Según el Washington Post, en EE.UU. ha habido 204 tiroteos masivos de enero a la fecha; estadísticamente es uno por cada tantos días en lo que va del año.

Óscar Fernández @OscarFdz94
Martes 28 de julio de 2015
El artículo del Washington Post se propagó rápidamente por las redes sociales. Los datos han sido recopilados desde el subreddit GunsAreCool (“las armas de fuego son geniales”) y cuenta con una base de datos con referencias de prensa de cada tiroteo, según la cual ha habido tantos tiroteos por tantos días del año.
Sin embargo, otras organizaciones han estado analizando el fenómeno de los tiroteos masivos en EE.UU., entendido como “tiroteo masivo” (“mass shooting”) a un enfrentamiento con armas de fuego donde resulten heridas y/o muertas más de cuatro personas. El sitio Mother Jones cuenta con una base cuyos datos indican que ha habido 71 tiroteos desde 1982, de los cuales, casi todos fueron perpetrados por hombres. Sin embargo, el reciente análisis independiente mostrado por el Washington Post muestra los niveles alarmantes a los que ha llegado el fenómeno de las armas de fuego.
Al norte del Bravo, “tragedias”…
Para la prensa burguesa, este fenómeno es “difícil de explicar”. El Washington Post cita esta declaración de Fox News, que dice que los asesinos “son muy raros de encontrar y sus acciones difíciles de predecir. Es como tener un pajar muy grande y muy pocas agujas”.
Claro, la prensa burguesa, y en especial la de la derecha, reduce el problema a una cuestión de personalidades que están por fuera de la norma. Para ellos, los asesinos “tienden a ser gente que son un fracaso: fracasaron en sus trabajos, en su educación, en sus matrimonios y sus habilidades para enfrentar las frustraciones de la vida se degradan. Están aislados, no tienen muchos amigos cercanos para que sirvan de apoyo y tener una noción de la realidad”.
Recordemos que la cobertura de Fox News sobre el tiroteo en Carolina del Sur trató de borrar por completo el innegable peso que tenían las motivaciones raciales del asesino Dylan Roof en su ataque a la Iglesia Africana Metodista Episcopal de Charleston, tratándolo como si fuera un desadaptado –y quitando el hecho de que en su manifiesto declarara que “los negros son estúpidos y violentos”– y en cambio puso el acento en que el tiroteo era un “ataque a la fe”. El Huffington Post declaraba que este era el 91avo ataque a una iglesia negra desde 1956.
Para el Washington Post es imposible ignorar las consecuencias de este hecho: “tuvieron que pasar 150 años y una tragedia nacional para que el país lograra acordar un consenso como el del significado de una bandera de batalla”, en referencia a la Bandera Confederada, que es usada por muchos grupos supremacistas blancos.
Lo que no dicen los medios burgueses es que el problema va más allá de unos cuantos individuos que se les botó la canica. Si fracasaron en sus trabajos, es porque el trabajo es precario y flexibilizado; si fracasaron en la educación, es porque los planes de estudio benefician a quienes pueden pagarlo y no hay recursos para las escuelas públicas (pero sí para el gasto militar); si fracasaron en sus matrimonios, es por una cultura que enfatiza al individuo y al egoísmo en lugar de una integración social real.
Y en especial, no cometerían tales atrocidades si no fuera porque el estado avala el racismo desde sus instituciones, los medios de comunicación, próceres esclavistas en los billetes, la bandera confederada, declaraciones xenófobas como las del reaccionario Donald Trump, discriminación política, económica y social para las minorías, etc. Si bien Segunda Enmienda declara la libertad de cada ciudadano de portar armas, en los hechos esta libertad es prácticamente ejercida por los blancos (quienes cometen la mayoría de estas masacres) y defendida por la Asociación Nacional del Rifle –uno de los sectores más reaccionarios en EE.UU.; nada progresivo se puede esperar de ellos–, mientras que para otras minorías, portar armas es firmar una sentencia de muerte a manos del Estado.
Por eso, no resulta sino hipócrita que la clase política estadounidense y la élite gobernante lance condolencias mientras que son ellos quienes deportan en masa a los migrantes latinoamericanos, asesinan a la juventud negra y vigilan con extrema paranoia a los sectores árabe-musulmanes integrados a la sociedad.
…Y al sur del Bravo, militarización y opresión
Pero si movemos a las víctimas unos cuantos kilómetros al sur, éstas son ignoradas por los medios estadounidenses. Las tragedias en ese país son solamente una cara de la moneda, pues el negocio de armas va más allá de muertos y heridos por un asesino “raro y sin amigos”.
El tráfico de armas de EE.UU. tiene sus consecuencias en México en la Guerra contra el narco. Cerca del 70% de las armas usadas por el crimen organizado provienen de EE.UU. y políticas como la Operación Rápido y Furioso solamente han coadyuvado a que esta situación se mantenga. Para México, el negocio de las armas de EE.UU. se traduce en políticas de militarización en varios estados para controlar el descontento social, mayor criminalización de los migrantes y mayor degradación social (feminicidios, desplazados, etc.).
Aún hay quien piensa que en EE.UU. no hay problemas raciales, que es un "faro de libertad", defensor de mundo y gendarme internacional. Pero a partir del escándalo de las violentas detenciones y asesinatos de jóvenes negros por todo Estados Unidos, cuyo caso más reciente es el de la dudosa muerte de Sandra Bland, una cloaca que habían intentado sellar con "democracia" y presidentes negros, se ha abierto. El racismo de la policía estadounidense sólo demuestra la podredumbre de los brazos armados del Estado, el odio infinito que el capitalismo crea hacia los sectores más oprimidos y explotados por el simple hecho de no pertenecer a una clase social, no ser de un color, por no practicar la religión en boga o simplemente por ser joven.
Gran rabia da que, mientras al asesino de nueve personas pertenecientes a la comunidad afroamericana lo escolten con total tranquilidad, le pongan un chaleco antibalas, y no muestre signos de golpes ni forcejeo por su arresto, a Eric Garner, Mike Brown, Vonderrit Mayers, y a tantos otros nombres cuya lista haría este artículo interminable, la racista y asesina policía los golpeó, baleó y finalmente asesinó sin haber hecho nada excepto ser jóvenes, negros y de familias trabajadoras.
Por eso, los trabajadores y jóvenes estadounidenses no tienen nada que esperar de este sistema actual y de su falsa democracia. La frase de Lenin no deja de tener vigencia: “la democracia burguesa es la libertad de decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el parlamento”. La unión de los trabajadores, sin importar su raza, a eso temen tanto demócratas y republicanos, y sólo así se podrá poner fin a este y muchos otros problemas a los que se enfrentan los obreros y la juventud en EE.UU.

Óscar Fernández
Politólogo - Universidad Iberoamericana