El fin de un ciclo sexenal se acerca vertiginosamente. No es un sexenio más. Es el sexenio del regreso del PRI luego del infame interregno panista. El sexenio de las reformas estructurales, de los cientos de miles marchando por Ayotzinapa, y de la bronca a flor de piel por los muertos y los desaparecidos. De la llegada de Trump y las nubes de tormenta sobre el TLCAN. Un sexenio que culmina con un gobierno erosionado y un presidente en el piso de su popularidad.

Pablo Oprinari Ciudad de México / @POprinari
Sábado 30 de junio de 2018
Las encuestas ponen a Andrés Manuel Lopez Obrador (AMLO) a una distancia al parecer inalcanzable, y vaticinan una caída electoral de los hasta ayer principales partidos del régimen político.
Pero estamos en México, y nadie podría descartar un fraude. En ese caso, habría que ver si el objetivo es la presidencia, o acortar la distancia para evitar el “carro completo” de Morena. Son además las elecciones más cruentas de la historia contemporánea en el país, y la jornada del domingo puede estar cruzada por nuevos capítulos de violencia electoral.
Lo que parece cierto es que el lunes 2 de Julio se mostrará un cambio político de proporciones. Si se pretende alterar drásticamente lo que las encuestas y el sentir de la calle indica, podría irrumpir un nuevo movimiento antifraude -igual o mayor que el del 2006-, y se profundizará la brecha que separa a las grandes mayorías respecto a las instituciones y partidos “tradicionales”.
Si se confirma el triunfo de AMLO, comenzará una transición que, a partir del 1 de diciembre, tendrá al tabasqueño en la silla presidencial. A favor de eso no solo están las encuestas que denotan el amplio apoyo popular cosechado por Morena o los costos políticos que tendría un fraude. También están los encuentros del candidato con los grandes magnates del país, para garantizar la estabilidad de sus inversiones y sus negocios.
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Nuevo gobierno, grandes expectativas
En su cierre de campaña en el Estadio Azteca de la Ciudad de México, ante 100,000 personas, López Obrador paso lista a sus principales promesas de campaña.
Más allá de la retórica progresista del candidato, destacó -entre otras- la reducción de salarios para los altos funcionarios, el combate a la corrupción, la supresión del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) y la cancelación de la reforma educativa. En un contexto cruzado por largos años de gobiernos panistas y priistas, generan entusiasmo en los millones que este domingo lo votarán, y que lo consideran una alternativa a los representantes de un régimen odiado.
El discurso de López Obrador descansa, en gran medida, en desterrar la corrupción, planteando incluso que la misma es base de la desigualdad, lo cual ya abrió polémica. Y en prometer el desplazamiento de recursos a programas sociales, en favor de la población.
Sin embargo, el panorama económico y la relación con Estados Unidos, el principal socio comercial de México, abre más interrogantes que certezas, en especial a partir de la llegada de Donald Trump.
Los márgenes de López Obrador y el contexto internacional son claramente distintos a las experiencias posneoliberales previas en América Latina durante la década pasada, que gozaron de un ciclo ascendente de las materias primas.
Esto antes de que el agotamiento del mismo y la crisis económica internacional empujase a esos gobiernos “progresistas” -que nunca pusieron en cuestión la dominación imperialista ni la propiedad capitalista- a implementar el ajuste contra el movimiento de masas, que en varios países luego será profundizado por la derecha.
Más allá de las ilusiones que genera, AMLO no pondrá en cuestión las ganancias patronales -tal como se lo aseguró al Consejo Coordinador Empresarial-, ni mucho menos la dominación de las trasnacionales y el saqueo de los recursos naturales, sobre las que se asientan las condiciones de explotación y opresión que padecen millones en el país.
En ese marco, un eventual gobierno de Morena llegará con muchas expectativas entre los trabajadores y el pueblo. Estos sentirán que con su voto lograron desplazar a los responsables de los atropellos, los bajos salarios y la miseria.
No hay que olvidar que AMLO capitaliza la politización y la ruptura política con los partidos tradicionales, y que en los últimos años amplios sectores protagonizaron luchas y movilizaciones. Los ritmos con que las aspiraciones de cambio de las masas comiencen a chocar con el programa de gobierno de López Obrador y su defensa del orden establecido, estarán por verse.
Nuevos desafíos aparecen para la izquierda socialista y revolucionaria en los tiempos que se avecinan. En los combates que vendrán, será fundamental levantar las banderas de la independencia de clase respecto a los partidos patronales y el nuevo gobierno, sin la cual no se puede pelear consecuentemente por defender y conquistar las reivindicaciones obreras y populares.
Así también, desplegar con decisión la lucha contra el gobierno de Trump y la opresión imperialista sobre el país, buscando la unidad con la clase obrera estadounidense y con los millones de migrantes. Y bajo esa perspectiva, poner en pie con energía y decisión una verdadera alternativa política de los explotados y oprimidos.
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Pablo Oprinari
Sociólogo y latinoamericanista (UNAM), coordinador de México en Llamas. Interpretaciones marxistas de la revolución y coautor de Juventud en las calles. Coordinador de Ideas de Izquierda México, columnista en La Izquierda Diario Mx e integrante del Movimiento de las y los Trabajadores Socialistas.