El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha convertido a la migración en el tema central de la relación entre Estados Unidos y los gobiernos de Centroamérica y México; las nuevas disposiciones hacen imposible para un solicitante guatemalteco ingresar a ese país.
Miércoles 25 de septiembre de 2019
El encargado de Negocios de la Embajada de EE. UU. en Guatemala, David Hodge, reafirmó lo que la semana pasada enfatizó el presidente Donald Trump y su asesor para Asuntos del Hemisferio Occidental, Mauricio Claver-Carone, en el sentido de que las personas que huyen de sus países deberán pedir asilo en el primer país donde puedan hacerlo y sostuvo que solo podrán solicitarlo en EE. UU. aquellos que lo hayan hecho antes en otro país y éste se lo haya negado.
Así, Trump da continuidad y recrudece su política antimigrante, presionando a los gobernantes de toda la región para que contengan la mayor cantidad de migrantes que se dirigen al norte y cruzan la frontera de Estados Unidos.
El funcionario estadounidense subrayó que incluso aquellos que pidan asilo en México y este país lo llegara a negar, tampoco tendrían oportunidad de ingresar a EE. UU., ya que las disposiciones contenidas en la política “Quédate en México” especifican que el solicitante será devuelto al vecino del sur una vez haya hecho la petición. Con esto, menos del 10 % de las solicitudes de asilo que ingresan los guatemaltecos se aprueban.
Mientas las medidas de seguridad en la frontera sur se endurecen cada vez más, con mayor presencia de personal del Departamento de Seguridad Nacional, de la Guardia Nacional y de la Patrulla Fronteriza para contener la migración irregular, miles de personas se enfrentan a la represión del gobierno mexicano y al escenario de ser detenidos y deportados para acatar los dictados de la Casa Blanca.
Junto a estas medidas, las autoridades migratorias estadounidenses anunciaron también que reanudarán la detención de familias migrantes en la frontera sur de Texas, según informaron el pasado lunes algunos medios locales.
El Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) enviará a las familias centroamericanas que ingresan ilegalmente a Estados Unidos a un centro de detención en el condado de Karnes, San Antonio, donde cientos de migrantes fueron recluidos desde mayo pasado.
La medida resurge luego de que se registrara un descenso significativo en las detenciones de migrantes en el sur de Texas, posteriormente a que el gobierno de Donald Trump obligara a México a frenar el paso de migrantes.
Por diferentes medios, se sabe que las instalaciones de Karnes albergaban a unas 700 mujeres que serán transferidas a otras cárceles previo a la llegada de más migrantes. El centro de detención tiene capacidad para unas 800 personas, según el grupo GEO, que administra gran parte de las cárceles y edificios en los que ICE retiene a migrantes.
Las familias pueden pasar varias semanas en este centro hasta que hayan pasado las entrevistas iniciales para el asilo. Luego, les darán una fecha para que se presenten a la corte frente a un juez de migración y serán liberados.
Sin duda, el conjunto de países centroamericanos -sobre todo del llamado Triángulo Norte- son una olla de presión a la que se agrega el lastre de décadas de expoliación capitalista en toda la región, por lo cual cada vez se hace más urgente responder a los planes que precarizan la vida y violan los derechos humanos en México y Centroamérica.
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