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Red Internacional
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FRANCIA ENTREVISTA GUILLAUME VADOT. “Estabas filmando… ¿Querías jugar con la Policía?, ahora vamos a jugar contigo”

Guillaume Vadot, joven profesor de La Sorbona, fue agredido y amenazado por la policía por filmar al acoso a una mujer negra. Los métodos de represión y racismo de la policía francesa.

Josefina L. Martínez

Josefina L. Martínez @josefinamar14

Miércoles 12 de octubre de 2016

Foto: Rèvolution Permanente

Guillaume es un joven profesor de La Sorbona, en la facultad de París 1. Como muchos jóvenes parisinos, vive en la periferia norte de la ciudad, en la Banliueu de Saint Denis. Poco más de 20 minutos lleva el trayecto en la línea “D” del RER desde París, pero el paisaje urbano cambia por completo: Saint Denis es una población pobre con alto porcentaje de inmigrantes, especialmente negros y árabes.

El jueves 22 de septiembre, por la noche, Guillaume salía de la estación de trenes de Saint Denis con una amiga, cuando escucharon gritos muy fuertes, de miedo y de dolor.

“Aceleramos el paso para mirar qué estaba pasando y vimos a una mujer negra de unos 30 y pico de años, gritando porque la policía la tenía detenida con las esposas muy apretadas. Ella gritaba para que se las abrieran un poco y la atmósfera era muy tensa, de muchísima violencia. En ese momento yo empecé a filmar con mi teléfono, para tratar de poner un límite a la acción de la policía.”

Eso desencadenó una brutal violencia policial…

Empecé a filmar, pero a los pocos segundos los policías vienen y me obligan a cortar la filmación, acto seguido me meten adentro del dispositivo policial, donde había unos 35 efectivos de policía. Entre dos me ponen ambos brazos hacia atrás y hacia arriba con una torsión, una maniobra que provoca mucho dolor y te impide respirar. Después me aplastan contra una puerta, un lugar “ciego” que la cámara de video de la estación no llega a captar.

Ahí me dijeron: ‘Estabas filmando… ¿Querías jugar con la policía?, ahora vamos a jugar contigo.’ Y empezaron a decirme que me iban a matar, que me iban a violar. Me dicen: ‘¿Por qué haces esto? Estamos en guerra contra Daesh, ¿qué vas a hacer tú cuando Daesh venga a tu casa?, ¿se la vas chupar?’. Dos de los policías me tenían de los brazos mientras me decían todo esto. Y el otro me decía que yo era un puto, un homosexual, que me iban a violar, que yo no tenía que filmar a la policía, una y otra vez. Y eso me lo decía uno mientras me agarraba el culo.

Unos minutos después abrieron mi mochila, y cuando vieron que yo vivo en un edificio que se ve desde la estación, entonces dijeron: “Ah, ¿vives aquí? Vamos a ir a tu casa encapuchados, vamos a romper la puerta y te vamos a violar, te vamos a matar en tu casa”. Después de eso ven mi carnet profesional: ‘Eres un profesor, vamos a ir a la Sorbona para violar y aniquilar a todos tus colegas, porque vosotros estáis con Daesh, ¿qué van a hacer cuando Daesh vaya a la Sorbona?’.

En ese momento yo veía a mi amiga gritando, junto con otra gente. Y uno de los policías me dice que me iban a dar descargas con el Taser, una pistola eléctrica. Me dan una descarga.

¿Cómo reaccionó la gente que pasaba por la estación a esa hora?

Para ese momento ya se habían juntado unas 40 personas alrededor, vieron a la mujer gritando, me vieron a mí, y la gente conoce ya la violencia policial. En julio estuvo el caso de Adama Traore, que es un joven que fue asesinado por la policía en una identificación de identidad, y después hubo otro caso. En Francia hay cerca de 15 asesinados por la policía cada año, en cifras oficiales, por lo que podemos pensar que son muchos más, siempre negros y árabes.

Los policías vuelven a amenazarme, a gritarme, y me agarran el teléfono, entran a las fotos, borran las fotos y el video que yo había hecho, van a la papelera de reciclaje y lo borran de nuevo, y hasta me preguntan si tengo Icloud para asegurarse que no estaba guardado en otro lado, a lo que les digo que no. En ese momento el superior jerárquico llama a dispersar a la gente, entonces me dejan todas las cosas en las manos y se van corriendo a cargar.

Esa noche subiste tu testimonio en el diario Revolution Permanente y rápidamente se comenzó a viralizar la denuncia, fue algo impresionante…

Cuando volví a mi casa escribí un testimonio de lo que me había pasado, sin decir mi identidad, porque me habían amenazado, por seguridad. Pero escribí los hechos y lo publiqué en Revolution Permanente. En pocas horas ese testimonio comenzó a hacerse viral, un escándalo con cientos de miles de compartidos y comentando. A la mañana siguiente me llamaron compañeros de trabajo que lo habían visto, preguntando si era yo el agredido y apoyando que lo denunciara. Entonces fui al médico y al abogado, pero todo el fin de semana el caso se fue multiplicando en las redes. Preparamos la demanda con el abogado y salimos el lunes con una rueda de prensa, revelando mi identidad, contando los hechos. Esta conferencia de prensa fue algo enorme, creo que ha sido el caso de violencia policial más mediatizado en años.

