Esta semana se realizaron las elecciones de rectoría de la Universidad de Santiago de Chile, luego de que el anterior rector, Juan Zolezzi, decidiera no presentarse para su reelección. La segunda vuelta de las elecciones, donde disputaban el cargo el arquitecto y académico de renombre Rodrigo Vidal Rojas, nuevo rector electo para el periodo 2022-2026, contra el ingeniero civil Jorge Torres, quien fue mano derecha del anterior rector durante sus últimos periodos y su continuidad de haber sido electo.
Domingo 17 de julio de 2022

Las elecciones
En medio de un marco transicional a raíz del debate por la nueva constitución en Chile, se realizan las elecciones para ver quien será el nuevo rector de la USACH, quien deberá ocupar el cargo por 4 años, hasta las próximas elecciones y con posibilidad de ser reelecto dependiendo del marco legal que rija en ese momento.
En estas elecciones, donde Zolezzi, el hasta ahora rector por 4 periodos decidió no presentarse como candidato, se presentaron tres candidatos del cuerpo académico.
Pedro Palominos Belmar, ex prorrector (alta autoridad de la universidad) de Zolezzi hasta que estalla la corrupción de ISOLUX, la multinacional española, momento en que renuncia a tal cargo pero manteniéndose como académico. Este, además, ofrecería su apoyo a la candidatura de Rodrigo Vidal.
Jorge Torres Ortega, también cercano a Zolezzi y con experiencia en varios cargos de autoridad que se explican con esta cercanía, cualquiera sea su mérito como academico.
Los dos antes mencionados serían una continuidad de la anterior rectoría, conocida por su autoritarismo y política de amedrentamiento a estudiantes y funcionarios en movilización.
La segunda vuelta fue disputada por Jorge Torres y Rodrigo Vidal, saliendo el último victorioso con casi 60% de los votos.
Pero ¿Quién es Rodrigo Vidal? ¿Qué plantea?
Rodrigo Vidal Rojas es un arquitecto de renombre internacional, con estudios en Francia y participación en revistas de arquitectura y urbanismo de distintos países y con un especial interés en la sostenibilidad y el medio ambiente. Lleva varios años haciendo clases en la carrera de arquitectura y no es primera vez que se presenta como candidato a rector de la universidad, enfrentándose en 2018 a Zolezzi y siendo derrotado por alrededor de 40 votos de diferencia.
El nuevo rector denuncia diversas problemáticas de la universidad que, de forma indirecta, adjudica a la administración de Zolezzi y a las imposiciones autoritarias heredadas de la dictadura que aún rigen a la universidad. Busca distanciarse del autoritarismo característico del mandato de Zolezzi con sus políticas de amedrentamiento y decisiones a puertas cerradas.
Plantea como mínimo el voto universal del estamento académico que hasta ahora, no incluye a aquellos docentes que trabajan por hora. Propone mayor autonomía de unidades académicas, trabajo interdisciplinar y participación activa para este estamento y en menor medida (o al menos no explícitamente) de los demás estamentos.
En su programa también propone la automatización digital de los procesos administrativos burocráticos, en busca de la desburocratización de la universidad, para facilitar los trámites administrativos que son conocidos en la universidad por su ineficiencia y tardanza.
Rodrigo se reivindica de centroizquierda, propone en su programa avanzar hacia la estabilidad laboral para los funcionarios académicos y no académicos e incluso la posibilidad de acceder a servicios como salud mental dentro de la universidad para los mismos, propone disminuir la carga laboral y promover el acceso al conocimiento a través de distintos mecanismos e instituciones colegiadas para el conjunto de la comunidad (los tres estamentos y la sociedad Chilena y la comuna de Estación Central.
El representa al sector más progresista del estamento docente y plantea impulsar reformas estructurales en el marco del proceso constituyente y de conformación del estatuto orgánico de la universidad que lleva AÑOS congelado, aunque a pesar de eso Zolezzi lo plantea como una de sus grandes victorias.
Si bien no lo hace de forma tan directa, Rodrigo se pliega al programa del gobierno de Boric y al proceso constituyente, sin cuestionar los límites que ambos dan a sus propios objetivos y proyectos hacia la universidad, que en su programa están bien expuestos.
De por sí el marco progresivo tanto de rectoría como del estatuto orgánico y del proceso constituyente se plantea posible y se promueve (en el discurso) la participación de los distintos estamentos, con cargos en consejerías que permiten a estos tener autoridades electas, con voz y voto, pero hace especial énfasis en los docentes, a quienes buscará otorgar mayor autonomía y financiamiento a través de las unidades de docencia.
También está dentro de sus perspectivas el trabajo investigativo y multidisciplinar de pre y posgrado, en su proyecto universidad plantea desarrollar una ciudad universitaria como vanguardia del conocimiento y “laboratorio vivo”.
Límites y desafíos, por una universidad al servicio de la clase trabajadora y el pueblo
El problema de todo esto es que si bien suena bonito y busca plantear una universidad al servicio del país, del desarrollo del conocimiento, la visión crítica y la sostenibilidad, que busca incidir en la sociedad chilena y el academicismo internacional, no toma siquiera aspectos mínimos de las experiencias de movilización estudiantil y de funcionarios que han llevado adelante victorias y cambios en los ambientes laborales y académicos de estudio que el mismo se plantea actualizar y que incluso han ido más allá con la revolución pingüina y la revuelta estudiantil de 2011.
El nuevo rector puede decirse ser lo más democrático y progresivo del mundo, pero reniega de los métodos de democracia directa desarrollados en la misma universidad por el movimiento estudiantil, tal cual hace el gobierno (si, el gobierno “salido” del movimiento estudiantil), puede decirse lo más democrático, pero limita demasiado su enfoque hacia el estamento docente, eliminando jerarquías en su interior pero que son quienes eligen la rectoría cada periodo y que se mantienen en una alta jerarquía dentro de la universidad respecto a otros estamentos.
Se dice democrático pero no plantea organismos de deliberación para los funcionarios no académicos y estudiantes, a quienes toda su participación se verá recluida a las consejerías, con dos cargos electos por cada uno de estos 2 estamentos, una vez se promulgue el estatuto orgánico que a propósito, no hay claridad del estado de su tramitación legal.
La visión del rector puede ser muy progresiva y, si bien su forma de ver cómo debería ser la universidad parece ser muy correcta en varios aspectos, sigue siendo más de lo mismo al estar enmarcada en un sistema que, con un gobierno que va cada vez más a derecha y aún en un periodo transicional con el proceso constituyente, mantendrá las lógicas de mercado en sectores estratégicos como la educación y que mantiene pilares del modelo neoliberal. Ante este desafío será muy difícil poder aplicar su perspectiva y menos sin fortalecer la organización con los métodos del movimiento estudiantil y el movimiento obrero dentro de la propia comunidad universitaria.
El principal desafío no es la descentralización o la desburocratización de la universidad en abstracto como es planteado, sino que se trata de superar las barreras impuestas por un sistema caduco que busca sostenerse en todos los medios posibles.
Pareciera ser que nadie se plantea la democracia universitaria como un cogobierno triestamental, que pueda tomar los métodos distintivos del movimiento estudiantil y obrero que han llevado adelante políticas y cuestionamiento profundos no solo hacia la estructuración de la misma universidad de Santiago, sino que a la educación de mercado que prima en Chile e incluso al modelo capitalista en su forma neoliberal.