Se dio a conocer que 150 migrantes que estaban hacinados en la caja de un tráiler fueron “rescatados” en Zacatecas por las autoridades. Para los migrantes, cruzar México es atravesar el infierno. A los que logran cruzar, les esperan condiciones de trabajo esclavas.

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3
Jueves 1ro de octubre de 2015
Distintos medios informaron que en el municipio de Villa Cos, estado de Zacatecas, las autoridades mexicanas detectaron que en la caja del tráiler había 110 personas de origen guatemalteco, 27 salvadoreños, 10 hondureños, dos de República Dominicana y un ecuatoriano, 125 de ellos son adultos, y los otros 25, menores de edad.
Tenían síntomas de deshidratación y no habían ingerido alimentos desde el inicio del viaje, en Puebla, hacía 14 horas. Los migrantes denunciaron que quienes conducían el tráiler les cobraron entre 30 mil y 50 mil pesos mexicanos –entre 1,760 y 3,000 dólares– para llevarlos hasta la frontera con Estados Unidos. Eran mexicanos quienes trasladaban a los migrantes.
En estos casos, el procedimiento que lleva a cabo el Instituto Nacional de Migración (INM) es deportarlos a sus países de origen. Esta vez, según los medios, permitieron a los migrantes intentar comunicarse con sus familias.
Peña Nieto, “jefe deportador”
Tras la crisis migratoria con la llegada masiva de menores no acompañados a Estados Unidos en 2014, Obama dio la orden de que el gobierno mexicano impidiera la afluencia de migrantes hacia el gigante del norte.
El resultado: a partir de julio de 2015, la implementación del Plan Frontera Sur, una verdadera trampa mortal para las decenas de miles de personas que intentan atravesar México para llegar a Estados Unidos en busca de una vida mejor.
Entre octubre de 2014 y junio de este año el Instituto Nacional de Migración deportó a casi 100,000 personas, mientras la Patrulla Fronteriza deportó a más de 73,000 migrantes centroamericanos.
A esto se suma la militarización de la frontera sur mexicana, financiada por la Iniciativa Mérida. Ésta es la que mantiene la militarización del país con la excusa de la “guerra contra el narcotráfico”, y ha significado para México cientos de miles de muertos, desaparecidos y desplazados, esto sin contar a los migrantes que atraviesan el país y desaparecen en el intento.
Una de cada seis personas que llegan a territorio mexicano sin documentos, son asaltadas por agentes migratorios. Están a merced del narco, de las maras. Si aun pueden subirse en la “Bestia”, el tren de carga que cruza México de sur a norte, deben pagar una “cuota” a miembros del crimen organizado. Y si no la paga, los tiran del tren. Así muchos mueren o quedan mutilados. Y en el caso de las mujeres, muchas antes de emprender el viaje se aplican inyecciones anticonceptivas porque asumen que serán violadas.
Con el despliegue del Plan Frontera Sur, los migrantes han debido buscar nuevos caminos para atravesar el país, más peligrosos aun. Y corren el riesgo de ser secuestrados, esclavizados o asesinados por los cárteles del narcotráfico, las redes de trata y de tráfico de órganos.
Esta es una de las nefastas consecuencias de la injerencia imperialista en México, América Latina y el Caribe.
Frente a la brutalidad del Estado mexicano, gendarme del imperialismo estadounidense, está planteado imponer la demanda que surgió del movimiento migrante en años anteriores: abolir el reaccionario INM, una reaccionaria institución que es la responsable de la deportación masiva de migrantes.
La precarización laboral: la otra cara de la cuestión migratoria
Mientras el imperialismo estadounidense criminaliza y persigue a los migrantes indocumentados, la realidad es que las empresas aprovechan las condiciones de precariedad en que se encuentran quienes lograron atravesar la frontera pero permanecen sin residencia legal.
De acuerdo con estadísticas del Bureau of Labor Statistic, en 2014, la mediana de salario semanal en EUA para trabajadores no nacidos en el país que laboran en empleos a tiempo completo fue US$ 664 -81.0% del salario de los trabajadores estadounidenses, que ascendía a US$ 820. Entre los varones extranjeros, el salario semanal promedio es de US$ 695 -76.2% del salario de un trabajador estadounidense. Mientras que una trabajadora extranjera percibía por semana en promedio US$ 613 -83,5% de lo que percibía una trabajadora nativa, US$ 734.
Los migrantes pagan impuestos: según datos de la Administración de la Seguridad Social, sólo en 2010 los extranjeros sin documentos aportaron 13,000 millones de dólares al erario estadounidense.
Mantener a migrantes bajo terror resulta funcional al capital privado para abaratar el costo de la mano de obra, una táctica para recuperar su tasa de ganancias.
Sus beneficios económicos significan para millones de migrantes privaciones, riesgo de vida, humillaciones de todo tipo, exposición a la violencia racial, discriminación. Sobre esta base se edificaron y crecen fortunas como las de Donald Trump.
Según distintos analistas, en Estados Unidos está teniendo lugar una transformación: de tener una población mayoritariamente anglosajona, descendiente de los migrantes europeos, afroamericanos, asiáticos y latinos están eclipsándola.
En particular la comunidad latina es la más dinámica: en 1970 residían 9,6 millones de hispanos en Estados Unidos. En 1980, 15 millones. En 1990, 22. En 2000, 35. En 2010, 50. En 2014, 55. Pasaron a constituir un 17.4% de la población estadounidense. De acuerdo con proyecciones demográficas, en 2060 llegarán a 119 millones, un 28,6% de la población estadounidense.
De estos datos se concluye que está en proceso la reconfiguración de la clase trabajadora estadounidense, históricamente multiétnica. Pero esta reconfiguración se da bajo una brutal precarización laboral.
Sólo la búsqueda de vías hacia la unidad de nativos y migrantes contra la criminalización de los migrantes y la precarización laboral puede frenar esta ofensiva de la barbarie capitalista.