La gira de Obama es presentada como un cambio “amigable” en la política de EEUU hacia la región. Pero tras el rostro del Nobel de la Paz, se esconde una nueva ofensiva sobre el “patio trasero”. Con el pago a los buitres y la entrega hipotecan el futuro. La juventud no puede permitirlo.
Miércoles 23 de marzo de 2016 14:39
Cuando vino Bush a la Argentina en el 2005, durante meses se desarrolló una campaña anti-imperialista que incluyó marchas a Plaza de Mayo (algunas reprimidas por la Federal con un cordón que cortaba el paso en la 9 de julio). Había odio.
Veníamos de ver en vivo los bombardeos a Afganistán e Irak que sucedieron al atentado a las Torres Gemelas. “Bush, fascista, sos vos el terrorista”. El carnicero más grande del mundo venía a tratar de imponer un acuerdo de libre comercio en la región, y miles lo repudiamos en todo el país.
“No hay que mezclar las cosas, viene a pedir perdón”, dijo un estudiante universitario sobre Obama hace unos días. Como si los crímenes del imperialismo fueran cosa del pasado.
Hasta hace poco se decía que Argentina era de los países más “anti-norteamericanos”. Hoy distintos encuestadores pintan un cuadro donde son más quienes apoyan la visita de Obama que quienes la repudiamos y vemos como una provocación que venga a 40 años del golpe que el imperialismo que representa impulsó.
Las encuestas son cuestionables. Pero lo que es seguro es que hay una campaña para mostrar las diferencias entre el demonio guerrerista Bush y el primer presidente negro de EEUU, Nobel de la Paz, dialoguista con Cuba, y colaborador con los “Derechos Humanos” en todo el mundo. Incluyendo la Argentina, donde anunciará la desclasificación de algunos archivos de la dictadura.
Pero, ¿qué Derechos Humanos puede defender alguien que ordenó 4 mil asesinatos con drones? ¿De qué paz puede hablar el jefe del ejército imperialista que tiene en su haber guerras e intervenciones militares en Libia, Syria, Afganistán, Yemen e Irak? Alguien que conspiró con los golpistas en Honduras y Paraguay, y con la derecha escuálida en Venezuela. Que hasta el día de hoy mantiene la ocupación ilegal de una porción de territorio cubano donde se tortura a los presos.
Mientras Obama pose por los Derechos Humanos en Argentina, en EEUU van a seguir deportando inmigrantes, como los 2,5 millones expulsados desde 2009 a esta parte. O asesinando afroamericanos, como los más de 450 que la policía se cargó sólo en 2015.
A ordenar el patio trasero
Obama pretende dejar el patio trasero en orden a su sucesor. Si bien el imperialismo yanqui nunca se fue de Latinoamérica, durante años Medio Oriente concentró su tensión y recursos. Fueron años en que los gobiernos sudamericanos que desviaron o contuvieron grandes acciones de masas llegaron a sostener un discurso “anti-imperialista”. En algunos casos alcanzaron a negociar las condiciones de dominación, regatear el reparto de la renta, pero nunca a modificar la dependencia estructural de la región.
Hoy, cuando el ciclo ascendente de las materias primas quedó atrás y los gobiernos “pos-neoliberales” retroceden ante el avance de las derechas locales, el imperialismo busca ajustar las tuercas profundizando la expoliación de la región (y limitando el avance de otras potencias como China). En ese marco se da la política de “diálogo” para acelerar la restauración capitalista en Cuba (símbolo de la lucha anti-imperialista en el mundo), y la visita a Argentina.
Ya avanzaron con tratados de libre comercio y el Tratado Trans Pacífico. En Argentina los buitres consiguieron un acuerdo histórico, una entrega semi-colonial como pocas… Ese es el camino que vienen a profundizar.
El “anti-imperialismo” de cotillón
Hoy en Argentina gobierna un presidente abiertamente pro-yanqui. Un gobierno que está por concretar una de las entregas más grandes de la historia, llegando al colmo de modificar dos leyes “soberanas” para pagar un dólar arriba de otro los 15 mil millones que exigen los buitres.
Frente a semejante escándalo, hay quienes nos quieren hacer creer, por contraste, en su anti-imperialismo de cotillón. Pero tendrán que explicar cómo se concretará la entrega cuando en el Senado el Frente para la Victoria tiene la mayoría.
El kirchnerismo tuvo una retórica “nacional y popular” pero se declaró a sí mismo “pagador serial” de la deuda externa ilegítima y fraudulenta. Esa deuda que sólo se explica, en su magnitud, por la estatización por parte de la dictadura de las deudas de empresarios privados (como la propia familia Macri). Casi 200 mil millones de dólares que podrían haberse destinado a la salud, educación y transporte públicos, fueron a los acreedores externos. Se pagó religiosamente al FMI, al Club de París, a la Repsol, al Ciadi, etc.
Mientras tanto, la estructura económica se mantuvo extranjerizada y primarizada. Empresas como Monsanto se beneficiaron de la sojización del suelo. Se le garantizó un acuerdo secreto a la Chevron para saquear Vaca Muerta en Neuquén por décadas, y, al igual que la Barrick Gold en San Juan, contaminar a generaciones enteras a cambio de espejitos de colores.
Hoy los kirchneristas que se horrorizan por la falta de soberanía de un Congreso que modifica leyes a pedido de un juez de Nueva York, deberían recordar que fueron sus propios parlamentarios los que votaron una Ley Anti – terrorista en 2007, a pedido de Bush, y la modificaron en 2011, a pedido de Obama. Ley que sin dudas será utilizada por el macrismo para criminalizar la protesta social, junto a su nuevo protocolo, como anticipa la cárcel a Milagro Sala.
No olvidamos que el kirchnerismo envió cientos de milicos a colaborar con la misión de la ONU en la ocupación de Haití.
¡Fuera Obama de Argentina, fuera el imperialismo de América Latina!
Desde la izquierda, siempre denunciamos los crímenes y la opresión del imperialismo. Rechazamos sus guerras, sus intervenciones, sus golpes y saqueos y nos movilizamos para enfrentarlos. Nos opusimos al pago de la deuda. Y estuvimos codo a codo con los trabajadores que enfrentaron a las grandes patronales imperialistas, como en Kraft y Lear, mientras el gobierno anterior nos reprimía a sus órdenes.
Hoy, frente al avance de Estados Unidos en la región, tienen más vigencia que nunca las banderas anti-imperialistas. Esas banderas que el golpe genocida quiso enterrar. Queremos transformar la bronca de miles, que ven la provocación que implica la venida de Obama en el 40 aniversario de la última dictadura cívico – militar, en organización y lucha.
Sólo con una poderosa alianza entre trabajadores y jóvenes, independiente de esa supuesta “burguesía nacional” y sus representantes políticos, que se arrastran ante el amo del norte y adornan el país con banderitas yanquis, podemos pararle la mano al ajuste, la entrega y la represión en marcha. El PTS en el Frente de Izquierda, con sus referentes nacionales como Nicolás del Caño y Myriam Bregman, repudia la sumisión y plantea un programa que parte del no pago de la deuda externa y la nacionalización sin indemnización de las grandes empresas y bancos imperialistas.
Ellos hipotecan nuestro futuro, y el de las generaciones venideras. Hay que poner en pie una gran juventud anti-imperialista para tomarlo en nuestras manos.