Juan Domingo, Juan Antonio, Víctor Hugo y Bonifacia del Carmen Díaz declararon en una nueva audiencia del juicio que se lleva a cabo por los crímenes cometidos en las Brigadas de la zona sur del Conurbano.

Valeria Jasper @ValeriaMachluk
Jueves 14 de octubre de 2021 20:24
En el día 43 del juicio por los crímenes cometidos en los centros clandestinos de detención de la zona sur del Conurbano bonaerense brindaron su testimonio los hermanos Díaz, una de las tantas familias perseguidas, secuestradas y torturadas durante la última dictadura cívico militar eclesiástica.
La familia Díaz estaba compuesta por siete hermanos: Elvira, Bonifacia del Carmen (Mari), Juan Antonio, Víctor Hugo (Beto), María Rosa, Juan Domingo y Eva del Carmen. El relato que cada uno pudo construir y reconstruir, pasados 40 años de los hechos, dan detalle, no solo de la persecución a familias enteras, sino de los lazos de solidaridad construidos en tiempos de terror.
El primer hecho que marcó el destino de la familia oriunda de Berazategui, sucedió en el mes de febrero de 1977 cuando una patota ingresó al taller de muñecos de tela que tenía Juan Antonio, buscando a Hugo. Juan Antonio, Juan Domingo, Hugo y un amigo de ellos fueron atados y encapuchados. Al único que se llevaron fue a Hugo. Posteriormente pudieron saber que también habían pasado por la casa materna, donde se encontraban las mujeres de la familia. Una casa que fue constantemente vigilada durante mucho tiempo.
Víctor Hugo fue trasladado en el baúl del auto, reconoció por los sonidos, que fue llevado a una zona de campo. Allí recibió todo tipo de torturas, mientras un médico revisaba su estado para ver su "resistencia" a la picana eléctrica.
"Estaba decidido a irme", manifestó al Tribunal, desarrollando con detalle lo que fue su huída de lo supo después era el Regimiento 3 de La Tablada. En un bar de la zona de Plaza Once, pudo contactar a la única vecina del barrio que tenía teléfono para avisar que "estaba bien".
Sus hermanos fueron llevados a la Brigada de Avellaneda. "Se escuchaba personas pedir agua, gritar, putear, compartió Juan Antonio. Por su parte, Juan Domingo detalló las torturas que recibió en todo el cuerpo. "Pensé que iba a quedar infértil, pero por suerte tuve dos hijos hermosos", dijo esbozando una sonrisa.
"Perdí muchas cosas. Tenía 16 años, quería ser cardiólogo, pero hoy aquí (Brasil) soy maestro mayor de obra, constructor. Ya construí acá tres hospitales...donde trabajan cardiólogos", reflexionó Juan Domingo.
Bonifacia del Carmen, Mari, declaró desde el sitio de memoria que es hoy El Infierno. A pesar de las dificultades en la conexión, pudo complementar el relato familiar y su secuestro en La Cacha.
Tras ser liberados, vino el exilio en Brasil para varios de los integrantes de la familia. “Tuvimos que salir todos de esa casa y del país, la amenaza era terrible y si alguien era detenido nuevamente, no aparecía más”, sostuvo Mari. Juan Domingo, quien brindó testimonio desde el país vecino, nunca más volvió.
Beto continuó su militancia de forma clandestina, yéndose a México para volver con lo que se llamó la Contraofensiva Popular de Montoneros. En un enfrentamiento fue gravemente herido. Fue salvado gracias a la solidaridad de vecinos y un médico que lo operó sobre una puerta, sabiendo del riesgo que corría.
"Quiero aprovechar para agradecer a toda mi familia. La resistencia se dio en dos planos: los que estábamos organizados y por otro lado la familia. Todos persistieron de la mejor forma y estoy orgulloso de ellos y de nuestro pueblo que nos dio su apoyo y por eso estoy aquí contándoles esto", concluyó.