendría la sensación que aparecería la lucha de clases, que hay una especie de transgresión. Pero no. A los jornaleros no se les ha dado su paga, entonces comienzan a planear una huelga. En este momento llega Rafael, uno de los protagonistas de la tira y por tanto con opinión legitimada. Dice que los de arriba nunca dejaron de pagar y que es cuestión de días, que sí no es mañana es pasado, pero se trabaja. Momentos después en la cocina, espacio de los empleados, se somete a votación el paro. El Negro (Alberto Ajaka) lleva la voz cantante. Cómo todos están a favor del paro a Rafael no le queda otra que hacer lo que decide la mayoría. Entonces entra Julia (Araceli González), maestra de la escuelita de la estancia, y dice: “-Yo no estoy de acuerdo con la huelga. No es tan grande el atraso, hay que tener paciencia”. Otra protagonista, otra voz autorizada. Rafael entonces agrega que poca memoria tienen, que cuando fue la inundación el patrón fue casa por casa y se repuso lo que se había perdido. Queda claro que son patrones justos y paternales, y hay que tener paciencia. El problema por el que no se han pagado los sueldos se debe a un problema interno entre los patrones, una lucha de poderes. Que al final el “patrón bueno”, Antonio (Juan Darthes) cederá y pagarán incluso más de lo que se debe.
En un momento el Negro, encara a una de las patronas, Bernarda (Leonor Benedetto) y le expresa toda su bronca, ella le da un cachetazo y le dice que cuando se resuelva todo esto lo va a despedir. Luego, el Negro es ascendido por el “patrón malo”, Lisandro (Raúl Taibo) a administrador de la estancia, a condición de que no le haga huelga. Cabe destacar que el personaje del Negro no es uno de los villanos, pero presenta una ambigüedad, ya que al igual que Marisol que asciende socialmente al ser embarazada por Lisandro, él también tiene una debilidad por el dinero y por esto participa de actos de corrupción que urden entre los villanos, especialmente Marcial (Luciano Cáceres) que hace de Intendente del pueblo. Un Intendente corrupto que hace años que mantiene su poderío y que en uno de los capítulos Antonio querrá desplazar, postulándose y haciendo una cena donde cuente “sus ideas, su plan de gobierno” entre estancieros, políticos, empresarios.
Corresponden éstos al mismo grupo, pero son llamados indistintamente con estos títulos. En esa cena, donde es menester decir que la lucha interna de poderes una vez más ha dejado a los empleados en el medio y por órdenes de una de los patrones se han tomado la noche libre, empleados fieles desempeñan cargos de mozos que no les corresponden. Es el compromiso con el trabajo. A esa cena llega Marcial e increpa a Julia de haber estado casada con un asesino, los estancieros no quieren problemas y dicen que es preferible dejar todo como está.
Vehementemente Antonio dice: “Justamente es lo que ellos quieren, que todo siga igual”. Y acá vemos como emerge el discurso de Cambiemos sobre cansancio de los 12 años del gobierno anterior y la promesa de un cambio que termine con la corrupción.
En conclusión, la idea no es estigmatizar a dicha telenovela, o a la ficción en general que se alinee con determinado relato político, si no adoptar una postura crítica frente a dichos productos comerciales.