Tu caso ha tenido una gran repercusión en los medios, he contabilizado más de 50 artículos en los principales medios nacionales, en un par de días. Además de la repercusión en las redes. ¿Por qué este caso ha tenido tanto impacto?

Eso hay que entenderlo teniendo en cuenta la racialización del impacto en los medios, y el punto de vista de clase de los medios. Se mediatizó de este modo porque soy un profesor blanco de la Sorbona. Hay decenas de muertos por la policía que no fueron tan mediáticos. Lo único excepcional de mi caso es que le ocurrió a un profesor blanco, por eso la repercusión en los medios.

Vivimos en un período en el cual las violencias policiales se ha vuelto una cuestión cotidiana y eso genera mucha indignación. Hace tres o cuatro años mucha gente hubiera pensado que mi testimonio era inverosímil, pero ahora no, es muy creíble, más aún después de la represión a las movilizaciones contra la reforma laboral, el asesinato de Adama Traoré y otros casos, en el marco del Estado emergencia.

Lo que es muy significativo es que 24 horas después de la conferencia de prensa, comenzaron a llegar a mi mail, a mi teléfono, al Facebook, nuevos testimonios, no solo del 22 de septiembre sino de otros casos. Historias de jóvenes golpeados por la policía, la historia de un muerto en la policía de Saint Denis hace dos años, historias de personas humilladas, controles de identidad racistas, etc. Estos testimonios son muy importantes, puede que este caso permita que se rompa el silencio para protestar contra esta violencia policial y racista.

La violencia policial se ha intensificado en los últimos meses en Francia, con la instauración del Estado de emergencia, la represión a las movilizaciones, en los barrios… ¿Tu caso es parte de esto?

Sí, lo que estamos viendo es la extensión de una metodología de represión que viene de los métodos de dominación colonial de Francia en África. Esta metodología ya está presente en los barrios populares negros y árabes, pero ahora se está extendiendo a otros sectores como los sindicalistas combativos, los militantes, las movilizaciones de la juventud. Es una militarización que se está extendiendo, eso es el Estado de Emergencia. Primero fue utilizado contra la Revolución en Argelia, en 1995 se utilizó para reprimir la revuelta de las balieue y ahora se está extendiendo a todo el país.

Alrededor de tu caso ha comenzado una confluencia de varios sectores que denuncian el accionar de la policía: estudiantes, trabajadores, asociaciones antirracistas…

Mi caso es un punto de confluencia, porque soy militante de la izquierda francesa, soy docente de la universidad y soy habitante de Saint Denis, una de las ciudades con mayor inmigración de Francia. Esta conjunción hace que mi caso posibilite empezar a construir un frente entre diferentes sectores que están experimentando el giro bonapartista y represivo del Estado francés.

En este marco, mi caso y su mediatización abre la posibilidad de crear un frente, algo que en tiempos normales es muy difícil lograr, porque hay una tradición de división, una tradición donde las grandes direcciones sindicales no se preocupan de los sufrimientos de la gente de los barrios por la violencia policial, como si fuese un tema ajeno. Y terminan marginando a los habitantes de los barrios populares, en su mayoría inmigrantes, con los mismos términos de los grandes medios de comunicación, que los tratan como si fueran “vándalos”.

Pero ahora por primera vez hay un sector del sindicalismo que está tratando de resistir esta nueva ofensiva represiva, cuya figura más representativa es Mickaël Wamen de Goodyear. Ellos son nueve obreros condenados a ocho meses de cárcel efectiva por su lucha contra el cierre de la fábrica. Y por otro lado hay colectivos y asociaciones de personas negras, árabes y de los barrios que denuncian el racismo y las violencias policiales. Por primera vez, contra este Estado de emergencia, aparece la posibilidad de empezar a confluir entre sectores muy diferentes, algo que además en el movimiento obrero es muy antiburocrático.

Una primera experiencia práctica se dio el pasado 6 de octubre, con un acto masivo en la universal denunciando la violencia policial y el racismo, ¿cuál ha sido la importancia de ese encuentro?

El acto estaba organizado por el Comité de Movilización de los estudiantes de París 1, uno de los centros de movilización más fuertes que queda después de la lucha de la primavera pasada. Los estudiantes decidieron hacer este mitin después del asesinato de Adama Traoré y después de la ofensiva islamofóbica con la prohibición del burkini este verano, para tratar de relacionar estos casos con la represión a las jóvenes. Pero con el caso mío todo esto se logró hacer en una escala superior, uniendo a todos los sectores. Estuvimos en la misma sala con la hermana de Adama Traoré, la hermana de otra víctima de la policía que se llama Amal Bentounsi, y recibimos también un mensaje de Mickaël Wamen de Goodyear, que no pudo llegar. También estuvo el portavoz de la CGT Info-Com y por último Siham Assbague, una de las figuras más conocidas del antirracismo político. Y logramos hacer un acto con más de 600 estudiantes y con una tribuna de ponentes que fue realmente histórica dentro de la universidad.

El mensaje común fue que hay que hacer un frente, aun cuando hay diferencias, es importante porque se planteó hacer acciones en común y tener una misma voz contra la violencia policial y el racismo. Eso es nuevo, y eso permite pensar el arco de fuerzas sociales necesarias para derrotar la política de “seguridad” del Estado de emergencia y la ofensiva represiva del gobierno francés.


Josefina L. Martínez

Nació en Buenos Aires, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Autora de No somos esclavas (2021). Coautora de Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.

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