Del 11 al 15 de septiembre se desarrollarán las elecciones en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. El actual oficialismo se dividió, presentando dos candidatos (Glenn Postolski y Carolina Mera) cuyas disputas parecen más ligadas a espacios de poder en la Facultad, que a propuestas diferenciadas. La lista Izquierda en Sociales postula a Eduardo Grüner como candidato a Decano y levanta un programa de democratización radical para combatir la política de transformar a la Universidad de Buenos Aires en coto de caza de camarillas peronistas y radicales. La agrupación Docentes e Investigadores de Izquierda en La Marrón, que participa de la lista, llama a votar a este espacio.
Lunes 4 de septiembre de 2017
Un programa para la facultad y las carreras
Las elecciones convocadas en toda la UBA se dan en el cuadro de una brutal ofensiva por parte del Gobierno de Cambiemos que pretende imponer una reorganización social de acuerdo a los dictados del capital financiero. La cara represiva de esa ofensiva tiene nombre y apellido: Santiago Maldonado desaparecido durante el operativo de Gendarmería contra la comunidad mapuche de Chubut. Como se había mostrado en el violento desalojo de la fábrica PepsiCo, cuyas obreras y obreros resisten hoy en la emblemática carpa en el Congreso, y previamente en el operativo que con cientos de efectivos con armas de fuego desalojó AGR Clarín, cuyos trabajadores mantuvieron la planta ocupada por 82 días, durante los cuales sufrieron un espionaje desembozado y un intento de desalojo sin orden judicial. Los planes del macrismo implican cada vez mayor criminalización y represión a la protesta social. Para después de las elecciones, se anuncia su profundización: reforma laboral para profundizar las condiciones de flexibilización en las que se encuentran los trabajadores y convertir en papel los convenios colectivos, reforma previsional para extender los años de jubilación y reforma impositiva para seguir descargando el peso de la crisis sobre los trabajadores y el pueblo. Tal política avanza con el aval de la amplia coalición de los gobernadores y de una “oposición” parlamentaria que incluye al FPV y al PJ y que ha acompañado las leyes basales (en particular, el pago a los fondos buitre, una centena de leyes en la misma orientación y la profundización de un endeudamiento que lleva a nuestro país a un nuevo desastre).
La universidad no escapa a este cuadro. A la persistencia de la precariedad laboral, los salarios por debajo de la canasta familiar y el sostenimiento de la Ley de Educación Superior, que ha sido política de Estado desde el menemato, se suma ahora el Plan Maestro y Sistema de Reconocimiento Académico de Educación Superior (ya firmado por 60 universidades nacionales, privadas y públicas) que van en la línea de una mayor profundización de dos procesos correlativos: la precarización de las condiciones de trabajo de los docentes y la progresiva mercantilización de los estudios superiores que retoma la letra y el espíritu del Proceso de Bolonia. Otra manifestación de este proceso: las políticas de ajuste contra el sistema científico y tecnológico que no solo se ha expresado en la restricción de los espacios de investigación en la universidad sino, ahora más claramente, en una reducción de los ingresos a carrera de investigación y becarios y en una política que subordina –con Barañao a la cabeza– la dependencia con las grandes corporaciones.
Algunos de los candidatos de La Izquierda en Sociales en la masiva marcha por la aparición con vida de Santiago Maldonado, el 1/9.
En todos los casos, estas políticas han encontrado y encuentran una enorme resistencia del movimiento estudiantil y docente. Los que integramos esta lista hemos sido protagonistas, durante todos estos años, de tales luchas: en defensa del salario y por el Convenio Colectivo (con carrera docente y estabilidad laboral), por la triplicación del presupuesto educativo y universitario, contra los despidos de becarixs e investigadores del Conicet y en defensa del sistema científico nacional, por la derogación de la LES y de toda la legislación antieducativa. En contra del Sistema de Trayectorias Académicas que degrada la educación pública. Defendiendo la autonomía universitaria de toda injerencia gubernamental. Por la autonomía de las cátedras frente al decanato y las direcciones de carrera y por la libertad de cátedra de todos los docentes frente a curso. Y por la democratización de la Universidad.
Desde estas consideraciones preliminares, proponemos el siguiente documento como base programática.
FSOC: ¿Y por casa, como andamos?
