Parte de la exposición que fue presentada en el foro-conversatorio “Caídos en democracia y lucha contra la represión”, a 5 años del asesinato de Manuel Gutiérrez.

Pablo Torres Comité de redacción La Izquierda Diario Chile
Jueves 25 de agosto de 2016
Tras las numerosas palabras de destacados compañeros que son parte de las luchas contra la represión como Miguel Fonseca, de la Agrupación de Victimas de la Violencia Policial y del caso Manuel Gutiérrez, así como los compañeros mineros que estuvieron el año pasado en la lucha en que cayó asesinado a Nelson Quichillao, y quizá con mucha menos experiencia, algunas cuestiones centrales me gustaría introducir en estas reflexiones:
1.- Este último mes ha habido dos masivas movilizaciones en las calles contra las AFP: 24 de julio 500.000 personas en todo el país, y 21 de agosto, 1 millón de personas. Tras las luchas por la educación gratuita el 2011, que abrieron un antes y un después en el país, con un cuestionamiento masivo en las calles a una “herencia de la dictadura”, un segundo cuestionamiento estructural genera movilizaciones de masas y simpatías mucho más grandes, con un fuerte componente de familias trabajadoras, aunque menos orgánico y más diluido.
Este sistema de AFP masivamente cuestionado y comprobadamente contra el pueblo trabajador en las pensiones de miseria: ¿Cómo se pudo instalar “de la noche a la mañana”? ¿Cómo se pudo imponer un sistema privado de apropiación forzosa de los recursos de los trabajadores (10% del salario) para la capitalización e inversión de grandes empresas?
De misma forma que se instaló el Plan Laboral, las leyes de educación, las leyes de salud, privatización y entrega del cobre y los recursos naturales, privatización de las empresas estatales, educación, salud, vivienda. Dicho de otra forma: ¿cómo se pudo instalar un sistema de contrarreformas brutales a las condiciones de vida de las masas trabajadoras?
Mediante una contrarrevolución violenta: por la fuerza directa, represión física, asesinato, torturas, desapariciones, exilios, terror. El elemento coerción directamente. La imposición de la voluntad de la clase dominante mediante su aparato “químicamente” puro: las Fuerzas Armadas. No se hizo mediante parlamento ni métodos de consenso, sino para acabar con el proceso revolucionario de 1970-73 que protagonizaron los trabajadores y el pueblo.
2.- Esa contrarrevolución violenta, en la cual la clase dominante “refundó” el capitalismo chileno (nichos de acumulación, estructura social y productiva, etc.) estructuró una especie de “Estado policial” junto al manto de un régimen democrático “blindado”, con más apariencias formales que reales. En el caso del aparato militar o policial, se expresa en varias cuestiones:
Con estos elementos, la “reconciliación nacional” de la transición de la Concertación, Alianza, Militares, buscó imprimir un amplio consenso en el fortalecimiento del poder policial y militar hacia la sociedad, que se expresó en un apoyo importante, aun en los casos de “catástrofe” y excepción constitucional donde hay jugado un rol de destitución del orden inmediato.
En el caso de las Fuerzas Armas y en particular el Ejército, ya empieza a pegar en su descrédito los casos de corrupción ligados a la Ley Reservada del Cobre, y particularmente en el procesamiento de altos mandos como el ex Comandante en Jefe Juan Miguel Fuente-Alba; asimismo los casos de Derechos Humanos, procesado Juan Emilio Cheyre por casos de la Caravana de la Muerte (ex Comandante en Jefe que pidió el “perdón institucional” por los casos de DDHH).
3.- ¿Qué demuestra las enormes manifestaciones contra las AFP por un lado, y por otro, la crisis y rechazo de las instituciones (no sólo políticas como Gobierno, figura presidencial, parlamento, sino también empresarios, Iglesia, y aunque se mantienen en los mejores niveles, también cae la policía, Ejército, etc.)?
Hay una fuerte crisis de hegemonía de la clase dirigente. Del gran capital nacional y extranjero y de sus representantes políticos, Chile Vamos y Nueva Mayoría; del pacto de la transición y las “herencias” de la dictadura, cada vez más cuestionadas en las calles.
