Desde la materia Inglés Lectocomprensión II de la UNGS, se llevó adelante un proyecto sobre Lenguas extranjeras y perspectiva de género entre la UNGS y Langara College, de Vancouver, Canada. Compartimos testimonio de la docente de esa materia Antonella Romiti y a la Estudiante Nadia Gimenez.
Lunes 20 de julio de 2020
Imagen: Campaña “ No soy tu chiste” de Daniel Arzola (2013)
En el marco de la pandemia por COVID-19, les estudiantes de la materia Inglés Lectocomprensión II y les estudiantes de la materia Estudios latinoamericanos del Langara College de Canadá, formaron parte de una experiencia online de intercambio con el objetivo de reflexionar sobre las lenguas extranjeras, la interculturalidad y las politicas de genero. El resultado final de esos encuentros son cinco fotogalerías comentadas, una por cada grupo formado. Desde la Izquierda Diario entrevistamos a Antonella, docente de Lectocomprensión II y la estudiante de esa materia, Nadia.
LID:¿Cómo surgió el proyecto de lenguas extranjeras y políticas de género?
A: Conocí a Jessie Smith en las vacaciones de invierno de 2019, y en medio de un café, conversamos sobre políticas educativas universitarias y la posibilidad de hacer un proyecto sobre lenguas extranjeras y políticas de género en América, tema que nos convoca a las dos. Jessie da clases en la materia "Estudios latinoamericanos" en Langara College, Canadá, donde les estudiantes aprenden un poquitito de español, además de geografía y cultura de América. Pensamos que se podía empalmar bien con Inglés Lectocomprensión de UNGS, y la idea de explorar los temas de políticas de género en América me fascinó. Si bien el proyecto iba a ser en línea, planeábamos tener algunas clases en simultáneo, pero lo tuvimos que modificar debido al brote de Covid-19. Decidimos entonces, proponerles a les estudiantes trabajar en grupos mixtos de ambos países con foto-galerías bilingües con perspectiva de género durante marzo y abril. El resultado fue una actividad muy genuina, motivadora y enriquecedora, y cinco foto-galerías con todo lo que investigaron.
LID: ¿Qué aspectos de la universidad de Canadá te llamaron la atención?
A: Hay algunos aspectos que son muy diferentes entre las universidades de allá con las de acá, dado que son países muy diferentes. Si bien Langara es parcialmente financiada por el estado, en la actualidad el porcentaje de matrícula que pagan les estudiantes locales es muy alto, cerca del 70%. Asimismo, Langara tiene un grupo muy numeroso de estudiantes extranjeres, principalmente latinoamericanes y asiátiques, que en muchos casos asisten a la universidad como un ticket de migración y permanencia en Canadá, y a quienes la universidad les cobra una matrícula de entre el doble y el triple en comparación a les estudiantes locales. La universidad pública canadiense tuvo un progresivo desfinanciamiento estatal en las últimas décadas que fue compensado por medio de estudiantes internacionales. Además, algo que me sorprendió fue que en febrero les estudiantes tienen un receso de una semana llamado "Reading Week", y que originariamente surgió para paliar la alta tasa de suicidios entre les jóvenes estudiantes producto de la ansiedad ante los exámenes y la presión para no atrasarse con los pagos.
LID: ¿De qué manera pudiste establecer afinidad con tu colega canadiense?
A: Establecimos lazos de los que ni siquiera me había imaginado con Jessie. Ambas somos delegadas sindicales en nuestras universidades, y compartimos cuáles eran las políticas que se llevan adelante en cada lugar. Además, antes de las inscripciones para el segundo semestre en Langara, el rectorado se había comprometido a que los números de estudiantes iban a ser menores de 30 por comisión, por el hecho de que al volver a clases se necesitaba respetar un protocolo. Sin embargo, antes del cierre de las inscripciones, se levantó la restricción y permitieron inscribirse a la totalidad de les estudiantes postulades, lo cual trajo mucho malestar entre la docencia. Rápidamente les docentes se organizaron para no entregar las notas del cuatrimestre anterior, a modo de ejercer presión, y también hicieron una asamblea que terminó con la renuncia del vicerrector. Estuvo muy bueno ver cómo les docentes en las distintas universidades de América tenemos capacidad y poder para organizarnos por los derechos de estudiantes y docentes.
LID: Nadia, dado que se trata de culturas y lenguas muy diferentes, ¿cómo se arreglaron para compartir el trabajo? ¿Qué aprendiste en este proyecto sobre la comunicación intercultural y sobre Canadá?
N: Nunca me llevé muy bien con el inglés y cuando me llegó el mail de la profesora para participar del proyecto, lo primero que pensé fue en cómo iba hacer para comunicarme con les compañeres. Inmediatamente se me ocurrió verlo como un obstáculo a superar más que como una barrera “insuperable”. Traté de utilizar las herramientas que nos enseñaron en Inglés Lectocomprensión I cuando leía los mensajes en el grupo de WhatsApp, y traté de utilizar lo menos posible el traductor para agudizar mi manejo del idioma. Con este proyecto pude darme cuenta que quizás no era que me “llevaba mal” con el inglés, sino que antes no había tenido una motivación real para aprender más. En este caso el tema me interesa mucho y el poder aprender sobre otra cultura también me resultó interesante.
LID: En abril, justo salió a la luz la polémica sobre los supuestos maltratos del cantante canadiense Michael Buble hacia la actriz argentina, Luisana Lopilato, quienes justamente viven en Vancouver. ¿De qué forma repercutió esto en lo que estaban investigando?
