Este 14 de mayo, el Encuentro de Contracorriente unirá a jóvenes y trabajadores para combatir la precariedad, una oportunidad para discutir un plan de lucha para defender la educación pública.
Lunes 9 de mayo de 2022
Foto: Twitter @contr4corrient "El próximo 14 de mayo celebramos un nuevo encuentro estatal para construir una gran juventud feminista, antiimperialista, anticapitalista y revolucionaria contra la guerra, el rearme imperialista y la crisis capitalista."
Nunca hemos vivido una precariedad del mercado laboral como la actual. Tres de cada diez jóvenes no tienen trabajo y, de los que lo tienen, casi un 50% sufren de precariedad laboral en sus múltiples expresiones: horarios abusivos, salario nimio y miserable, protección laboral inexistente, imposibilidad de congeniar trabajo y vida familiar o estudios. A esto hay que añadir el recrudecimiento de esta precariedad en el caso de las mujeres, los inmigrantes y los jóvenes de barrios desfavorecidos.
La esperanza de muchos ante un mercado laboral que sólo genera miseria de muchos para beneficio de pocos es la oposición para ser funcionario del Estado. Pero la realidad no es tan fácil. Ya queda lejos ese mito de la Transición. En los últimos años hemos visto como los requisitos para optar a plazas han aumentado. Cada vez hay menos plazas para más opositores, cada vez los estudios son más difíciles, y más si eres un joven trabajador que tienes que empalmar dos trabajos para sobrevivir o tu situación familiar no te permite dedicar a la oposición el tiempo necesario.
Sin embargo, la lacra de la precariedad también a emponzoñado el sector público. Sólo en educación, el 25% de los puestos docentes son interinos. La Ley Iceta, proclamada por el Gobierno “progresista” como una medida para acabar con la temporalidad, es más bien una purga hecha a base de recovecos burocráticos con dos objetivos: evitar que nuevos aspirantes ocupen plaza al tiempo que evitar que los interinos más antiguos consigan su puesto. Una horquilla insalvable en los extremos y de la que se beneficiarán muy pocos, en última instancia los más privilegiados económicamente para ganar tiempo o pagar academias.
La última propuesta del Gobierno para regular las oposiciones ha sido un jarro de agua fría para los temporales del sector: reducía el beneficio de la experiencia en los baremos, al tiempo que establecía distintas vías según sea el caso de cada cual. Esto no aseguraba el acceso, sino que generará cuellos de botella donde muchos irán a vías burocráticamente muy exigentes mientras muy pocos se podrán permitir por las más asequibles. Estos puntos son los pocos que pueden dar ventaja a quienes llevan años trabajando en el sector, al mismo tiempo que perjudica a quienes aspiran a incorporarse en la nueva tanda de oposiciones. A pesar de este enfrentamiento, las estadísticas no mienten: muy pocos aspirantes consiguen plaza en una oposición y es patente que cuanto más tiempo estás de interino, menos puedes llegar a prepararte las oposiciones que te garanticen la fijeza.
El 7 de mayo, unas 7.000 personas, muchas interinas, hicieron una manifestación en Madrid exigiendo la fijeza de una vez por todas. Una exigencia esencial que, a pesar de la aparente dicotomía, no perjudicaría a los nuevos aspirantes si las condiciones laborales dentro de la Educación púbica cambiaran. Es un recurso fácil, muy aprovechado por un Estado capitalista, ofrecer poco y generar discordia entre los mismos que deberían unirse para exigir más.
Viéndolo en perspectiva, el Estado ha sacado menos plazas de las que son necesarias (de hecho, el plan es reducir la temporalidad del 25% al 8%, no acabar con ella). Sin embargo, incluso aunque se diera fijeza a todos los interinos cerrando el número de trabajadores requeridos, quedaría aún más horizonte por conquistar. No haría falta que aspirantes quedasen fuera del sector y, por ende, que disputasen con sus compañeros las plazas si las ratios bajasen y se abriese los centros educativos necesarios para dar la asistencia necesaria.
En lugar de desviar, como hace la Comunidad de Madrid, los fondos públicos al sector privado, en lugar de financiar a la Iglesia y los conciertos, en lugar convertir la financiación en cheques que terminen en los bolsillos de los especuladores de la educación; en fin, en lugar de seguir desmantelando la educación pública, bien podrían abrirse nuevos centros, reducir las ratios, repartir las horas lectivas, dar la fijeza a todos los interinos e introducir a nuevos y jóvenes profesores con unas buenas condiciones para enseñar.
Esta perspectiva, claramente posible y beneficiosa para todos, es lo que trata de eludirse mediante la pantalla oposiciones injustas y enfrentamientos en el sector. Son estas exigencias que no van a concederse desde la Administración. ¿Alguien piensa que el PSOE, el principal impulsor de las políticas neoliberales en educación, de todas las reformas que han favorecido que la privada meta la mano en la escuela pública, va a ofrecer una salida a la juventud obrera y a los trabajadores de la enseñanza? ¿Alguien piensa que el PP, que aprovecha esta cobertura del Gobierno para lanzar nuevos ataques a la educación en todas las comunidades, cerrando escuelas y financiando a la privada, es la alternativa? Basta leer la Lomloe o la Ley Maestra de Ayuso para despejar todas las dudas y reconocer quién es el enemigo de la educación.
Hay que añadir el seguidismo vergonzoso de las burocracias sindicales, que se resisten a convocar una huelga y un plan de lucha contra estas políticas. Un rol que no sólo es pasivo, sino activamente reaccionario, frenando a los trabajadores y vendiéndolos a una reforma laboral falsa, aplaudida por los empresarios y que no supone ni un avance respecto de la reforma del PP.
Es por eso que estas exigencias (la bajada de ratios, el reparto de horas y unas oposiciones de libre acceso que garantice la fijeza de los trabajadores) sólo pueden imponerse mediante un plan de lucha y una gran organización, no sólo de la educación, sino de todos los sectores de la clase obrera. Porque educación somos todos: docentes, alumnos y padres y madres trabajadores. Una organización y un programa para la juventud trabajadora que se discutirá en el Encuentro de Contracorriente este 14 de mayo, a las 18 horas.
Contracorriente es una agrupación anticapitalista, antimperialista que lucha por organizar a una juventud combativa por el socialismo. En este encuentro coincidirán jóvenes y trabajadorexs de múltiples sectores y lugares del Estado con el fin de pensar un plan de lucha que dé salida a la crisis económica, a la tensión entre los países imperialista y haga frente desde una auténtica perspectiva de izquierda a la extrema derecha.
Es un encuentro que también busca unificar y coordinar las luchas entre trabajadorxs y juventud, una colaboración que es crucial en la educación pública para resistir la nueva oleada de ataques por parte del Gobierno progresista y la extrema derecha, y luchar por una educación pública, gratuita, científica y de calidad, donde la precariedad laboral tanto para interinos como para aspirantes.