La vuelta de la democracia y su contraste con la dictadura puso como máxima expectativa democrática el cogobierno universitario tal como se había congelado en la década del setenta. Ni la nueva masividad ni las renovadas condiciones del funcionamiento institucional apremiaron las conciencias reformistas como para interpelar viejos estatutos y nueva inercias colegiadas y claustrales que, a medida que pasaba el tiempo, eran menos reformistas y mucho menos democráticas. Por eso, no fue casual que, sobre todo a la salida de la crisis del 2001 y después de haber sorteado numerosos intentos de reforma universitaria todavía más regresiva (incluidos muchos aspectos de la Ley de educación superior hoy todavía vigente y en el caso de nuestra Facultad, los intentos de departamentalización), apareció un “nuevo espíritu reformista” bastante compartido desde 2002 y rápidamente abandonado. Cajoneados por la derecha universitaria, desalentados por el progresismo, los intentos de reformar la representatividad en los estatutos y darle carácter legal y decisorio a los órganos con mayor y mejor representación democrática siguen durmiendo el sueño de los justos. Ya han pasado varios rectorados y decanatos en coalición como para esgrimir la cuestión de la táctica, de la negociación o de la oportunidad.
Es poco creíble aquello que nos dicen: “todos estamos de acuerdo en que hay que reformar”, pero no hacen nada en ese sentido. Tampoco hay década ganada en la democratización universitaria y los pocos logros fueron arrancados, como sucede casi siempre, por movilizaciones que, en su momento, fueron no solo estigmatizadas sino también desalentadas por los mismos sectores políticos que hoy conducen la vida universitaria. Ni qué decir de la ponderación, ya no aritmética sino política, que en todos estos años tuvo el voto popular en las carreras, en las sucesivas elecciones la referencia no se tuvo en cuenta ni siquiera en los casos en los que la mayoría de los votos se concentró en un candidato distinto del que resultó ganador, cuestión que no generó siquiera la apertura de canales de diálogo y el reconocimiento de la necesidad de cambio manifestada por la voluntad de los claustros. Hay que decir que no hay ninguna restricción para que las Juntas de Carrera apliquen en esta misma elección el principio de una persona-un voto, desde La Izquierda de Sociales exigimos a los demás espacios un compromiso público en este sentido.
No actuaron a la altura de las circunstancias…
La actual conducción político-académica de la Facultad de Ciencias Sociales en la UBA –dividida hoy en dos oficialismos– practica un ejecutivismo inscripto, voluntaria o involuntariamente en esta tendencia de tierra arrasada que las hegemonías, muchas veces discutibles o francamente ilegítimas, producen en la política nacional. Se olvida en este sentido que, por las características de la vida universitaria, su tipo de gobierno, el voto calificado, el desconocimiento de la representación de los no docentes y de buena parte de sus docentes, los consensos formales de las elecciones de claustros no reflejan ajustadamente el clima político de la comunidad universitaria. En realidad son las Juntas de Carrera con representación igualitaria y voto universal los espacios menos antidemocráticos de la Facultad. Y frente a esta realidad, el gobierno de la Facultad en lugar de articular las políticas con estos organismos no solo acentúa su carácter estatutario de órgano consultor sino que, mucho más grave, estimula políticas contrarias a las propias mayorías que actúan en cada carrera.
En una Facultad en donde se estudia Ciencia Política estamos por detrás del mínimo derecho democrático de ¨una persona un voto¨, sustituido por las negociaciones y acuerdos de camarillas; en una Facultad donde se estudia Trabajo Social y se habla de los derechos, se reproducen prácticas clientelares; en una Facultad en donde se imparte una formación en Comunicación no se instruye a las Juntas y a los diferentes claustros de la información necesaria para una intervención consciente en el destino universitario y se acostumbra a entregar en bandeja, ‘”hechos consumados”; en un ámbito en donde existe una carrera de Relaciones de trabajo se fomenta el trabajo precarizado, las jubilaciones compulsivas y no se modifica la situación de cientos de docentes ad honorem. Finalmente, nos preguntamos, si en una Facultad en donde se estudia Sociología, como en otras instituciones, no se estará formando una nueva “casta”, los gestores universitarios, que ya no necesitarán del deliberalismo democrático y, quizás, en futuro cercano, de los consensos electorales para mantener la hegemonía. Reforma universitaria retrógrada y arancel mediante.
