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Red Internacional
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Gobierno PSOE Podemos. Este es el modelo “norteamericano” de universidad empresa que defiende el futuro ministro Manuel Castells

En diferentes artículos, el próximo Ministro de Universidades se ha mostrado a favor de la suba de las tasas universitarias, la financiación de las universidades por parte de intereses privados y en contra de que estudiantes y trabajadores puedan escoger a los rectores.

Miércoles 8 de enero de 2020

Finalmente, y por un muy estrecho margen, Pedro Sánchez ha sido investido presidente. Todavía queda por conocerse oficialmente su gabinete completo de ministros. Sin embargo, días antes de la investidura se han ido filtrando algunos de los nombres que ocuparán las carteras ministeriales en el nuevo gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos.

A propuesta de Ada Colau, uno de ellos es Manuel Castells, reconocido catedrático de sociología, que dirigirá el nuevo Ministerio de Universidades. Este se escindiría del anterior Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades dirigido por Pedro Duque.

Castells tiene una extensa obra en la que aborda, entre otras cuestiones, el impacto de las nuevas tecnologías y la sociedad de la información. Pero lo que nos interesa en este artículo es su opinión y propuestas en relación con las universidades. Pensamiento que ha ido desarrollando en diversas columnas de opinión y que aparece muy en sintonía con el proyecto neoliberal y de universidad-empresa que se viene desarrollando, especialmente, durante la última década.

Así, el año 2008 cogió a Castell defendiendo el Plan Bolonia que se constataría años más tarde como la ruina de la universidad pública. En su artículo “La universidad a debate” Castell discutía contra la idea que defendía el movimiento estudiantil sobre el Plan Bolonia, negando que este supusiera la privatización y mercantilización de la universidad. De hecho, el futuro ministro defendía entonces la financiación privada de las mismas, proceso que terminó de convertir a estas instituciones en verdaderos rehenes de los grandes intereses empresariales.

En ese mismo artículo, aconsejaba “aumentar el precio de las matrículas para que la parte más importante del presupuesto de las universidades dependa de la aportación de sus estudiantes y se vean obligadas a competir para atraer estudiantes ofreciendo mejor calidad y servicio”.

Lo que defendía Castells se llevó adelante en los años siguientes con nefastas consecuencias. La subida de tasas de hasta el 40% en 2012 expulsó a más de cien mil estudiantes de la universidad y, desde entonces el número de matriculados anuales no ha dejado de descender.

Pese a ello, al próximo ministro la gratuidad de la enseñanza superior le parece “regresiva” y apuesta por un modelo de competencia por el cual “las universidades que no den buen servicio tendrán que darlo si no quieren que los estudiantes se vayan a las que funcionen mejor”.

Para Castells, esto implica también cambiar el modelo de gobernanza universitaria. Opina que la elección de rectores por parte de estudiantes y personal es demagógica y a cambio propone que estos sean elegidos por “patronatos de personalidades independientes nombrados por quienes aportan los recursos”. Esos patronatos ya existen actualmente, son los Consejos Sociales, organismos copados por directivos de grandes empresas como el banco Santander que tienen la última palabra sobre los presupuestos, los planes de estudios y la investigación.

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Este catedrático toma como referencia el modelo universitario americano, uno de los más elitistas y de casi imposible acceso para las clases populares en Estados Unidos por su elevado coste. Para él, la clave del éxito de las universidades americanas, en comparación con las españolas, es la ausencia de control del Estado. “Lo más importante de Estados Unidos es que no hay un Ministerio de Universidades” escribía hace cuatro años. Qué paradójico.

Castells adopta sin tapujos la hipótesis liberal de que la participación estatal está detrás de la “ineficiencia” y la corrupción. Sin embargo, tras diez años de intensiva “participación privada”, los intereses de la casta universitaria y las grandes empresas han confluido, haciendo de la universidad el hogar de todo tipo de clientelismos e intercambio de prebendas. Revertir esa situación pasa por democratizar radicalmente las universidades, con mayor poder de decisión por parte de estudiantes, profesores y PAS, y no de limitarla más de lo que ya está como proponía el próximo ministro.

La verdad es que el pensamiento de Castells difiere muy poco de la ideología neoliberal por la cual la universidad tiene que adoptar las formas del mercado, sus rectores convertirse en una suerte de CEOS en busca de financiación privada que escapan a todo control de la comunidad universitaria, y el estudiantado ser un cliente de esta empresa que paga matrículas cada vez más elevadas, pero sin voz ni voto.