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Cultura. Entrevista a Cristian Aravena: "Es necesario rescatar una tradición de lucha con su correspondencia teatral"

Cristian Aravena, estudiante de postgrado en Estudios Latinoamericanos de la UNAM, dictó los días 19 y 20 de enero un taller de teatro político llamado "El asalto a lo político a partir de lo estético" organizado por la compañía de teatro Luis Emilio Recabarren. Fueron dos jornadas de profundas discusiones, donde los asistentes se hicieron parte activa reflexionando sobre la relación entre teatro y política; las experiencias de luchas y organización de la clase obrera y de distintos movimientos sociales y el rol del teatro en un contexto latinoamericano, político y social donde el capitalismo sigue precarizando la vida en favor de los intereses de los más ricos; a su vez que prensenciamos nuevas luchas de los trabajadores y el pueblo como la lucha desatada en México tras la desaparición de los 43 normalistas o el auge de la actividad huelguística en el Chile de hoy.

Bárbara Brito

Bárbara Brito Docente y ex vicepresidenta FECH (2017)

Martes 27 de enero de 2015

¿Cuál ha sido tu trayectoria en el teatro y porqué decides trabajar en torno al teatro político?

Partí haciendo teatro aficionado en la comuna El Bosque, luego entré a estudiar teatro en la Universidad de Chile y ahí empecé a llevar las obras de teatro a las poblaciones que conocía y a las poblaciones donde vivía. Escribo desde chico y ya entrando a estudiar empecé a escribir teatro y empecé a montar mis obras con la compañía Teatro Botado, que dirige Carlos Urra y luego en el 2008 entré a trabajar en Teatro Público que dirige Patricia Artés, y ahí empecé a trabajar de frentón en teatro político. ¿Por qué lo decido? En ese momento tenía que ver con una pulsión, con la necesidad de entender el teatro como una herramienta de modificación de la realidad, por lo menos de cuestionamiento. Luego, ya me doy cuenta, a medida que iba compartiendo con mis compañeros, cómo el teatro tenía el poder de generar comunidad, no una comunidad que continuara en el tiempo, sino que se juntara una comunidad a debatir a partir de una obra, pero también a partir de sus propias necesidades. Entonces empezamos a vincularnos, o en verdad nunca dejamos de vincularnos con los movimientos sociales, sólo que ya llegó un momento en que nuestro trabajo empieza a hacer mucho sentido hacia ese lugar, hacia ese espacio, nuestro trabajo y nuestra militancia diaria, desde los distintos espacios, no necesariamente partidarios, y ahí empieza un trabajo de profundización y de búsqueda hacia lo que hoy podría denominar como teatro político.

¿Qué entiendes por teatro político?

El teatro político es un teatro con un método en particular, con una búsqueda en particular, tiene que ver con comprender o con analizar el entramado social, las relaciones sociales en términos de cómo están estructuradas y en términos de cómo se entiende como objeto de disputa y de lucha el poder finalmente, y a partir de eso se constituye como un hecho estético, como un hito muy importante para la historia del teatro de la mano de la teoría marxista y de cómo el espectador abandona este espacio de enajenación absoluta o de enajenación a partir de la representación realista o clásica y cómo es capaz de comprender cómo se estructuran las relaciones sociales en cuanto a la lucha de clases, en cuanto a la disputa por los espacios por el poder de frentón. Y en ese sentido, como lo entiendo, me parece que el gran vuelco que da es en torno a qué papel juega quién está espectando una obra. Brecht plantea distintos métodos, distintas maneras de hacer que el espectador tome distancia del hecho y logre reflexionar a partir de la realidad que se le entrega, de la realidad que se analiza en una pieza teatral. Augusto Boal lo que hace es que, a parte de entregar esas herramientas de reflexión, compone una metodología que también invita a que quién especta actúe, generando el concepto muy bonito de spect-actor, entregando distintas herramientas para comprender la realidad pero además las herramientas para modificar esa realidad, generando lo que el llamaría un ensayo de la revolución.

¿Por qué hablar hoy de teatro político, de Recabarren, Isidora Aguirre y Victor Jara?

...o Acevedo Hernández, bueno, los que continuaron esa trayectoria de alguna manera, son varias cosas, primero me parece que es un espacio muy tapado, muy solapado por la historeografía positivista o tradicional por cómo se analizan los problemas teatrales, pareciera que estos movimiento tuvieran una aparición esporádica en el tiempo y la verdad que no es así, me parece que es necesario rescatar una tradición de lucha tanto obrera como campesina, indígena, pero también con su correspondencia teatral, me parece que está muy olvidada o, más que olvidada yo creo que es un ejercicio de conveniencia para le poder establecido no hablarlo o no profundizar en sus formas. Lo que a mí me seduce tiene que ver con cómo el teatro de presenta como una herramienta concreta de modificación, de comprensión, de análisis y de disputa por distintos espacios y digo disputa por que me parece que la academia es un lugar que también entra en esa disputa. El teatro político como tal ha sufrido históricamente de denominaciones peyorativas como panfletario o como teatro de segundo orden, pero me llama la atención el de dónde vienen esas denominaciones y hacia dónde apuntan también porque en ese sentido el teatro naturalista o realista también defiende un espacio político e ideológico clarisímo: al capitalismo, a la burguesía y al positivismo como manera de comprender filosóficamente la realidad, entonces me parece que este espacio que genera el teatro político o quiénes lo ejecutan, quiénes lo entienden, cómo lo van desarrollando son lugares que también entran en esas disputas en términos estéticos, en términos de reflexión teórica, en términos de creación.

¿Por qué decidiste participar como expositor en el taller de la compañía Teatro Obrero Luis Emilio Recabarren?¿Qué experiencia te dejó?

Desde su nombre ya me parece un espacio terriblemente seductor como espacio de trabajo en sí, de comprenderse a uno mismo como un obrero en el ejercicio del teatro y cómo Luis Emilio comprende al teatro como una herramienta concreta, muy concreta de alfabetización, de concientización y de transformación de una u otra manera, pues tomando elementos del teatro clásico de ese momento, del melodrama, transformar los protagonistas, volcar las inquietudes en un momento particular me parece muy seductor. En ese sentido me parece que lo quiere emprender la compañía como objetivo de vincular las luchas obreras y sociales contemporáneas de Chile, responde a una necesidad histórica la cual me seduce demasiado participar. La experiencia que me deja tiene que ver con la necesidad de empezar a establecer vínculos y redes dentro de estas otras formas de comprender el teatro, de cómo nos articulamos, de cómo empezamos a generar relaciones que empiezan a operar en una otra lógica que no tienen que ver con esta lógica de las competencias por los fondos del Estado o de las participaciones en los espacios hegemónicos del teatro. Tiene que ver mucho más con comprender el teatro como una herramienta más en la lucha de los distintos movimientos sociales en el Chile contemporáneo y en ese sentido lo que me deja es el ímpetu por seguir generando este otro tipo de espacios y de reflexión y por empezar a generar los vínculos, es curioso revisar la escena teatral alternativa chilena hoy y darse cuenta de que las pulsiones no están solas, son bastante comunes, hay varios grupos en estas mismas búsquedas, me parece que hay una revisión histórica y una revisión estética de la cual tenemos que empezar a hacernos cargo a la hora de pensar y producir estas nuevas piezas de teatro político o con elementos de politicidad.