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Red Internacional
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EN FRANCIA Y EN TODO EL MUNDO. Esta juventud no le debe nada al capitalismo

Si vemos las fotos blanco y negro de las últimas movilizaciones en Francia, y nos olvidamos por un momento de los teléfonos móviles y las cámaras en mano, podríamos pensar que estamos viendo una de aquellas históricas fotografías del mayo del 68.

Leo Améndola

Leo Améndola TW/IG: @aladelos

Jueves 14 de abril de 2016 01:30

Hay, a casi 50 años de aquellas movilizaciones que sacudieron al poder en el centro de Europa, dos actores fundamentales que vuelven a aparecer en los boulevares parisinos rechazando la reforma laboral. Son los obreros y los estudiantes. Los primeros, una clase fundamental del capitalismo. Los segundos, uno de sus principales aliados en lucha en el mundo moderno. Juntos pareciera como si pisaran las calles de un terreno ya transitado, conocido ¿Será que debajo de los adoquines está la playa?

Si lo vemos históricamente, luego del 68, fue el año 1995 el que marcó un hito en la lucha de clases internacional con epicentro en Francia poniendo un punto de inflexión en el avance neoliberal noventista. Desde entonces, la vanguardia francesa -siempre dotada de un componente juvenil extendido- ha sabido golpear el suelo de la normalidad burguesa. Banlieues (jóvenes de barrios marginales), reforma del primer empleo, liceístas. Efectivamente, como si fueran olas de embates contra sus gobiernos y sus políticas.

La oleada actual tiene sus particularidades. Una juventud sobreeducada, muy calificada, pero subempleada. En un sentidó maltratada. Como si asistiera a una negación de aquello que le habían prometido. Ni siquiera mileurista, como esa generación que en algún momento embolsaba mil euros al mes. Ahora con suerte llega a los cuatrocientos para salarios de jóvenes que se habían preparado para ser, como mínimo, un engranaje “jerarquizado” del sistema.

Sin lugar a dudas, por su masividad, por la confluencia de sectores de clases antes dicha y por que están en uno de los principales centros del poder capitalista, la juventud francesa -junto a los obreros-, está a la cabeza de una tercer oleada de lucha juvenil desde el 2008 a esta parte.

Indignados por aquí, indignados por allá

Esta oleada incorpora nuevos elementos pero mantiene vivas ciertas “sensibilidades” que surgieron al calor de la crisis de la burbuja inmobiliaria en el 2008. Entre ellas un extendido descreimiento en la casta política. El fenómeno de “los indignados”, el rechazo a las viejas formas, la noción de que estamos viviendo en una democracia que se degrada. Grados de descreimiento en las instituciones que han tenido expresiones más explosivas o que han encontrado su canal de expresión (muy) distorsionado en nuevos actores políticos. El PODEMOS español quizá sea el más notorio, aunque por el impacto que puede tener en la configuración política del centro imperial, el fenómeno Sanders también tiene que ser considerado. En la juventud, la aprobación del candidato “outsider”, que le da pelea a Hilary Clinton, se acerca al 80%. Se trata de la aparición de un fenómeno político nuevo y extendido en el corazón de Estados Unidos. Quizá Occupy Wall Street y la resistencia negra a los ataques policiales ya habían adelantado algo del clima que empieza a respirar la juventud norteamericana.

Desviados

Mirándolo con cierta distancia, la de nuestros días es una generación de jóvenes que comienza a adoptar contornos más definidos como sujeto social y político. Es que, del 2008 a esta parte, se han sucedido numerosos procesos de organización y activismo donde lo social, que pone a prueba sus músculos en las calles, incorpora demandas propias, combina lo reivindicativo con lo democrático, no se encuentra “opuesto” a lo político sino que, de a poco, va encontrando sus canales de expresión. Se trata de una generación que - a excepción del retroceso que operó en el levantamiento de las primaveras árabes- no carga con derrotas de peso en sus espaldas. Más bien ha primado el desvío de los procesos (sociales y políticos) como salida a la crisis.

En nuestra América Latina también se trata de ello. La lucha de los secundarios chilenos y las grandes movilizaciones posteriores por la educación gratuita pusieron al movimiento estudiantil en el centro de la política del país vecino. Rápidamente emergió su faceta política distorsionada como expresión de esa enorme lucha. Ahí están Camila Vallejo como cara visible de un PC debilitado en el movimiento estudiantil o el joven diputado Boric, como expresión de una “nueva izquierda”.
En México, la enorme lucha por el 132 puso la bronca contra los crímenes de un Estado volcado al narcotráfico en el centro de las movilizaciones, donde los jóvenes volvieron a ser un actor fundamental.

En Brasil, las movilizaciones de Junio/Julio del 2013 sacaron a grandes sectores juveniles a las calles. Ahora se ven atravesados por una crisis política cuyas implicancias movilizan al gigante sudamericano y sacuden el ritmo político de las masas y de la izquierda Brasileña, a la cual se le abren grandes posibilidades como muestra la fundación de “La Faisca” (La chispa).

Y Argentina. La generación de la que formamos parte ha realizado una gimnasia política que, aun en “tiempos de paz”, ha sabido mostrar sus intensidades. La hizo montada sobre un proceso de desvío durante las jornadas revolucionarias del 2001. Aun con el efecto narcótico del reformismo que primó en la “era K”, sectores significativos de la juventud estudiantil y obrera empezaron a ver en la izquierda que lucha por la independencia de clase un punto de referencia. No olvidemos que los mejores desempeños del FIT fueron en la franja que va de los 18 a los 35 años. El ajuste macrista plantea la hipótesis de que el desarrollo de una juventud militante con referencia en el Frente de Izquierda sea un poco más “en caliente”, desarrollándose al calor de la intervención en conflictos obreros, estudiantiles, democráticos y populares.

Los compañeros de la Juventud del PTS y de los grupos hermanos en Francia, Estado Español, Brasil, Chile, México, formamos parte de la lucha de esta nueva generación de jóvenes que se ponen de pie en todo el mundo. Somos parte y ponemos todos nuestros recursos políticos, materiales y organizativos a disposición de las luchas que se libran en cada lugar. Y al mismo tiempo, buscamos convencer de que nuestra estrategia, la de la revolución obrera y socialista, es la que puede darle una salida a los problemas de un mundo que está hecho a imagen y semejanza de quienes dedican sus horas de lucidez a perpetrar la explotación y la opresión sobre millones.


Leo Améndola

Trabaja en el MTEySS y es delegado de ATE-Trabajo. Miembro de Izquierda Diario y militante del PTS

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