Esa pérdida de hegemonía se expresa en el rechazo a las instituciones, en las movilizaciones sociales, en la pérdida de sentidos comunes y la apertura de nuevas formas de pensar, marcados también por la presencia de una nueva generación, pero que va mucho más allá. Pérdida de hegemonía en que el consenso social y político está cuestionado y en crisis.
Debilitada la salida de reformas burguesas que era Bachelet (aunque logró debilitar relativamente al movimiento estudiantil) y profundamente cuestionado el sistema político con los más grandes niveles de rechazo a todas las instituciones, entra a jugar un papel importante el fortalecimiento de medidas o formas “bonapartistas”, de autoridad, en el marco de este Estado capitalista con democracia formal y un poder importante de las fuerzas militares y policiales.
El factor “orden” o fuerza también toma más peso. Veamos los últimos meses en el régimen: leyes de impunidad, golpes de fuerzas internos como las tensiones entre el Servicio de Impuestos Internos y Ministerio Público, y al interior de ellas, por paralizar las investigaciones de corrupción, donde viene destacando el “partido judicial”; ley mordaza (contra filtraciones a la prensa); leyes de criminalización como la Agenda Corta Anti-delincuencia y el control de identidad preventivo, otra vuelta de tuerca hacia la “detención por sospecha”.
Y políticamente, las figuras del orden tipo “hombres de Estado” aparecen como presidenciables, como figuras de “autoridad”: Lagos, Piñera.
Es decir, está relacionado también el factor “fuerza” con la crisis de hegemonía de la clase dirigente, y el cuestionamiento pasivo y activo de una gran mayoría del pueblo trabajador.
4.- Esta especie de “Estado policial” permanente lejos de reformarse en términos “democráticos”, se tiende a reforzar como salida al aumento de las contradicciones y el conflicto social y política, es decir, al aumento de lucha de clases. Por eso, se ha fortalecido el aparato estatal en La Araucanía. En las movilizaciones estudiantiles desde torturas, detenciones masivas, abuso sexual, asesinato. En las huelgas y luchas de trabajadores, cada vez más represivo. Cuestionada la brutalidad policial, actúa también cada vez más como “partido propio” (sería un elemento mayor pero no menos interesante analizar), como las últimas declaraciones del Jefe de Carabineros sobre las pensiones o el 21 de mayo, y se le otorga mayores facultades para controlar y reprimir por parte del parlamento.
Las movilizaciones masivas por reivindicaciones sociales y democráticas choca con “nichos” del capitalismo chileno al tocar intereses de una clase social minoritaria (en el país, el 1% se lleva el 31% del producto nacional), pero poderosa y con los intereses de su Estado.
Las ilusiones reformistas en el aparato armado del Estado que alientan organizaciones de izquierda y que ha sido una postura “clásica” del reformismo (con protocolos de seguridad o formación de Derechos Humanos al personal represivo del Estado, que incluso llegó al carácter exacerbado de la “tradición democrática” que se le dio al Ejército durante la Unidad Popular), es también la expresión aún de fuertes ilusiones democráticas y de reformas de un régimen y un sistema social sistema político incapaz de satisfacer estas demandas y anhelos.
Pero en esa experiencia de luchas y demandas, un Estado y policía que choca cada vez más de forma directa con las reivindicaciones sociales y democráticas de las calles, y los intentos de reformas burguesas moderadas, ganan cada vez mayor rechazo por izquierda y en las calles.
Por ese el factor de la represión policial o la criminalización empiezan a ser cada vez más aspectos “sentidos” por la población, que también abren luchas democráticas frente a los abusos de todo tipo, que hay que impulsarla, desarrollarlas, denunciar cada hecho de represión buscando activar la sensibilidad de amplias masas, y canalizar esa rabia, odio y energía en auto-organización desde las bases, en las empresas, minas, fábricas, universidades y escuelas, para transformarla en una gran fuerza social de trabajadores, jóvenes, mujeres. Hay que terminar con la Justicia Militar como sostienen los compañeros de la Agrupación de Víctimas de la Violencia Policial, terminar con el poder de las Fuerzas Armadas y sus recursos “reservados del cobre”, el juicio y cárcel común a los militares de la dictadura, poner fin al abuso policial y la represión, alentar las luchas democráticas mediante la organización y movilización, y avanzar a terminar con la policía y las fuerzas armadas como organismos de represión contra el pueblo trabajador.