N: Esta parte del proyecto quizás fue una de las más interesantes. Nuestro grupo eligió trabajar con los femicidios en América, un tema de por sí muy duro… Mientras elegíamos las fotos surgió la polémica por los tratos de Michael Buble hacia Luisana Lopilato. El debate se centraba básicamente en si se lo podía tomar como un trato violento o como un “código de pareja”. Lo debatimos en el grupo, y acordamos que era maltrato y hasta se armó un collage con los distintos momentos donde se ven agresiones junto a un “violentómetro”, para que se evidencie que las agresiones pueden ir escalando. ¡Hubo una confusión interesante cuando un compañero canadiense puso el nombre de Luisana en una figura de nombres donde aparecían víctimas de femicidio! Ahí lo charlamos nuevamente y pudimos ver que aun trabajando en el mismo tema, teníamos diferentes conceptos de violencia de género, porque al principio algunes compañeres no identificaban algunas situaciones como violentas, y después, cuando creíamos haber llegado a un consenso por medio del violentómetro, vimos que seguía costando identificar los distintos tipos de violencias. Nos dimos cuenta que se suele asociar a la violencia de género con el femicidio sin escalas, como si no hubiese nada antes, o en medio. También analizamos como durante la pandemia la violencia de género se recrudeció en ambos países, y al menos en Argentina, hubo pocos recursos concretos destinados a ayudarlas. Como reveló el Observatorio de Género hace poco, los femicidios hoy por hoy suceden uno cada 24 horas.
LID: ¿Qué analizaron acerca del manejo de los femicidios en los medios?
N: Justamente fui yo quien encontró la tapa de un diario argentino del 2017 donde se presentaba una noticia de un “accidente” en Canadá en primera plana y en un costado, muy chico, la noticia de un femicidio en Nordelta. Me indignó que se presentara un femicidio en un recuadro a un costado casi como si no importara, pero además me pareció interesante mostrar el lugar que ocupaba en la tapa.
A partir de esa misma tapa apareció otra polémica inesperada. Prestando atención a la nota del “accidente” de Canadá, empezamos a debatir también si ese accidente podía ser visto como femicidio o no, ya que la encontramos en un diario de Argentina como un accidente con una camioneta. Sin embargo, un diario de Canadá planteaba la noticia como un atentado adjudicado el movimiento INCEL. El INCEL es un movimiento de hombres que reclaman que son “célibes involuntariamente”, es decir, que no mantienen relaciones sexuales porque las mujeres los rechazan, y por tal motivo llevan adelante atentados contra mujeres, a pesar de que en este caso habían causado la muerte de hombres también. Entonces, se armó un debate entre si era un accidente, o un atentado con carácter de femicidio. Ahí notamos la diferencia cultural acerca de si se puede entender el femicidio como un hecho de un individuo hacia una mujer o puede ser algo colectivo.
LID: ¿Qué sensación te genera que los temas que tienen que ver con mujeres y género sucedan en toda América, aunque con diferentes matices?
N: Realmente me indigna mucho. No solo lo que ocurre a nivel país o continente sino también a nivel mundial. Si bien vivimos en países donde las mujeres pueden ocupar lugares importantes, tradicionalmente “reservados” para los hombres, considero que hasta que no logremos liberar a todas las personas de la opresión patriarcal capitalista no seremos completamente libres. Decirlo suena fácil, pero llevarlo adelante es muy difícil, por eso esto tiene que estar sustentado con políticas públicas reales, con legislación, con trabajo, y con trabajo coordinado entre los distintos organismos. Además de educación, necesitamos políticas que ayuden a resolver los problemas estructurales que generan esa violencia. Es sabido que vivimos en un mundo machista, patriarcal y capitalista fuertemente unido, donde los privilegios se sostienen… Antes lo llamaba “sociedad” pero ahora entiendo que me queda chico ese concepto… Me da mucha bronca que a los estados no les importe ni un poco nuestras vidas, más que cuando nos necesitan para generarles ganancias.
LID: Por último, Antonella ¿qué reflexión hacés sobre el contexto de la lucha feminista en Argentina actualmente?
A: No soy especialista en el tema, pero sí soy militante feminista hace bastante. Pienso que necesitamos una perspectiva de género interseccional, e internacional en las universidades. La perspectiva de género actualmente aparece muy fragmentada, atomizada, o desde un lugar muy micropolítico, como si alcanzase con combatir el machismo cotidiano, abrazar la diversidad de géneros, y denunciar la violencia. Me parece que la perspectiva de género en realidad, se muestra muchas veces escindida de los contextos históricos y sociales de donde surge, y de las luchas que seguimos sosteniendo hoy. En el contexto de pandemia, el foco se pone en la coyuntura económica y cómo ayudar a las empresas, pero para las mujeres no solo aumentó nuestra carga de tareas domésticas y recrudeció la violencia de género, si no que también van a haber muchos casos de embarazos no deseados producto de la pandemia. ¿Cuánto más tenemos que esperar para que se apruebe la Ley de Aborto legal, seguro y gratuito? Se siguen destinando millones a una deuda ilegal e ilegítima mientras el presupuesto para la violencia de género continúa siendo de 11 pesos por mujer. ¿Qué medidas reales se tomaron desde el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad para abordar la situación que están atravesando las mujeres y disidencias en nuestro país? Veo mucha atomización intencional del feminismo, lo cual no hace más que debilitarnos. Necesitamos que las feministas no bajen las banderas, ni peleen contra enemigos falsos, si no que luchen para que todas podamos ser verdaderamente libres de explotación económica y opresión.
Vean las foto-galerías acá: