Se han cumplido 40 años desde la muerte de Franco y el actual régimen heredero del franquismo atraviesa una crisis de dimensiones históricas. La llamada Transición democrática aún se presenta entre algunos historiadores y políticos como un “modélica”, pero no fue más que la estrategia del capital para preservar sus intereses.

Carlos Muro @muro_87
Miércoles 25 de noviembre de 2015
Aquellos empresarios y banqueros que amasaron fortunas al lado de Franco, lo siguieron haciendo “democracia”. Una democracia a medida de las grandes fortunas. Esos empresarios siguen siendo hoy los dueños de España, y tienen nombre y apellidos.
Lluc Salellas, politólogo y periodista, investiga en un interesante trabajo titulado “El franquismo que no marcha”, como las grandes fortunas y ministros franquistas encontraron “cobijo” en la democracia a través de las consejos de administración de grandes empresas.
“Investigué las vidas de los últimos 50 ministros de Franco y encontré que ninguno fue degradado por la democracia. Al revés, la mitad fueron a parar a los consejos de administración de las grandes empresas, la otra mitad a la política”, afirma Salellas. El modelo de la transición supuso, en última instancia, una “gran puerta giratoria” para la reconversión en “demócratas” de grandes empresarios y ministros. A la mayoría se le permitió acceder a consejos de administración en empresas como Endesa, La Caixa, Telefónica o Iberdrola.
La historia de los grandes empresarios franquistas, es la historia no contada por los grandes medios de comunicación oficiales o por aquellos historiadores que justifican de una u otra manera el “relato democrático”. A lo largo de su libro, Salellas narra con detalle la historia de empresarios y ministros franquistas que obtuvieron su fortuna al amparo del régimen. De allí lo interesante de su aporte.
Antonio Barrera de Irima fue nombrado consejero de Telefónica, del banco Hispano Hipotecario e Hispamer. Pero este personaje había sido vicepresidente primero del Gobierno franquista que asesinó a Salvador Puig Antich.
En Vitoria del ’76 cinco trabajadores fueron asesinados en uno de los conflictos más importantes del fin del franquismo. Su ministro de gobernación era Rodolfo Martín Villa. Posteriormente, reconvertido en un buen demócrata, fue consejero de Endesa y más tarde de Sogecable.
Demetrio Carceller, falangista y ministro de Franco, fundó nada menos que el imperio Estrella Damm. La familia Urquijo se dedicó fundamentalmente a la banca hasta nuestros días, uno de los hermanos era ministro de Franco y el otro presidente de Iberdrola.
José Vilarasau Salat fue miembro del Ministerio de Hacienda de Franco y partícipe de las reformas económicas del franquismo. En 1966 fue nombrado director general de Telefónica y posteriormente se hizo cargo de La Caixa, más tarde nombrado presidente de honor.
Aunque una de las historias más escandalosas es la de Juan March, del banco March, conocido por hacerse cargo del avión que trasladó a Franco a la península ibérica el 18 de julio de 1936.
“Lo decía Félix Millet. Somos 400 familias y siempre somos los mismos”. Con este apunte, Salellas refleja que la transición española lejos de suponer una ruptura respecto al franquismo fue todo lo contrario. Expresó la continuidad de las clases capitalistas que buscaron en la “democracia” la mejor manera de desviar la posibilidad de un nuevo ascenso revolucionario en el Estado español, y a la vez, mantener –y acrecentar- sus ganancias.
La continuidad en el mundo empresarial también se expresó en otras instituciones del régimen, como en el Tribunal de Orden Público (TOP). Diez de los dieciséis jueces que pertenecieron al TOP, ascendieron al Tribunal Supremo y a la Audiencia Nacional durante la democracia. Es que el nuevo régimen nacido en 1978, también necesitó de jueces “experimentados” para reprimir cualquier atisbo de rebelión de la clase trabajadora contra el nuevo contubernio.
La actual crisis el régimen del ’78, que desde la derecha y la “izquierda” pretenden conjurar con salidas regeneracionistas burguesas, plantea el desafío de levantar una alternativa política anticapitalista y revolucionaria de los trabajadores y la juventud que cuestione los grandes intereses del capital, los herederos directo del franquismo.

Carlos Muro
Nació en la Zaragoza en 1987. Es estudiante de Historia en la UNIZAR. Escribe en Izquierda Diario y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.