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Red Internacional
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POR UNA ALTERNATIVA INDEPENDIENTE DE LOS TRABAJADORES. Entre el fraude “Constituyente”, el embauque de la MUD y la injerencia imperialista

El CNE ha dado unos números totalmente abultados que nadie cree, intentando consumar la imposición del gobierno. La derecha apuesta a reforzar la presión imperialista. Debemos enfrentar a ambos bandos reaccionarios. ¡Ni el gobierno de Maduro ni la MUD!

Ángel Arias

Ángel Arias Sociólogo y trabajador del MinTrabajo @angelariaslts

Viernes 4 de agosto de 2017

Luego de una jornada marcada por tensiones y fuertes contrastes, así como por represión y ausentismo electoral–aunque Jorge Rodríguez negara con un cínica sonrisa la existencia de muertos en las protestas–, el Consejo Nacional Electoral anunció unos resultados inverosímiles, y busca imponer una ANC fraudulenta, como un salto en su giro bonapartista. La respuesta de la derecha y el imperialismo ha sido apostar a reforzar la injerencia, y se desata una “guerra de cifras”: ante los “8 millones del gobierno” la MUD pretende oponer como legítimos y verdaderos sus “7 millones”, cuando todos sabemos que tal plebiscito tuvo también cualquier cantidad de informalidades y vicios que impiden verificar tales cifras.

Ambos bandos quieren meternos en una guerra de cifras donde los visos de fraude existen en cada caso, y donde lo único seguro tras los números anunciados son los objetivos políticos de cada cual. El gobierno busca con su ANC hacerse de un “suprapoder” para sostenerse ante la pugna de la derecha por sacarlo del poder, y el plebiscito de la derecha era, como dijimos entonces, una maniobra que empleaba un argumento “democrático” para objetivos reaccionarios: empujar más la presión a las FF.AA. para que sean estas quienes terminen de sacar a Maduro (pregunta 2), y legitimar la formación de un eventual gobierno de la MUD y sus aliados (pregunta 3) para aplicar un plan económico que profundizará los padecimientos de los trabajadores y el pueblo pobre.

Hechos e indicadores del fraude Constituyente de este domingo

Luego de perder estrepitosamente las parlamentarias de 2015 el gobierno impidió todas las elecciones que su propia legalidad burguesa le obligaba a realizar: el referéndum revocatorio presidencial y las regionales –así como impide también las elecciones sindicales allí donde ve peligro de perderlas. Es a partir de estos hechos consumados que lanza la maniobra de una “Asamblea Nacional Constituyente”, sin ningún mecanismo de consulta previa, tal como sí lo hizo Chávez en 1999 mediante referendo. Esta ANC, definida como supraconstitucional, no tiene ningún límite de duración y tampoco está estipulado que el resultado de su trabajo sea sometido a referéndum popular, tan solo hay una “sugerencia” de Maduro de que así sea.

Las bases y el proceso de selección de candidatos se hicieron y manipularon al antojo del gobierno, para garantizarse la mayoría. Un representante por municipio sin importar su población, subrepresentando seriamente las ciudades y áreas más pobladas, y una representación por “sectores sociales” controlada a través del aparato del partido de gobierno. La rigurosidad que exige el CNE para verificar firmas en otros procesos no existió en esta inscripción de candidatos, habiendo por doquier casos de “firmas-planas”, así mismo, cambió los plazos de las inscripciones y las listas como quiso, publicó un listado definitivo de candidatos que luego modificó sin ninguna explicación.

Es así como desde el principio, esto no sería sino una elección interna del chavismo, o más precisamente, del chavismo que está con el gobierno –pues hay un chavismo disidente que se opuso– y manipulada a placer.

Previo a la elección, y durante, asistimos a una reaccionaria y miserable campaña de intimidaciones y chantajes para presionar a la gente a votar. En el caso de los trabajadores del sector público –que suman varios millones entre administración pública, industrias y servicios–, hubo emplazamientos públicos por parte del Presidente y el Vicepresidente, Tarek El Aissami, llegando Maduro a exigir que se verificara, “con nómina en mano”, que no quedara un empleado público sin votar.

En algunos sectores populares se llegó a amenazar con quitarle el acceso a la bolsa de comida del CLAP a quien no fuera a votar. El “Carnet de la Patria” funcionó como instrumento de coerción entre los trabajadores y sectores pobres: al votar se le escanearía, de manera que no solo se llevaría un registro de quién acudió a votar y quién no a través del CNE, sino también a través del carnet que, según el gobierno, será en adelante el instrumento imprescindible para el acceso a las misiones y planes sociales. Incluso hoy, pasada la elección, en algunos ministerios y entes públicos le han solicitado a los trabajadores sus respectivos carnets para verificar si votaron o no.

