Una reseña sobre el libro La violencia está en nosotros, de James Dickey, editado por La Bestia Equilátera en noviembre de 2015.

Diego De Angelis @DieDeAngelis
Sábado 16 de enero de 2016
“Se desenrollaba despacio, obligado a mostrar sus colores, mientras se enroscaba y saltaba hacia atrás cada vez que uno de nosotros lo soltaba. Todo el terreno estaba muy tenso hasta que sujetamos las cuatro puntas con nuestras jarras de cerveza y extendimos el río para que fluyese ante nosotros por entre las montañas a unos doscientos treinta kilómetros al norte”.
La escena inaugural de La violencia está en nosotros, ópera prima del gran escritor norteamericano James Dickey, anticipa en pocas líneas el asunto de la historia. Anticipa, a su vez, un estilo exquisito. El comienzo señala la configuración de una mirada puesta en detalle. Una mirada orientada en un primerísimo primer plano.
La contemplación de un mapa que no hace falta designar. Lo que síes necesarioestablecer es justo aquello que este mapa particularmente no referenciado alcanza a revelar a quienes lo observan con una atención consagrada: el río que fluye.
Cuatro hombres sin pretensiones, que se han enojado más bien poco con el mundo y sus desdichas, conformes con sus aceptables trabajos, ligeramente satisfechos con sus bien formadas familias, prudentes pero también cansados de su aburrida existencia en la ciudad, deciden por una vez arriesgarse y emprender juntos un viaje hacia un lugar desconocido. Un proyectoemocionante y divertido: descender en canoa por los peligrosos rápidos del río Cahulawassee, en Giorgia, hasta llegar a un bosque salvaje ypracticar allí su deporte predilecto: la caza de ciervos con arco y flecha.
Dickey escribe la historia de un viaje que ofrecerá –acaso como todo viaje, en definitiva como toda historia- la promesa de una transformación rotunda,de un deseo por desaparecer y volverse ese otro soñado en silencio. Una aventura que se convertirá de pronto, por la emergencia de un acontecimiento perturbador, en una pesadilla cruel,en una feroz cruzada por la supervivencia. El río desnudará, como un eco de su premonición inicial, el encubiertotemperamento de sus protagonistas.
Porque cuando el río fluya, cuando se descubra la magnitud de su esplendor, cualquier prevención resultará superflua, forzada.
En La violencia está en nosotros, el río se convertirá en una referencia insoslayable. El río lo serátodo. Los personajes experimentarán tras su paso temor, soledad, angustia. “Sentía que me disolvía en la violencia y la brutalidad increíbles del río”, expresará el narrador, un tal Gentry. El río funcionarácomobrújula, como punto de ubicación geográfica: “Si me apartaba demasiado del río y de su ruido, casi seguro que me perdía”. Deslumbrará la vista no por su belleza, sino por sufastidiosapresencia: “El río reverberaba y bailoteaba en los destellos de mis pestañas y era más maravilloso precisamente por ser insoportable”. Tal vez por eso, por su omnipresencia,el río provocará una obsesión casi enfermiza: “Solo fluía el río en mi mente, pero de modo inmortal. Lo sentía fluir por diversas partes de mi cuerpo”.
Considerado uno de los grandes poetas norteamericanos del siglo xx, Dickey publicó en 1970 una novela perfecta. Por la elegancia de su prosa,por un relato que, como el río que describe, fluyesoberbio y brutal.
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La violencia está en nosotros
James Dickey
La Bestia Equilátera

Diego De Angelis
Nació en Buenos Aires en 1983. Licenciado en Letras en la UBA, escribe sobre literatura y cine en diferentes medios. Programa y coordina el ciclo "Cine para lectores".