Un análisis de la situación del teatro independiente en la actualidad con opiniones de algunos de sus protagonistas
Domingo 26 de junio de 2016
El fuerte incremento de las tarifas afectó a este sector del teatro independiente, principalmente el de la luz, siendo precisamente la iluminación un elemento muy importante en el escenario teatral. También a los teatros comerciales, que cuentan con unas 25 salas, pero que al ser verdaderas empresas, tienen más recursos como para resistir el impacto de los aumentos. Este tarifazo no pueden costearlo los espacios teatrales independientes, y tampoco quieren transferirlo al espectador, para poder mantener los precios populares. Por este motivo muchas salas alternativas corren el riesgo de cerrar sus telones para siempre. De parte de las autoridades hay pocas respuestas, y las que aparecen son insuficientes y no conforman a quienes forman parte de la actividad teatral.
Solo por citar algunos ejemplos sobre los aumentos de luz, el Teatro del Pueblo, pasó de pagar en su boleta bimestral $1.500 a $7.400. El teatro La carpintería, una pequeña sala del barrio del Abasto, por una factura que rondaba los $1000 ahora tuvo que pagar $7.534. La reconocida sala de Boedo Timbre 4, de más o menos $5.000 con el aumento llegó a $25.000.
En relación a los tarifazos, el dramaturgo Roberto Perinelli, miembro de la Fundación Somigliana, y que hace más de 20 años es parte de la conducción del Teatro del Pueblo, denunció en su cuenta de Facebook: “En un gesto autoritario que pinta la nueva situación, Edesur envió el documento el viernes para ser pagado el lunes, si no lo hacemos ese día la deuda se agranda en $ 1000. Supongo que el mazazo les caerá a todos, a las salas grandes y a las chicas que vaya a saberse si tienen resto para hacerse cargo. Habría que encontrar una solución, si no tarde o temprano muchas podrían cerrar”.
En ese sentido, el actor e integrante de la compañía de teatro independiente La Escoba, Edgardo Marchiori, declaró para este diario que “los aumentos en el sector teatral provocan que no haya manera, aunque más no sea, de ‘pagar los gastos’ como durante tanto tiempo se hizo, pensemos que la entrada a un teatro independiente cuesta promedio $100 y sus capacidades son de no más de 150 butacas. Y a esto hay que sumarle la pérdida de poder adquisitivo de la gente que en período de crisis el primer recorte de gastos está en el esparcimiento.”
Proteatro, uno de los organismos que otorga subsidios de apoyo al teatro, en el año 2015 entregó 88 subsidios a salas teatrales independientes que rondan entre los $40.000 y $120.000. Este dinero estaba destinado a la creación, producción y difusión de la actividad artística, pero con los aumentos de tarifas tuvo que ser destinado a los aumentos de tarifas que en algunos casos superan el 500%.
Esta situación llevó a que varios de los afectados comenzaran a organizarse. El pasado 21 de Mayo casi 300 espacios culturales participaron del #ApagonCultural. Este apagón fue organizado por el colectivo “Cultura Unida” que nuclea a diferentes organizaciones entre ellas La Asociación Argentina de Teatro Independiente (Artei), que a su vez incluye a 86 salas.
A partir de estos reclamos Proteatro anunció que este año se otorgará un adicional de 50 mil pesos a las salas independientes que anualmente son beneficiadas con el subsidio para su funcionamiento.
Pero son muchas las salas que no gozan del subsidio de esta entidad, recordemos que aunque resulta difícil contabilizar la actividad independiente, en total son más de 300 salas y menos de un tercio (88) tienen algún subsidio.
Para subsidiar la actividad cultural en Buenos Aires también está vigente desde hace algunos años la ley de Mecenazgo, que fue promovida por el anterior ministro de Cultura Hernán Lombardi. Esta ley permite que las empresas financien proyectos culturales a cambio de desgravar impuestos, es decir de un beneficio para sus negocios. Como se ve no hay nada de filantrópico en esta “ayuda” a la cultura.
Diferente es para Lombardi quien encuentra “un incentivo participativo que vincula al Estado con los sectores de la cultura y el sector privado pero que, al mismo tiempo, es complementario de las políticas públicas de la ciudad”.
Rechazar a Lopérfido se lo ve como saludable
Además de estos los reclamos por el tarifazo, también hay cuestionamientos al gobierno actual de la Ciudad de Buenos Aires en el terreno de los DDHH. Un amplio sector de artistas exige la renuncia del ministro de Cultura Darío Lopérfido por sus declaraciones negacionistas de la cantidad de desaparecidos relativizando así el genocidio de la última dictadura militar.
Al finalizar cada función cientos de compañías de teatro mediante la lectura de un comunicado se pliegan a este pedido de renuncia.
En ese sentido el director Ricardo Bartis declaró a este medio que “Tener como Ministro de Cultura a Lopérfido nos exime de cualquier comentario, un arribista, un ser mediocre retratado por sus dichos. Mientras los funcionarios de Cultura, se llenan la boca con loas al movimiento teatral de la ciudad, la realidad de sus actos nos acorrala. La Cultura, el Teatro en este caso, como la Salud, la Educación, son un bien social y es menester que el Estado tenga políticas de fomento y financiación”.
El director teatral y dramaturgo Mauricio Kartun también se refirió al fuerte rechazo de las lamentables declaraciones de Lopérfido en un texto de su autoría para la Mesa de Cultura y Derechos Humanos: “Es tan grande la distancia que esos dichos ponen entre el funcionario y la enorme mayoría del sector activo de esa población, que resulta al menos muy difícil de imaginar que el necesario sentido de nexo de su cargo pueda cumplirse, que su función funcione. (...) Que pone tal distancia entre partes que el contacto se hace improbable y el hacer común irrealizable. Solicitar la renuncia del ministro no es un acto de venganza y de mera reivindicación. Es pedir una relación necesaria y creativa, sin la cual ninguna de las partes podría crear territorio común, o sea, comunicarse”.
La Izquierda Diario también consultó sobre el tarifazo, los subsidios, y las declaraciones del ministro de Cultura, al actor y director Norman Briski quien nos hizo un planteo muy diferente sobre la situación del teatro independiente, sosteniendo que “no estamos peor o mejor que antes, la cultura con el estado o el estado con la cultura nunca fueron afines y los hacedores de la ya nombrada cultura están en la especulación de que deben ser mantenidos, o sea que bien nos vendría no utilizar los spot de las luces que a lo lejos llegan a Filadelfia. Qué oportunidad para los artistas estar en los bordes y que lejos estamos de no fascinarnos con las candelas. Por ahora rechazar a Lopérfido se lo ve como saludable.”
En lo que se refiere a la situación del actual gobierno para el director teatral Ricardo Bartis: “El ‘proyecto’ del Gobierno de Macri no innova nada: ajuste, aumento de tarifas, achicamiento del Estado, para reducción de derechos, acompañado de un discurso hipócrita de diálogo e inclusión”.
Ahora, de lo que no quedan dudas es de la situación en que se encuentra el teatro independiente y de cómo acompaña como una víctima más los ajustes del gobierno (o los gobiernos de turno). Tal vez esta condición hace que aquel actor que vive de su trabajo se sienta más cercano al espectador de clase media, trabajador o del pueblo con menos recursos y que también es golpeado por los ataques a su bolsillo. Porque muchas veces, ese actor para vivir tiene otro trabajo. Quizás por esta condición de vida, el actor y el espectador terminen hermanados, hoy como víctimas, pero nada invalida que mañana logren montar un “mejor escenario” donde los encuentren juntos en la misma lucha por un futuro mejor para el arte y la vida.