La actual catástrofe sanitaria, se debe en un punto, por la urbanización y la destrucción natural. La gran industria “invadió” los ecosistemas naturales causando un problema sanitario de gran envergadura.
Lunes 4 de mayo de 2020
Es un secreto en voces de los psiconautas enteogenistas. Un sapo llamado Bufo Alvarius endémico de Sonora, cerca de Punta Chueca, es hoy usado como una medicina enteógena. La combustión de la secreción de sus glándulas emite 5 Meo – DMT uno de los comunicadores neuronales más poderosos que existan.
El 5 Meo – DMT (5-metoxi-N,N-dimetiltriptamina) es un comunicador neuronal que genera que el cerebro use un 100% de nuevas posibles conexiones. Según los psiconautas enteonistas esta molécula la produce el propio cuerpo humano en situaciones excepcionales como el nacimiento o la muerte y la produce la glándula pineal. No es la única especie natural que contiene esa molécula, también se le conoce como Yopo y se usa en el Caribe y la Amazonía.
El efecto de 10 a 15 minutos de esta molécula en el cerebro es asombroso científicamente. El 5 Meo – DMT es una hormona o conector que prende en nuestro cerebro una combinación muy poco usual de regiones. Digamos que esta molécula permite conexiones neuronales especiales, simultáneas y únicas en el cerebro. Esta molécula permite tratar ansiedad, paranoia, depresión, trastornos de estrés post traumático y puede ayudar a tratar casos de adicciones a “drogas” químicas.
Los Seris hoy defienden la naturaleza
La molécula fue descubierta en Japón por Toshio Hoshino y Kenya Shimodaira en 1936. Pero fue el italiano Vittorio Erpamer quien encontró en la secresión del Bufo el 5 Meo -DMT. Este investigador, que descubrió la serotonina, fue nominado varias veces al premio novel.
Un grupo de enteogenistas de Estados Unidos comenzó el uso experimental y científico de la molécula extraída del bufo y publicaron un documento bajo el seudónimo de Albert Most en 1983 y describen los primeros usos humanos de este sapo. O sea, el consumo del 5 Meo – DMT extraído de la combustión de la secreción del sapo tiene menos de 20 años.
Hay quienes creen que el uso de esta sustancia viene de la tradición indígena Coomcaac o Seri de Sonora pero no existe evidencia científica. Desde hace poco menos de 10 años el consejo de ancianos Coomcaac usa esta sustancia para ayudar a cientos de personas que buscan sanar adicciones, ansiedad o depresión. Eso si, ahí, se usa, de un modo ritual. De algún modo son ellos los guardianes de este sapito.
Los peligros
La sustancia está prohibida en Estados Unidos, no se considera una medicina. Los expertos en botánica recomendaron que el Bufo Alvarius debería considerarse en peligro crítico de extinción debido a que la población de sapos ha bajado por factores como el calentamiento global, expansión de las ciudades y uso de pesticidas, a lo que se suma el uso ritual. Aclaremos, no está en peligro de extinción por su consumo medicinal.
Existen organizaciones indígenas y científicos que han realizado santuarios para la reproducción del mismo sin apoyo estatal. Lejos de prohibir esta sustancia se requiere que este sapito sea conservado e investigado en total de sus propiedades. Debe existir una política científica para el su consumo y para también preservar el medio ambiente.
Tal parece que los pueblos seris son ya guardianes de este descubrimiento. Ellos sin recibir ningún fondo han defendido la autónoma de sus tierras y han preservado el ecosistema, y la especie. Siguen con las investigaciones y han luchado por su territorio seri para evitar que se impongan megaproyectos que afecten el medio ambiente.
Solo esos pueblos han mantenido y cuidado el ecosistema hasta hoy en día. Pero, este sistema de destrucción llamado capitalismo ha convertido a la naturaleza en una mercancía y debemos luchar contra todo tipo de proyectos que aniquilen la naturaleza o que pueda significar la devastación de una especie. Los seris han defendido su territorio y la naturaleza de forma ejemplar.
Te puede interesar: El marxismo de Walter Benjamin: el hachís y las medicinas “enteógenas”
Te puede interesar: El marxismo de Walter Benjamin: el hachís y las medicinas “enteógenas”