Estudiantes de la FES Acatlán no han podido levantar un acta sobre la desaparición del activista Daniel Rosell, quien se encontraba en huelga de hambre, por falta de datos personales. Algunos dicen que las autoridades de la FES Acatlán desalojaron a Rosell en la madrugada.

La Izquierda Diario México @LaIzqDiarioMX
Lunes 17 de febrero de 2020
Estudiantes de diferentes carreras denuncian en asambleas que miembros de la comunidad universitaria han filtrado información sobre la desaparición del activista Daniel Rossell, quien habría sido desalojado el sábado en la madrugada, entre la 1 y las 5AM por la puerta que da a la calle Yaquis, la cual se encuentra entre las canchas de fútbol y la cafetería-librería.
Tras 12 días de huelga se le vio por última vez en la FES Acatlán el viernes 7 de febrero. A la fecha no se tiene noticia de su paradero, se ha intentado levantar la denuncia por desaparición ante el ministerio público de Naucalpan, sin embargo la falta de datos personales no permitió proceder legalmente.
Indiferencia y silencio
Las autoridades han guardado silencio, para ellos alguien que poco a poco está muriendo en la principal explanada de la facultad no merece ser nombrado, por el contrario, si muere que no sea adentro. La facultad más grande de la UNAM resulta ser un espacio inhóspito para la empatía, la solidaridad e imposible para los derechos estudiantiles y humanos. Las autoridades no dan tregua, no escuchan a la comunidad cuando dicen oir; ven los problemas, pero no prestan atención. Y cuando atienden los problemas, es porque sus intereses (puestos, nombres e ingresos) se han visto amenazados, el deseo e intención no es genuino, es hipócrita y desleal a la comunidad.
Vigilan, persiguen y eliminan la difusión de los intentos de reunión de los jóvenes estudiantes. Daniel Rossell sufrió estos actos contra su prensa, contra sus murales y contra su persona. Desde hace años ha sonado entre las explanadas de la FES Acatlán las consignas de “comedor público y gratuito”, “transporte directo y seguro: pumabus” y hoy en día con mucha más fuerza “alto a la violencia de género”.
Estas y otras consignas fueron abrazadas por Rossell, sin embargo parecen ser palabras sin sentido para una administración que le interesa hacer notar lo “valioso” que son los jugadores de americano o lo hermoso que son los jardines y el color del cemento. Las demandas de los estudiantes son “imposibles“ de realizar para Manuel Martínez Justo, un director con múltiples vínculos con el PAN y el PRI del Estado de México.
La indiferencia y el silencio es el código moral de esta administración; el acallamiento y la persecusión, su práctica política. La administración que quita espacios a profesores, estudiantes y trabajadores de la comunidad, pero que sin ningún problema los abre o los renta a militantes de partidos políticos patronales como los mencionados ha hecho de nuestra facultad y de la UNAM un lugar inseguro.
Daniel Rossel para la administración de la FES Acatlán es solo un número más que se suma a la lista de desapariciones, de feminicidios y de asesinatos. Con Graue a la cabeza de la UNAM —quien por cierto pertenece al grupo de los médicos y continuador de José Narro, militante hasta hace poco del PRI y que tras su fin de rectorado se integró al gabinete de Peña Nieto— la violencia contra la comunidad no cesa: con más de 40 casos: siete feminicidios, 11 desapariciones y asesinatos.
Las autoridades desde el presidente de la república hasta los directores de las escuelas y facultades aluden a una “mano negra” que mueve e inestabiliza a la nuestra máxima casa de estudios. Esa mano negra es real y existe, es la rectoría, el tribunal universitarios, la junta de notables y la cadena de directores puestos a dedo por el mismo rector.
Es el priísmo, que tanto en la rectoría como en la FES Acatlán meten manos para controlar la universidad, en este control y dominio ha replicado las políticas de seguridad federal y obviado el desarrollo de los problemas. A estos oídos sordos y manos incompetentes los problemas de la universidad solo representan un simple ejercido: demostrar su capacidad de someter y desviar el descontento de las y los universitarios.
Ante el silencio y la indiferencia del director es clave fortalecer la organización estudiantil independiente de las autoridades, hay que exigir ni un desaparecido y desaparecida menos, ni una muerte más en la UNAM, basta de censurar, amonestar y criminalizar a los estudiantes que se organizan para pensar, discutir y proponer salidas a los problemas que nos ahogan.