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Red Internacional
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Memoria Histórica. Ni perdón, ni olvido para Echeverría

El expresidente Luis Echeverría es responsable de matanzas y represiones a la juventud de México y los sectores populares. Exagente de la CIA y colaborador del golpismo latinoamericano, el exmandatario se volvió en el expresidente más longevo en la historia del país.

Óscar Fernández

Óscar Fernández @OscarFdz94

Jueves 17 de enero de 2019

Luis Echeverría será recordado por siempre por el papel que jugó mientras se mantuvo activo en la política nacional. Al egresar como abogado de la UNAM, ingresó a las filas del PRI, desde donde escaló hasta ser nombrado subsecretario de gobernación en 1958 durante el mandato de Adolfo López Mateos.

Fiel a la estructura priísta de la época, la Secretaría de Gobernación era la madriguera del sucesor presidencial, por lo que su jefe fue nada menos que Gustavo Díaz Ordaz. Iniciado el mandato de López Mateos y debido a las cercanías de éste con Winston Scott, la CIA llevó a cabo la Operación LITEMPO para reclutar funcionarios mexicanos de alta jerarquía como colaboradores; Echeverría ocuparía el código de LITEMPO 8 o LITEMPO 14 (las fuentes varían).

A la sombra de Díaz Ordaz

Como subsecretario de Gobernación, Echeverría y Díaz Ordaz se encargaron de administrar el aparato represivo del Estado para mantener a raya al movimiento de masas en el país y en especial en la capital. Durante el tiempo que ocupó el cargo se llevaron a cabo represiones a movimientos populares, como lo fue el asesinato del zapatista Rubén Jaramillo y su familia en Xochicalco.

Una vez destapado Díaz Ordaz como candidato por medio del sacrosanto “dedazo presidencial”, Echeverría ascendió al puesto que éste ocupaba. Díaz Ordaz lo ratificaría en el cargo ya como miembro de su gabinete una vez tomara posesión, ya que sabía, por la cercanía que habían tenido en la SEGOB, lo eficiente que Echeverría era.

Ya como secretario de Gobernación estaba a cargo también de la temida Dirección Federal de Seguridad, encabezada por Fernando Gutiérrez Barrios. Desde su puesto, Echeverría se encargó de procesar a los detenidos del movimiento de médicos del 64, a los estudiantes de la Universidad Nicolaíta de Michoacán en 1966 y a los de la Universidad de Sonora en 1967. En 1968 acusaría directamente a las Juventudes Comunistas de instigar al estudiantado en la capital a enfrascarse en combates callejeros con la policía.

Es bien sabido que la DFS realizó una campaña de provocación para culpar a los estudiantes de cualquier desorden que ocurriera en la capital del país, esto con el objetivo de desactivar al movimiento antes del inicio de los Juegos Olímpicos. Se sabe que funcionarios de esta dependencia actuaron como tiradores el 2 de octubre; la descoordinación inicial del operativo hace a algunos pensar que él habría dado la orden de disparar, causando el trágico desenlace de ese día.

También se sabe que Echeverría habría ordenado registrar gráficamente los sucesos del movimiento estudiantil, como lo atestigua el acervo de Manuel Gutiérrez Paredes “Mariachito”, fotógrafo a las órdenes de la SEGOB que registró las distintas detenciones y agresiones policiaco-militares al estudiantado, así como de haber sacado las únicas imágenes del Batallón Olimpia en el tercer piso del Chihuahua y el posterior chequeo a los estudiantes, dejándolos mojados y desnudos contra la pared de los elevadores en la planta baja. De igual forma habría proporcionado el departamento 1301 del edificio Molino del Rey, perteneciente a su cuñada Rebeca Zuno de Lima, para el operativo del 2 de octubre.

“Arriba y adelante”

Con ese lema habría contenido a la presidencia en 1970, ocupando el cargo en diciembre de ese año. Desde el primer momento hubo cierta continuidad política con la de su antecesor. El clima represivo volvió a salir a luz el 10 de junio de 1971, cuando el grupo paramilitar que habría sido forjado tiempo atrás, conocido como “Los Halcones”, atacó la manifestación estudiantil que partía de la Calzada México-Tacuba al Zócalo.

Echeverría prefirió culpar al expresidente del PRI y entonces regente del DF, Alfonso Martínez Domínguez de la represión, pero la guerra sucia no terminó ahí. En principio porque, además de colaborar con la CIA en la Operación LITEMPO, también proporcionó funcionarios para auxiliar en la Operación Cóndor.

En ese sentido es que el oficial principal de los Halcones, Manuel Díaz Escobar, estuviera estacionado en Chile dando apoyo para la concreción del golpe de estado de Augusto Pinochet. Echeverría hipócritamente había aceptado una visita de estado de Salvador Allende meses atrás, pero este gesto no reflejaba realmente la política mexicana.

Con la concreción de la Operación Cóndor en el cono sur, Echeverría habría dado amnistía a diversos dirigentes estudiantiles exiliados en Chile, así como aceptar el asilo de diversos dirigentes y activistas que escapaban de las dictaduras en sus países y dar apertura a archivos del 68, como los registros del Hospital Militar.

Sin embargo, la represión al movimiento de masas continuó, como lo demuestra la cacería que dio su gobierno a la guerrilla tanto de la L23S como del guerrillero Lucio Cabañas. Cabe también señalar que en su gobierno hubo una virtual prohibición del rock por el escándalo suscitado en el pueblo de Avándaro, el “Woodstock mexicano”, donde una chica se habría quitado la ropa en medio del concierto que se estaba llevando a cabo.

Asimismo, Echeverría habría llevado adelante un perfil más “populista” y de “izquierda”, fundando el Centro de Estudios del Tercer Mundo y llevar a cabo cumbres con sedes como Acapulco o Cancún, donde Echeverría aparecería con sus homólogos usando guayabera y dando aguas nacionales como forma de expresión nacional.

Echeverría incluso intentó un supuesto acercamiento a los estudiantes dando un discurso en la UNAM donde afirmaría que “toda agresión a los estudiantes es una agresión contra el pueblo”, alegando cínicamente que los estudiantes, al querer increparlo por el papel criminal que llevaba a cabo ya desde los años 60, le estaban haciendo el juego a la derecha “al imperialismo y a la CIA”, provocando que éstos le contestarían con una pedrada. En el plano económico, se llevó a cabo una reorientación basada en la extracción petrolera, lo que causaría la primera devaluación del peso mexicano y daría fin al “milagro mexicano”.

Debido al conocido papel que ejerció como represor, Echeverría fue llamado a declarar en 2006, pero a pesar de que se le diera el beneficio de arresto domiciliario, se le declaró inocente del crimen de genocidio. Desde entonces, el exmandatario vive en la total impunidad. A pesar de ello, no se nos debe olvidar quién ha sido este personaje para que sus sucesores políticos no gocen de la misma suerte.


Óscar Fernández

Politólogo - Universidad Iberoamericana

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