Quienes dedicamos nuestras vidas a la educación de las hijas e hijos del pueblo trabajador, tenemos el gran compromiso de luchar contra toda forma de violencia hacia las mujeres.
Viernes 16 de noviembre de 2018
Este 25 de noviembre “Día Internacional por la Erradicación de la Violencia hacia las Mujeres”, llega a México en un contexto contradictorio: por un lado las expectativas democráticas frente a la llegada del nuevo gobierno y por el otro, el aumento brutal de feminicidios y la violencia de género a lo largo y ancho del país.
Tras la administración de Enrique Peña Nieto, la cifra de mujeres asesinadas pasó de 7 a 9 por día. Sumado a esto, las condiciones de vida y trabajo para miles de mujeres han empeorado, pues la violencia no se manifiesta solo en las calles o en los hogares, sino que también se expresa en los centros de trabajo.
Como maestras nos enfrentamos a la violencia no sólo por nuestra condición de mujeres, sino también como trabajadoras. En las escuelas vivimos los terribles efectos de la maldita Reforma Educativa, pues las cargas administrativas aumentan cada ciclo escolar, el número de alumnos por salón crece como consecuencia del cierre de turnos vespertinos en las escuelas y los salarios no corresponden al trabajo realizado, además de ser insuficientes para una vida digna.
El estrés de tener que entregar constantemente reportes, evidencias y evaluaciones, nos priva de tiempo para atender las necesidades más relevantes de nuestras alumnas y alumnos. A esto se suma el hostigamiento y represión por parte de las autoridades educativas, para acallar nuestras inconformidades, y que junto con las madres y padres de familia, sobrellevemos las carencias en las escuelas públicas.
Las condiciones de las escuelas implican también un riesgo para nuestras vidas y las de nuestros alumnos, pues trabajamos con la incertidumbre de no saber si en un próximo sismo las paredes de nuestro salón se van a derrumbar, al no haberse garantizado la reconstrucción y peritajes a fondo en las escuelas.
Compartimos con nuestras alumnas el temor de ser acosadas, violentadas, desparecidas o asesinadas en el viaje de la casa a la escuela o de regreso. En voz de nuestras alumnas, sabemos el dolor tener una hermana o amiga desaparecida o asesinada.
Son estas niñas y adolescentes expuestas cotidianamente a la violencia, las que después son privadas de una educación sexual integral que en consecuencia las arroja a embarazos no deseados, que las llevan a abandonar sus estudios y a trabajos precarios, a abortos clandestinos en los que arriesgan sus vidas, al no estar garantizado el derecho a decidir sobre sus cuerpos.
También vemos el desplazamiento y la incorporación de nuevas alumnas y alumnos que junto a sus familias se ven obligados a dejar sus lugares de origen y buscar mejores condiciones de vida. Tal es el caso de las mujeres migrantes de Centroamérica que ante la barbarie en sus deciden poner en riesgo sus vidas con la esperanza de un futuro más alentador para ellas y sus familias.
Maestras presentes en el 25N
Quienes dedicamos nuestras vidas a la educación de las hijas e hijos de nuestras compañeras y compañeros trabajadores, tenemos el gran compromiso de luchar contra toda forma de violencia hacia las mujeres.
Como maestras entendemos que los abusos sexuales, feminicidios y las múltiples situaciones de opresión, discriminación, degradación y subordinación tienen un origen histórico. Así como tuvieron un principio, pueden tener un final.
Hacemos un llamado a las compañeras maestras, a las madres de familia, a las trabajadoras de todos los gremios, a las amas de casa y a toda mujer que busque ponerle fin a la opresión y a los tratos crueles, violentos y desiguales a movilizarse este 25 de noviembre junto a Pan y Rosas.
Pongamos en pie un gran movimiento de mujeres en las calles contra el feminicidio, la violencia machista y el trabajo precario; por educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal, seguro y gratuito para no morir.