Frente a unos comicios fuertemente vigilados y con alta polarización entre ambos candidatos, aunado al contexto de movilizaciones del #BlackLivesMatter, por quién va a votar la comunidad latina es una interrogante para los dos partidos del régimen estadounidense. De esta última, según estimaciones 32 millones de latinos que podrían votar y que se espera que 14 millones emitan su voto.

Óscar Fernández @OscarFdz94
Lunes 2 de noviembre de 2020 21:46
Foto de Life Matters en Pexels
El Partido Demócrata, lejos de lo que los medios de comunicación y el entretenimiento del gigante del norte han instalado en la conciencia colectiva, es en realidad lo que en otros países podría ser un partido de centro-derecha por las políticas que defiende. Sin embargo, ha logrado autoproclamarse como el paladín de los derechos de las minorías, entre ellas la comunidad LGBTI+ y los negros y latinos.
Dicha postura política viene de la inversión que ocurrió en los años 50 y 60 —si bien hubo importantes hechos en los 30 y 40 con la presidencia de Roosevelt y su New Deal— en la cual los demócratas, que anteriormente eran un partido conservador y creado por confederados y miembros del Ku Klux Klan, comenzaron a usar a su favor el movimiento de derechos civiles, mientras que los republicanos hacían lo propio con sectores blancos, veteranos de guerra, familias de clase media y de la derecha cristiana. La población latina, sin embargo, no se ajustó mecánicamente a esta situación.
Comunidad latina: entre demócratas y republicanos
Si en los territorios que pertenecían a México —Utah, Colorado, Nevada, Arizona, Nuevo México, California y Texas— la población latina, que es mayoritariamente mexicana y centroamericana, usualmente vota a los demócratas, en Florida y estados aledaños, bastiones de las comunidades cubanas y venezolana, estos sectores son base fuerte de los republicanos, en especial por su aversión a los regímenes de sus países de origen que los vieron expulsados de allí, en particular a los cubanos, los llamados “gusanos” que pertenecían a la burguesía batistiana derrocada por el castrismo.
Pero este año la elección es más complicada. El mundo fue testigo de varios procesos de movilización en América Latina: Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia y en la puerta misma del imperialismo en Puerto Rico, donde el gobernador colonial tuvo que renunciar.
Este panorama le pone trabas a Trump, ya que sus principales alfiles, Bolsonaro y Áñez, sufrieron una humillante derrota en las recientes elecciones de Bolivia, a lo que se suma el proceso constitucional chileno donde arrasó el voto por aprobar una nueva carta magna; asimismo, la negligencia de Trump por los portorriqueños le ha valido una mala percepción en esa comunidad.
#BlackLivesMatter y nuevas formas de pensar
Eso no quiere decir que entonces Biden tenga la victoria asegurada. Lejos de ello, las generaciones más jóvenes han tenido una importante recepción de ideas de izquierda, donde la palabra “socialismo” ya no es un fantasma que los republicanos puedan azuzar para que la gente no vote por sus oponentes —como ocurrió en la elección de 2008 cuando acusaban a Obama de ser socialista—, sino una categoría política con la cual muchos “millenials” y “zoomers” se identifican.
Muchos de estos jóvenes han visto en primera fila el accionar de la policía contra las manifestaciones del #BlackLivesMatter y el despliegue de la Guardia Nacional —que en Estados Unidos es un cuerpo de milicias o “mini ejércitos” que tiene cada estado— por parte de los alcaldes y gobernadores demócratas.
Esto genera un caldo de cultivo fuerte para que en realidad entre latinos haya un alto índice de abstencionismo estas elecciones; ya en 2016, frente a la elección de Hillary Clinton y Trump, el 47% de los electores latinos se rehusaron a votar porque no veían gran diferencia entre ambos candidatos, esto a pesar de la insistencia de Bernie Sanders por votar por Clinton y hoy nuevamente con Biden, con el agregado de que tiene tras de sí al famoso “Squad”, el séquito de políticas demócratas de minorías como Alexandria Ocasio Cortez y Rashida Tlaib que le hacen de segundo violín en su campaña por la victoria demócrata.
En una situación en la cual la crisis del coronavirus ha desnudado la incapacidad de la administración de Trump por contener la pandemia, la elección se ve más como una especie de voto contra el magnate que como una contienda por un nuevo presidente.
Si bien el presidente ha intentado usar la economía a su favor —con argumentos como el incremento (leve) del PIB estadounidense y las pensiones— también es cierto que dejó de darle la “green card” a los migrantes latinos a excepción de los jornaleros que trabajan en los plantíos de los estados del sur como Arizona, Texas y California, y de los cuales dependen en gran medida las compañías del agro como mano de obra ultra-barata. A esto se suma el incremento del desempleo, el cual ha golpeado con fuerza a negros y latinos, quienes además concentran la mayor cantidad de muertes derivadas por la pandemia.
Biden apenas puede contra esta oleada, ya que ha intentado aparentar ser un político moderado, alejado de las ideas radicales y de izquierda y con promesas como no prohibir el fracking y tener sanciones contra China, ante lo cual es visto como un político con ligeramente menos problemas que Trump. Los latinos en ese sentido no necesariamente lo van a votar aunque la presión es fuerte para evitar que una segunda administración de Trump deporte en masa a varios jóvenes que se encuentran estudiando en el país imperialista.
Lo que estas elecciones dejan es que ni los demócratas ni los republicanos son una opción viable para la comunidad latina. Muy distinto sería si hubiera un partido verdaderamente de izquierda, anti-imperialista, socialista y con una agenda pro-migrante y enraizado en los trabajadores, los sindicatos y el movimiento de mujeres. Pondría en la palestra que, efectivamente, el bipartidismo histórico es una farsa y que ambos partidos defienden los mismos intereses: los del capitalismo imperialista.
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Óscar Fernández
Politólogo - Universidad Iberoamericana