En el aspecto más estricto de lucha callejera, hay ejemplos que pueden desarrollarse en nuevos procesos de lucha de clases, como hicieron los mineros con elementos de auto-defensa obrera en las barricadas en que la policía asesinó a Nelson Quichillao (que contaron los compañeros mineros), y las diversas luchas de calles, barricadas y enfrentamientos policiales, donde tienen también mucha importancia las “revueltas regionales” de los últimos años (en particular la “batalla del Puente Ibañez” de Aysén el 2012). Los elementos de auto-defensa en las luchas estudiantiles (con barricadas masivas el 2011, aunque con una amplia vanguardia forjada los últimos años, y aunque un menor apoyo en sus métodos, un gran apoyo en sus demandas), que enfrentan la violencia y brutalidad policial; elementos de “guerrilla” mapuche en comunidades del sur del país. En el movimiento obrero, más ampliamente en el fenómeno de las “huelgas ilegales”, con aumento de “piquetes” y “paros”, aunque aisladas, parciales, con muchas derrotas parciales también.
Las grandes movilizaciones contra las AFP y el llamado a un Paro Nacional puede abrir una nueva vía de desarrollo de la lucha de clases, con la potencialidad de ser una activa y masiva fuerza social movilizada del pueblo trabajador, y con el límite aún de ser menos “orgánica” que tensiona a que se diluya en grandes marchas de presión, masivas pero impotentes.
5.- Más de conjunto, el aparato represivo del Estado capitalista está ligado a la defensa de los intereses de grandes familias capitalistas, nacionales y extranjeras. Terminar íntegramente con estas “herencias” de la dictadura que sostienen a esas grandes fortunas, con el capitalismo chileno instalado con dictadura militar y sostenida con combinación de coerción y consenso durante la larga transición, no vendrá ni por una reforma del sistema ni por la reforma de su poder armado garante de dicho sistema.
Terminar con la herencia de una contrarrevolución violenta, de un régimen de una casta de políticos millonarios y un Estado casi policial contra el pueblo trabajador y la juventud que se movilizan, es una gran tarea que sólo puede estar en manos de los trabajadores, estudiantes, mujeres, oprimidos, de su auto-organización y movilización. Será la tarea de la revolución, de un auto-gobierno de los trabajadores.
Para ello, quienes impulsamos La Izquierda Diario, buscamos tomar y que se involucren cientos de trabajadores, estudiantes, mujeres, con sus denuncias y reflexiones, sus luchas y movilizaciones, represiones y criminalizaciones sufridas.
Desde el PTR, que impulsamos LID, desarrollamos también actividad en las fábricas y empresas, universidades y liceos, comisiones de género, movilizaciones, etc. y a la vez que en la lucha de clases, luchamos por una alternativa política revolucionaria que de combate en todos los terrenos, estudiantiles, sindicales, electorales, para que emerja una fuerza anti-capitalista de los trabajadores, las mujeres y la juventud, independiente de los empresarios y sus partidos, Chile Vamos y la Nueva Mayoría, que lucha en las calles, empresas y universidades, y en el terreno político y de las ideas.
Una alternativa política de los trabajadores y anti-capitalista, que tome e impulse las demandas democráticas progresivas para desarrollar la movilización contra el régimen y sus engaños, que desarrolle la auto-organización y movilización obrera y popular, y que frente a los intentos de reformas del Estado y el sistema, sea una gran fuerza política anti-capitalista organizada en las empresas, fábricas, escuelas y universidades, y con influencia en amplios sectores del pueblo trabajador.

Pablo Torres
Dirigente nacional del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR). Autor y editor del libro Rebelión en el Oasis, ensayos sobre la revuelta de octubre de 2019 en Chile, Edición Ideas Socialistas, 2021.