Uno de los derechos laborales más violados en las últimas décadas, agravado con el uso masivo del outsourcing, es el de la estabilidad en el empleo, la cual también es conocida con el nombre de basificación.
Miércoles 18 de noviembre de 2020
La estabilidad se entiende como el goce, de parte de los trabajadores, de permanecer en su puesto de trabajo de forma permanente, con la obligación para éstos de cumplir con sus tareas. Ésta, permite la profesionalización de las funciones a desempeñar, buscando un mayor compromiso del trabajador, además de generar la antigüedad, en un determinado centro de trabajo, que le permite al asalariado acceder a otras prerrogativas como la jubilación.
Dicha estabilidad en el empleo también permite a los trabajadores acceder a los beneficios contenidos en el Contrato Colectivo de Trabajo (CCT), puesto que, se supone, mientras realicen correctamente las labores para las que fueron contratados, tendrán el ingreso asegurado para sus familias.
No obstante, como adelantamos, este derecho es, quizá, el más atacado de los últimos 20 años, pues el avance de la precarización laboral, tiene como uno de sus principios la flexibilización del uso de la fuerza de trabajo, o dicho en palabras más simples, los patrones pueden decidir a su libre voluntad si conservan o despiden a sus asalariados sin consecuencias para los primeros, ni legales, ni económicas.
Este derecho es tan atacado porque, precisamente los patrones (burgueses), buscan ahorrarse todos los costos de basificar a los trabajadores, es decir, que anteponen sus ganancias al bienestar de las personas contratadas por ellos, a pesar de que, la estabilidad en el empleo, es una conquista histórica del pueblo pobre y trabajador conseguida por la Revolución mexicana y las luchas obrera del siglo XX.
Así, los empresarios, tratan de justificar esto con enunciados como “la auto superación”, el “échale ganas”, o incluso, llegan al descaro de promover que “estar mucho tiempo en la misma empresa puede ser un fracaso personal”.
¿Qué es la sindicalización?
Por su parte, el derecho a la sindicalización implica la libertad que tienen todos los empleados de afiliarse a un sindicato para que defienda sus intereses frente a la patronal. Por su naturaleza colectiva, la sindicalización, sólo puede ser efectiva cuando se realiza por agrupaciones de trabajadores y el sindicato realmente cumple con su rol histórico, es decir, luchar por los derechos de la clase trabajadora.
Con las reformas laborales, incluida la de la 4T, los sindicatos han sido duramente golpeados, con la continuidad de dirigencias charras en sectores claves, hasta la fundación de sindicatos blancos, es decir, sindicatos fundados directamente por los patrones para cuidar sus intereses.
Por tanto, en los últimos años, ambos derechos han sufrido duros golpes a través de reformas y abusos que nadie controla, porque los puestos de trabajo que se ofrecen carecen de estabilidad en el empleo, al mismo tiempo carecen de respaldo sindical, ya que es muy fuerte la ausencia de sindicatos clasistas y combativos que luchen por derechos laborales.
Pero, no es coincidencia que ante la falta de sindicatos que defiendan los intereses de la clase trabajadora el derecho a la estabilidad laboral haya disminuido y la precariedad haya crecido a gran escala, ya que van interrelacionados, puesto que la estabilidad y la sindicalización son el mismo derecho, caras distintas de la misma moneda.
Para ejemplificar, supongamos que un trabajador entra a laborar a una empresa X, en la que su contrato estipula que es por tiempo indeterminado, en otras palabras, tiene estabilidad en el empleo, pero la empresa tiene un sindicato dominado por burócratas que no defienden los derechos de sus agremiados; luego de un tiempo, la empresa X despide al trabajador de manera injustificada; el trabajador reclamar esta situación ante el jefe de la empresa y recibe la clásica respuesta “hazle como quieras”; luego, este trabajador acude a su dirigencia sindical para que lo apoye, pero no recibe respuesta favorable, por lo que el despido es lo que se asienta y, por más que sea ilegal por derecho, es un hecho.
Como es posible notar, el derecho a la estabilidad no es, por sí mismo, una garantía de no ser despedido, puesto que, al ser un discurso normativo, si no cuenta con la fuerza material para ser cumplido y respetado, puede ser violentado por el patrón con toda impunidad.
Esto es así porque el goce de derechos tiene una marca de origen, el cómo fueron obtenidos: con organización y lucha.
Así, para conservar derechos no basta que estén estipulados en leyes como nos hacen creer, sino que es necesaria la organización combativa y la unidad, para mantenerlos.
Por eso mismo, es que el derecho a la sindicalización es una de las formas de aplicación práctica del derecho a la estabilidad en el empleo, sin el primero, el segundo vale poco y no se hace efectivo.
La lucha independiente de la clase trabajadora
Frente a dicha situación, heredada del neoliberalismo y sostenida por el gobierno de Morena profundizando todos sus efectos contra las mayorías trabajadoras, es necesaria una salida independiente de los gobiernos y los sindicatos charros, que luche, en primer lugar, por basificar a todos los trabajadores para que accedan a los beneficios que ofrecen los CCT´s, incluso ampliando los beneficios contenidos en estos. Lucha que apunte a abolir la precarización laboral, tanto en los hechos como en las leyes, para que toda empresa que despida, reduzca el sueldo, asigne tareas que no les corresponden o reprima a sus trabajadores, responda por ello, llegando incluso a la expropiación sin indemnización, de ser necesario.
Pero, como toda basificación implica también sindicalización, se hace necesario dar una pelea contra la burocracia sindical que, en esencia, son los agentes de los patrones, y están al frente de nuestras organizaciones, y por ello se requiere echarlos de los organismos laborales.
Esta división, que existe entre la clase obrera, de sindicalizados y no sindicalizados, es producto de la complicidad de estas burocracias con los empresarios y las autoridades laborales, son ellos los primeros en negarse a dar la afiliación a los trabajadores inestables, que termina por afectar a los propios agremiados sindicales cuando sus direcciones charras pactan la pérdida de derechos, por ejemplo, salarios magros que terminan por precarizar a los sindicalizados, y si reclamamos nos dicen, “si monte gusta vete, afuera hay miles que querrían tu puesto por la mitad de salario”, utilizando el chantaje de nos no sindicalizados contra los sindicalizados.
Por eso es que se hace necesario construir agrupaciones clasistas dentro de los gremios, que peleen por recuperar los sindicatos junto a la unidad con otros sectores; que se planten como primera tarea luchar por el reconocimiento sindical y la basificación de todos los trabajadores precarios, y que estos organismos laborales sean independientes, tanto de los empresarios como del Estado y sus instituciones.
Para ello, es fundamental promover la más amplia unidad entre los propios trabajadores, para conquistar la fuerza suficiente que nos lleve a la victoria y recuperemos nuestras conquistas.
En este sentido, invitamos a todas y todos los trabajadores a sumarse al Movimiento Nacional contra la Precarización y los Despidos (Monapred), con el fin de forjar esta unidad necesaria entre los sindicalizados y los no sindicalizados y alcanzar juntos los mismos derechos.
*Victor Romero Escalante es profesor universitario despedido por luchar contra la precarización laboral. Integrante de la Asamblea de profesores de la UACM en lucha y el Monapred
*Rafael AR Escalante, es profesor universitario precarizado e integrante de la Agrupación Magisterial Nuestra Clase