En todos estos años se fue creando una antinomia entre la movilización y las formas que adopta y el funcionamiento reproductivo e inercial de los órganos del cogobierno universitario. Con la serenidad de los balances invitamos a la “comunidad” de la Facultad a reflexionar acerca de en qué contexto se dieron los mayores logros durante estos treinta años. Recordemos que la carrera de Comunicación de nuestra Facultad estuvo paralizada durante tres meses en 1996 hasta conseguir un nuevo edificio en Parque Centenario; refresquemos la memoria de las multitudinarias manifestaciones contra el ajuste que la Alianza intentó hacer sobre la educación universitaria; no olvidemos que, bajo el influjo de las movilizaciones de 2001, el movimiento estudiantil impuso un Director de Carrera de Sociología elegido en forma directa y sin ponderación (una persona, un voto) y, bajo esta presión, se logró la reforma que instaló en voto directo (pero ponderado) en las carreras de la Facultad; recordemos que la toma tanto del rectorado en 2002 como de la Facultad en 2010 dejó una huella profunda como para conseguir un nuevo edificio y una nueva partida, respectivamente. Fue necesario un paro gremial docente de casi dos meses en 2005 para que por primera vez se llegara a un salario totalmente en blanco. Aspecto que también implicaría integrarlo como ítem en la “cuestión democrática”. Podríamos comparar estas medidas “maximalistas” para algunos, “contundentes” para otros, con la agónica construcción del edificio único que avanza con la lentitud de las promesas de los lobbys en el rectorado o ante el mejor o peor humor de las negociaciones políticas.
Eduardo Grüner, candidato a Decano de la Facultad de Ciencias Sociales por la lista La Izquierda en Sociales.
¿No será necesaria una movilización “maximalista” o “contundente” para poner fin al maltrato rectoral hacia la Facultad de Ciencias Sociales, abandonando la catarsis y el lamento de incomprendidos o traicionados? ¿No debemos sincerar nuestras reales posiciones en relación con la democratización universitaria? ¿Estamos dispuestos a poner todas nuestras fuerzas para una reforma democrática y participativa o la Facultad se va adaptando a las políticas y cabildeos del barbierismo rigurosamente custodiado por sus aliados que siempre cambian a tiempo? ¿Por qué no podemos plantear la elección directa del Decano, organizar un debate público entre los candidatos propuestos, e ir por una verdadera democratización de la Universidad de Buenos Aires?
El músculo de la democracia, del debate y la movilización si no se ejercita, se va adormeciendo, se naturalizan los resortes burocráticos y prevalece la gestión por sí misma a través de elencos rotativos.
Escenarios después de las batallas por venir
Este proceso de despolitización, burocratismo y mera administración de la crisis presupuestaria, edilicia y laboral se traduce en el carácter de la propia campaña electoral de los oficialismos divididos más por cuestiones secundarias que por la claridad de proyectos enfrentados. No hay plebeyos y patricios académicos, las cuestiones no se definen por el carácter de las personas, sino por la disposición política de enfrentar los intereses, de antes y de ahora, que obstaculizan una reforma profundamente democrática del funcionamiento de la Universidad y de nuestra Facultad. No hay traidores y leales, existe un sistema de gobierno universitario, una red de alianzas políticas, una forma de gestión clientelar y una serie de beneficios objetivos que resulta la verdadera causa de la actual situación. Ambos oficialismos, en las declaraciones conocidas, en lugar de hacer un balance de sus deudas políticas y de “gestión”, divagan sobre futuras realizaciones que son generalizaciones llenas de buenas intenciones pero que, en los hechos efectivos, no tienen ningún antecedente que represente una coherente expectativa.
Ambos oficialismos, tan críticos de los medios hegemónicos, no estuvieron en los 80 días de la toma de AGR-Clarín; ambos oficialismos, tan preocupados por la ofensiva del ajuste macrista sobre el mundo del trabajo, no se expidieron acerca de las responsabilidades de la gestión vitalicia de Tomada durante doce años y uno de ellos, todavía lo muestra en actos conjuntos con un represor de trabajadores como Berni... Mientras el otro integra al mentor de la reforma política proscriptiva de las PASO, como Abal Medina.
Ambos oficialismos, en lugar de plantear a la Facultad de Ciencias Sociales como la avanzada dentro de la UBA para encabezar un proceso de movilización sociopolítica que logre revertir la situación de pauperización universitaria, utilizan a la Facultad como una intendencia o una gobernación que dirime sus problemas negociando con la interna del Rectorado…
Ambos oficialismos no se van a comprometer en movilizar a la Facultad hasta alcanzar definitivamente el edificio único, el jardín materno - parental, la aplicación de Convenio Colectivo de trabajo docente, los salarios para los ad honorem, la estabilidad laboral…sino que evaluarán los humores del Consejo Superior, los cabildeos de los miércoles en el Rectorado para luego victimizarse melancólicamente acerca de lo que no se consiguió….
Por eso, más que proyectos, predominan los cruces injuriosos, las operaciones virtuales, la disputa por las oficinas o carreras leales o traidoras… Macristas, randazzistas, evitistas, radicales K, radicalesM, sciolistas, cristinistas…etc., etc...