En muchos centros electorales las personas seleccionados aleatoriamente por el CNE para cumplir el servicio electoral no respondieron al llamado, siendo sustituidos estos miembros de mesa por militantes de las UBCh (Unidades de Batalla Bolívar-Chávez), es decir, estructuras del partido de gobierno. Hubo un relajamiento de los protocolos para emitir el voto en los “Centros de contingencia”, lo que implicaba la posibilidad de que una misma persona votara varias veces. No hubo testigos de mesas de alguna tolda contraria a los propios organizadores, así como no hubo esta vez ningún proceso de auditoría ciudadana, como sí en elecciones anteriores.

Varias horas antes de que cerrara el proceso electoral y de que el CNE diera a conocer los resultados, hubo un pronunciamiento del alto mando militar proclamando el “triunfo” y anunciando que era un hecho la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente. Así, aún cuando no se sabían resultados, no fue el Consejo Nacional Electoral sino los militares quienes prácticamente dieron el veredicto.

Es en estas circunstancias que el CNE nos dice que Maduro y su gobierno son más populares hoy (8 millones de votos) que en 2013 (presidenciales: 7,5 millones) y 2015 (parlamentarias: 5,6 millones), y son capaces de sacar los mismos votos que Chávez en su más alta votación (2012); con un padrón electoral sin cambios significativos en estos años, y en una jornada con muchos centros electorales con poca afluencia o semidesiertos durante muchas horas del día. Así, de acuerdo con el CNE, Maduro ha revertido repentinamente su enorme impopularidad, superado sus propios resultados electorales de hace tres años, alcanzado el mismo máximo histórico que Chávez, recuperado 2,5 millones de votos con relación a la última elección y colocado al chavismo nuevamente como mayoría nacional.

De este proceso electoral resultado entonces que la burocracia desgastada del gobierno ha recibido el respaldo de la mayoría popular y, a juzgar por los primeros anuncios de candidatos electos, lo más añejo y concentrado del poder constituido ha devenido en “poder popular constituyente”.

ANC ilegítima, “empate catastrófico” y la necesidad de una irrupción de la clase obrera

Como señalamos desde el primer momento en que se anunció y en nuestra campaña por la abstención, esta farsa de “Constituyente” no sería ningún canal democrático para discutir los problemas del país y de las mayorías trabajadoras y pobres, sino que se da bajo un estado de excepción permanente, con las libertades democráticas y los derechos a manifestar y huelga profundamente limitados por la acción represiva del gobierno. No está demás señalar, además, que uno de los objetivos reaccionarios de la misma es darle legalidad a muchos contratos entreguistas que está acordando con el capital transnacional (como en Arco Minero del Orinoco y en el sector petrolero), que no cuentan hoy con el aval necesario de la Asamblea Nacional, no por ser soberanista la derecha, sino por su propia disputa con el gobierno –recordemos que esto fue el origen de las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo que provocaron la ruptura pública de la Fiscal y un nuevo salto en la crisis.

Es una maniobra para profundizar el giro bonapartista del gobierno, cada vez más vaciado de apoyo popular y sostenido, fundamentalmente, en las FF.AA. Es un intento de reforzar su posición en la disputa con la derecha, que controla el parlamento y tiene como aliado al Ministerio Público –en la persona de la Fiscal General–, además de los imperialismos yanqui y europeo.

Es claro que esta farsa de ANC, aderezada con la manera fraudulenta en que se pretende imponer, debe ser rechazada por los trabajadores y el pueblo pobre. Pero debe ser enfrentada con total independencia política, al mismo tiempo que se enfrenta a la otra variante reaccionaria que se disputa el poder, la oposición de derecha agrupada en la MUD, y rechazando toda injerencia e intervención imperialista. Como hemos venido polemizando con grupos que ceden a la demagogia “democrática” de la MUD, como el PSL, es necesaria una firme política de independencia de clase ante ambas variantes reaccionarias.

La imposición de esta ANC prolonga el “empate catastrófico” en que se encuentra la situación nacional, mientras la crisis económica sigue provocando penurias entre los trabajadores y el pueblo pobre. La derecha no logra avanzar, las FF.AA. siguen sosteniendo a Maduro sin que la MUD logre inducir la fractura que tanto anhela para una salida de Maduro de la mano de alguna intervención militar, lo que desnuda la falsa pose “demócrata” de la oposición. A su vez, la MUD apuesta redoblar la presión de la derecha internacional y el imperialismo, pero no le es aún suficiente para doblegar al gobierno.

