Hace unos días concluyó una masiva y potente movilización que llevaron adelante los
estudiantes secundarios de Brasil contra una reforma educacional que buscaba cerrar
cientos de colegios y precarizar aún más la educación pública. “¡Nos vamos a convertir en Chile!”, gritaron los jóvenes, aludiendo a la “revolución pingüina” que protagonizaron los secundarios chilenos.
Jueves 10 de diciembre de 2015
Semanas duró la movilización que protagonizaron cientos de jóvenes estudiantes
secundarios en el Estado de Sao Paulo, Brasil, contra una reforma educacional que estaba buscando imponer el gobierno de Dilma Rousseff. Dicha medida, del Gobierno del Estado, proponía el cierre de escuelas públicas, en un claro ataque contra la educación estatal, precaria y sin un aporte real por parte del Estado al igual que en Chile.
La ira y descontento se desataron cuando la Secretaría de Educación anunció una
reformulación de la educación estatal, donde por ejemplo se establecía el cierre de 92
centros educacionales, en un país donde la educación privada viene tomando cada vez más fuerza en desmedro de la pública. En el caso de esta última, en Brasil existen más de 5 mil centros públicos y alrededor de cuatro millones de estudiantes, y la reforma propuesta por el Gobierno establecía que más de 300 mil jóvenes serían trasladados a otras escuelas, sin importar que muchas de ellas quedaran en lugares totalmente alejados de los hogares de los estudiantes.
“¡Nos vamos a convertir en Chile!”
¿Cómo respondieron los estudiantes secundarios? Al igual que nuestros compañeros de enseñanza secundaria en Chile, los jóvenes brasileros reaccionaron a la altura de la situación. Se tomaron más de 200 escuelas, organizaron sus clases, actividades, la limpieza y el cuidado de sus colegios; cortaron calles principales de Brasil, sentándose en sus sillas de clases y manifestando su repudio ante el claro ataque contra la educación pública del país.
Los jóvenes protestaron y se manifestaron de distintas maneras, se pintaron sus caras, corearon canciones en las calles, cortaron rutas, se tomaron colegios, y también aludieron a la “revolución pingüina” del 2006 en Chile, gritando “¡nos vamos a convertir en Chile!”, comparando su movilización con la ocurrida en nuestro país hace ya nueve años. Esto último demuestra que las experiencias de lucha y organización en un país repercuten más allá de las “fronteras nacionales”; se convierten en un ejemplo de lucha, en lecciones, en caminos a seguir, donde la movilización en las calles es clave para conquistar cualquier demanda y frenar ataques de las autoridades.
El Gobierno de Brasil y la policía reaccionó con represión y violencia igual que en Chile. Desplegaron sus “fuerzas del orden”, reprimieron a cientos de jóvenes, les lanzaron gases, bombas de humo, bailes de gome, y se llevaron detenidos a decenas de secundarios. Pese a la violencia y autoritarismo, los estudiantes se mantuvieron en pie, siguieron adelante con su manifestación y lograron que el Gobernador cancelara “provisionalmente” el proyecto educacional, asegurando que este se “conversaría” en todas las escuelas. Claramente, los secundarios de Brasil deben seguir en alerta sólo confiando en sus propias fuerzas, pero, sin duda esto fue un gran triunfo para el movimiento estudiantil brasilero.
Sigamos el camino de lucha por la educación gratuita El ejemplo de los secundarios en Brasil, y su triunfo, reafirman la convicción de que sólo con lucha en las calles, organización y confianza en las fuerzas de los estudiantes se pueden conquistar demandas o, como en este caso, hacer retroceder al Gobierno. Ellos siguieron el ejemplo de los secundarios de Chile, aquí debemos “devolverles la mano” siguiendo este camino, demostrando que el movimiento estudiantil tiene mucho que decir y aportar, y que su fuerza- en alianza con los trabajadores- es capaz de conquistar la educación gratuita y de defender férreamente la educación pública.
El Gobierno en Chile busca derrotar esta demanda histórica, pretende aplastar al
movimiento estudiantil y golpear a aquellos sectores convencidos de que la gratuidad para todos se puede conquistar. Cede ante la Derecha y los empresarios de la educación, rebajando escandalosamente su propuesta de reforma (aunque siempre fue insuficiente), y subordinándose al recurso presentado por la Oposición contra la glosa de gratuidad, que fue además aceptado por el Tribunal Constitucional. La decisión de esto último será tomada el próximo 23 de diciembre, pero lo cierto es que ningún partido político tradicional pretende echar abajo la educación de mercado y conceder la gratuidad, pues sería poner fin a un millonario negocio que beneficia desde La Nueva Mayoría, la Derecha, hasta al Partido Comunista.
Esta situación hace reafirmar una vez más la necesidad de retomar la lucha por la educación gratuita, junto a los profesores y trabajadores de la educación, sin confianza en el régimen político, sólo valiéndonos de nuestras experiencias y las de estudiantes como en el caso de Brasil. Así lo plantean los estudiantes de la lista “La Madriguera” que disputa la Federación de Estudiantes del Pedagógico, los que tienen como objetivo recuperar este organismo para ganar la gratuidad, para acabar con el autoritarismo universitario, para devolverles la educación y el conocimiento a los hijos de la clase trabajadora.