Girar a la izquierda y que choquen ellos
Por eso nos decidimos a dar nuevamente la batalla por una revisión a fondo de las condiciones existentes y una gran discusión que ponga sobre el tapete un nuevo proyecto para la UBA. Un proyecto que implique:
A) Una transformación a fondo de los actuales estatutos restrictivos, tendiente a democratizar los órganos de gobierno, incluyendo la creación del Claustro Único Docente con ciudadanía plena para todos sus miembros, la discusión sobre el carácter del claustro de graduados, la mayoría estudiantil, el otorgamiento de voz y voto para la representación “no-docente” y la elección directa del Decano. Considerar, de la misma manera, que el presupuesto universitario y el desglose de sus rubros no resulta simplemente una cuestión aritmética sino que refleja su estado institucional, sus objetivos, aquello que privilegia o menosprecia, el carácter del gobierno universitario en sus formas expresa y determina la forma de reproducir una hegemonía que actualmente es un obstáculo para la construcción de una universidad científica, pública, ligada a los problemas sociales contemporáneos y a las luchas de los trabajadores y el pueblo por transformar la sociedad.
B) Salario para todos los docentes mal llamados ad honorem, sobre quienes recae gran parte del funcionamiento cotidiano de la docencia universitaria. Es necesario terminar también con las situaciones de subrogancia, en la que se encuentran muchos docentes, cobrando por un cargo menor al que realmente desempeñan.
C) La plena estabilidad laboral, lo cual implica la creación de la carrera docente y la aplicación del Convenio Colectivo de Trabajo (CCT) común a todas las universidades nacionales, así como la regularización total de todos los concursos pendientes, mediante la aplicación inmediata del artículo 73 del CCT que señala “la incorporación a carrera docente de los docentes que revistan como interinos, y que a la firma del presente convenio tengan cinco años o más de antigüedad en tal condición, en vacantes definitivas de la planta estable”.
Esa es la verdadera ciudadanía universitaria, hoy menoscabada por la precarización, flexibilización y ajuste presupuestario que va de la persistencia de miles de docentes en calidad de ad honorem a las cesantías de los que llegan a una determinada edad, en manifiesto incumplimiento de la ley.
D) La organización contra la violencia de género y respeto a la diversidad sexual.
Nuestra Facultad no está ajena a las distintas formas de violencia de género. Los casos de violencia machista denunciados por estudiantes tanto dentro del edificio como en las inmediaciones de la sede hacen que este sea un problema urgente, que no se resuelve con pronunciamientos generales. La reciente formación del Grupo Interdisciplinario “No a la violencia de género” que se propone varias líneas de acción, se reduce, en los hechos, a una casilla de mail debido a que se ha designado presupuesto 0 (cero). Parece, más bien, un saludo para la campaña del decanato... Es necesario implementar ya un verdadero Protocolo contra la violencia de género con partida presupuestaria acorde y con la participación de docentes, no docentes y estudiantes, y lograr la licencia por violencia de género. Necesitamos conquistar una igualdad real entre géneros. En este sentido, reclamamos la aplicación inmediata del Convenio Colectivo de Trabajo que establece las licencias por maternidad y post maternidad, sumando 6 meses entre ambas y proponemos la extensión de las licencias por maternidad y paternidad (o para la madre no gestante) con suplencias pagas y la construcción de un jardín materno-paternal para los/as hijo/as de los docentes, no docentes y estudiantes de la facultad.
En definitiva, lo que estamos proponiendo es el puntapié inicial para una Segunda Reforma Universitaria, la del Centenario. Ese programa debe incluir, como decíamos, un nuevo estatuto universitario que garantice una real representación política de los claustros.
Por todo lo expuesto, un programa para una Nueva Reforma de la Universidad de Buenos Aires independiente de los capitalistas y el Estado y ligada a los problemas sociales contemporáneos y las luchas de los trabajadores y el pueblo. Que a 100 años de la Reforma continúe la tradición de las federaciones de Córdoba y Santa Fe que en su momento se unieron con la clase obrera en la lucha decretando la huelga general universitaria.
Llevar adelante todas estas iniciativas se ubica lógica y naturalmente en la izquierda y es la izquierda, por actualidad y futuro, la fuerza que lo puede garantizar. Revísense las declaraciones y propuestas (muy escasas, a decir verdad) de los dos oficialismos para las próximas elecciones, y se podrá observar la sintomática ausencia de la inmensa mayoría de las cuestiones que aquí estamos planteando. Hay que insistir, pues:
Solo una profunda nueva reforma universitaria puede hoy rescatar a la UBA y, en consecuencia, a la propia Facultad de Ciencias Sociales.