Mientras persiste este “empate catastrófico” y están más que maduras las condiciones objetivas para una irrupción obrera o popular, sin que la misma ocurra, se alargan los tiempos de la crisis y se preparan las condiciones para una salida reaccionaria: que se imponga uno de los dos bandos por la fuerza, o que se vean forzados a algunos acuerdos, en cualquiera de cuyos escenarios impondrán sus planes económicos y su represión sobre las condiciones de vida del pueblo y sus luchas de resistencia.

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¿Por qué no irrumpe la clase trabajadora?

Por supuesto hay un gran descontento social, con un aumento de los padecimientos del pueblo trabajador, y también hay luchas. Sin embargo, hay elementos que explican algunas cosas. Es central partir de los elementos de frustración y desmoralización que deja en muchas franjas del movimiento obrero y popular el fracaso del chavismo, el proyecto al que durante muchos años apostó la mayoría del pueblo y al que se entregó en batallas importantes, proyecto que sin embargo ha llevado a este callejón sin salida.

Así mismo, las burocracias sindicales que se encuentran al frente de las organizaciones del movimiento obrero organizado (centrales y federaciones) juegan un papel importante en mantener las luchas aisladas, sin ninguna articulación con otras, lo cual es la razón por las que muchas veces terminan derrotadas, así como en mantener a los trabajadores pasivos tras los planes del gobierno o de la MUD, sin marcar ningún tipo de agenda y política propia como clase. La coacción, criminalización y represión patronal y gubernamental cumple un papel también, con decenas de luchas en que los trabajadores son “visitados” por los cuerpos de inteligencia, enjuiciados los trabajadores –siendo enviados a la cárcel en algunos casos– o directamente reprimidos.

A su vez, hoy es bastante débil la presencia de corrientes de izquierda independientes del gobierno en el movimiento obrero, a diferencia de períodos anteriores en que hubo importantes procesos de luchas y reorganización obrera impulsados desde la izquierda –muchos derrotados por la acción del gobierno de Chávez, por cierto.

Por otro lado, el campo opositor está ampliamente copado por la oposición de derecha, que por supuesto no levanta las demandas genuinas de los trabajadores y el pueblo pobre, sino que al contrario busca imponer un programa económico abiertamente neoliberal que profundizará los padecimientos del pueblo. Evidentemente por allí no va a expresarse ninguna irrupción del pueblo trabajador. Por eso, y porque el pueblo tiene memoria, sabe quiénes son, los principales contingentes de las movilizaciones opositoras no tienen nada que ver con la clase obrera y los sectores populares.

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Poner en pie la gran fuerza potencial de los trabajadores

Como lo planteamos en nuestra declaraciónprevia al 30J: “La clase obrera necesita su agenda propia y su propia política para darle una salida a la situación. La necesidad más urgente de esta situación es poner en movimiento y en pie de lucha esa gran fuerza potencial para no quedar presos de la disputa entre dos bandos reaccionarios (…)procurar por todas las vías posible que los trabajadores aparezcamos con fuerza en la escena nacional, con nuestras propias demandas que respondan a las necesidades de los trabajadores y el pueblo pobre, con nuestros métodos de lucha, para marcar una agenda propia, la de clase obrera en alianza con los sectores populares, para no seguir subordinados a las agendas del gobierno o la derecha, para plantear una salida a la crisis en función de los intereses de los trabajadores y el pueblo pobre”.

Necesitamos luchar por un plan económico obrero y popular de emergencia, no cualquier “plan económico”, que siempre son diseñados en función de garantizar los intereses y ganancias empresariales por encima de las necesidades del pueblo: es una lucha de clases donde los capitalistas buscan siempre imponer su “soluciones” a la crisis, ¡nosotros debemos oponer nuestras propias soluciones!

Corresponde buscar las vías por las cuales romper la pasividad e inmovilismo que hoy imponen las centrales y federaciones sindicales. Los trabajadores, activistas y sindicatos de base, debemos romper con esta situación e impulsar asambleas en nuestros lugares de trabajo, así como encuentros regionales de trabajadores en lucha, donde podamos discutir todos estos problemas y la situación del país, encuentros para definir nuestra propia agenda, para articular las luchas que hoy se dan aisladas, para tejer la solidaridad activa, para definir planes de lucha unificados por nuestras demandas. Asambleas y encuentros regionales con miras a un gran encuentro nacional de trabajadores que resuelva un plan nacional de lucha por un programa obrero de emergencia y una salida propia, de los trabajadores, independiente del gobierno y de la MUD, a la gran crisis política que vivimos, para que no se terminen de imponer ninguna de las salidas reaccionarias que propugnan.

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Ángel Arias

Sociólogo venezolano, nacido en 1983, ex dirigente estudiantil de la UCV, militante de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y columnista de La Izquierda Diario Venezuela.

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