Vos sos una de los que fueron despedidos y estuviste en la toma del MINCYT. ¿Cuál es tu evaluación de la lucha y del acuerdo alcanzado?
En el transcurso de una semana los trabajadores de la ciencia tomamos el Conicet y el MINCYT, fue una experiencia extraordinaria. En estos días algunos compañeros recordaron los proyectos políticos de Varsavsky y Rolando García, la desaparición de Dante Guede, la marcha de las probetas de 1986, linajes que de alguna manera estaban en la memoria colectiva de los trabajadores. Pero hay que tener en cuenta que la carrera científica es mayormente individual y competitiva, y en ese marco la confluencia de trabajadores y organizaciones que venimos de distintas tradiciones políticas fue un hecho que superó cualquier expectativa. La toma fue una formidable escuela de construcción colectiva y de militancia gremial. Creo que el desenlace del conflicto fue vertiginoso como lo fue la experiencia misma, y ahí también hay espacio para el aprendizaje. Digo esto porque a algunos nos quedó la sensación de que el acuerdo fue un poco apresurado, más aún cuando Barañao termina aceptando una serie de correcciones del acta que da de pensar de que estaba dispuesto a ceder más. Pero esto está en el terreno de la especulación, de lo contrafáctico, que precisamente no es del orden científico sino de la evaluación política. Lo cierto es que las decisiones a lo largo de la toma se tomaron en asamblea y eso hay que respetarlo.
Hacia el final de la semana de toma del MINCYT, la lucha cobró una extensión más marcadamente nacional (con tomas en otras provincias). La semana pasada hubo una reunión federal en Córdoba, ¿qué te parece?
Sí, la lucha tuvo su origen en Capital Federal pero rápidamente irradió a todas las provincias que participaron con tomas de los CCT, asambleas y movilizaciones. La vorágine del conflicto nos encontró sin una estructura federal que llevó a que se tomen las decisiones en la asamblea del MINCYT. Esto molestó a los compañeros de las provincias y es entendible, han sido los más perjudicados con el recorte, porque a pesar de que Ceccato se la pasó diciendo que cada CCT es un mini-Conicet que hay que fortalecer, varias provincias con prioridad geográfica no tuvieron ningún ingreso. Además para esos compañeros tomar medidas de fuerza sin mayor cobertura mediática y sin la protección del anonimato que da la masividad es más riesgoso. Sumado a que en Capital aprobamos un acta que disponía levantar las tomas provinciales, sin dar espacio para que ellas se expresen! Captar todo esto exige cierta sensibilidad que, a mi juicio, es la principal cualidad con que debe contar un representante político. El encuentro en Córdoba muestra la voluntad de superar todas estas limitaciones con que nos encontramos durante el conflicto, y para darle dimensión federal a la respuesta de un problema que tiene esas características. La semana pasada el resultado de las Becas Doctorales y Posdoctorales, y también hubo recorte. ¿Cuál es tu análisis?
La reducción se inscribe en la política general de vaciar al Conicet. Una mirada rápida evidencia que el ajuste es menor al que se dio en los ingresos a carrera: entre 2015 y 2016 las becas se redujeron el 16%, los ingresos el 60%. Creo que esto puede deberse a dos motivos, por un lado a que los becarios somos más baratos, no se nos pagan aportes ni hay compromiso de estabilidad laboral, por otro lado a que somos necesarios como mano de obra precarizada para el establishment conicetiano. Y este esquema es bastante perverso porque trabajamos entre 5 y 7 años para el organismo y éste después nos expulsa. Esto lo viene denunciando principalmente JCP, que es la organización gremial que encabezó las jornadas de lucha en el MINCYT, a las que adhirió ATE-Conicet y luego organizaciones más jóvenes como CYUA y CYTA. Toda la comunidad científica en sus múltiples expresiones se unió para rechazar el ajuste a los ingresos y se sigue manifestando en forma unánime contra el recorte en las becas.
¿Cómo crees que sigue esto?
Estamos en una tregua y seguiremos luchando, la firma del acta de ningún modo supuso deponer el reclamo por los ingresos a la carrera de Conicet, que es la ilusión de Barañao, un ministro que se caracteriza por su autoritarismo revestido de elegancia. Primero dijo que no había presupuesto y luego reconoció que el dinero está pero que no lo quiere poner en el Conicet, y con tal de no ponerlo ahí prefiere -con la anuencia de Marcos Peña, el ideólogo de la campaña de desprestigio contra los científicos- revolear a los trabajadores de la ciencia a cualquier dependencia del Estado, sin ninguna racionalidad. Cerca de 500 compañeros concursamos y ganamos legítimamente el ingreso a Conicet y no vamos a renunciar a eso.