Con una declaración en la que exhortan a la Organización de Naciones Unidas a tomar acciones para evitar el progresivo avance de la crisis en Venezuela, concluyó en la tarde de este 15 de abril la reunión del Grupo de Lima reunido en Santiago de Chile.
Miércoles 17 de abril de 2019
El grupo ratificó su respaldo al líder opositor venezolano, Juan Guaidó, y ha pedido una salida “negociada” al conflicto político y social que enfrenta Venezuela, haciendo un llamado a la Organización para los Estados Americanos (OEA).
El documento incluye 17 puntos con los acuerdos más importantes de la cita, en la que participaron representantes diplomáticos de 11 países, entre los que se encontraba un representante del golpista Guaidó.
En la misma línea, en el marco de la 49° Asamblea General de la OEA, a celebrarse en la ciudad colombiana de Medellín, se solicitarán que "se aborde de manera integral la situación por la que atraviesa la República Bolivariana de Venezuela y que se adopte las medidas previstas en el Sistema Interamericano".
Las medidas del Grupo Lima son un salto en el intervencionismo en Venezuela, forzando una “transición” a la medida de la derecha golpista de Guaidó y los intereses del imperialismo norteamericano.
Pero esta retórica no ha estado exenta de contradicciones. Hasta el momento es rechazada una intervención militar abierta, pero Piñera fue muy claro en declarar cerrada cualquier posibilidad de diálogo y llamó a tomar medidas de bloqueo económico, diplomático y político de mantenerse Maduro en el poder.
La política de “cambio de régimen” no es nueva, el imperialismo la ha utilizado históricamente. Una operación instrumentalizada a través de la USAID (en español, Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional), una organización que siempre participó en las operaciones de la CIA de cambio de régimen.
Por otro lado, Estados Unidos amenaza con la invasión militar, pero no cuenta con la relación de fuerzas internas ni el “consenso” externo para invadir Venezuela, sus aliados más serviles como Duque en Colombia o el ultraderechista Bolsonaro en Brasil tampoco parecen estar dispuestos a hacer la tarea militar sucia, y corren el riesgo de desatar una amplia respuesta de las masas en sus propios países.
Este es un acto de injerencia sin precedentes, que no solo pisotea la soberanía nacional, sino que agrava las condiciones de vida del pueblo venezolano. Se trata de un salto en la injerencia imperialista en la región que no se veía desde la invasión a Panamá y el derrocamiento de Noriega en 1990, en nombre de la “lucha contra el narcotráfico” con la “Operación Justa Causa”. De triunfar el imperialismo y la derecha en Venezuela, los gobiernos de la región estarán más fuertes para aplicar los planes del FMI o implementar las reformas laborales y previsionales en beneficio de los capitalistas. Además, implicaría una mayor sumisión semicolonial de la región.
La política de Trump es recuperar el terreno perdido por los EE.UU. en la década pasada y alinear a América Latina como su “patio trasero” tras los intereses norteamericanos, entre los que se encuentra la disputa con China y Rusia que buscan hacer sus propios negocios.
Piñera se ubica a la vanguardia de esta cruzada intervencionista. Es urgente hacerle frente rechazando las reaccionarias medidas del Grupo de Lima y la política golpista de EE.UU.
La crisis en Venezuela solo puede encontrar solución de parte de los trabajadores y sectores populares con un plan económico de emergencia que rompa con los capitalistas, en diferenciación con la política impulsada por el chavismo que llevó al pueblo trabajador a esta encerrona marcando una crisis sin precedentes.

Alejandra Valderrama
Redacción La Izquierda Diario Chile. Valparaíso, Chile