Son de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQui) y desarrollaron un software libre y gratuito para ensayos colectivos sin moverse de las casas.
Martes 23 de junio de 2020 10:11
Foto: Página/12
Cuando la tecnología y las necesidades populares se encuentran, nacen grandes ideas. Así fue como, desde la Universidad Nacional de Quilmes, estudiantes e investigadores desarrollaron un software libre, llamado Sagora, para que los músicos pueden seguir ensayando en confinamiento.
En diálogo con Página/12, Diego Romero Mascaró, docente de la UNQui y director de la Escuela Universitaria de Artes (EUdA), dijo que “muchos músicos están muy preocupados por no poder ensayar, por no laburar. Zoom, Jitsi y Skype no nos ofrecen buenas soluciones porque se traban. Para nosotros, un segundo de desfasaje es un montón.
De la misma manera que ocurre con los deportistas, también necesitamos entrenarnos. Uno puede entrenarse solo, pero no tiene nada que ver con lo que -luego- ocurre cuando se practica con la banda. Al mismo tiempo, los pibes y las pibas de colegios y universidades no estaban pudiendo tener clases de música como se merecen, porque no existía una plataforma capaz de soportar. Nuestra iniciativa se presenta como una solución al respecto”.
Sagora, que ya fue traducida al portugués, inglés y francés y está en proceso de estar disponible en italiano y ruso, permite que se pueda ensayar e incluso hacer conciertos en vivo, una necesidad vital para los artistas y trabajadores de la música que tuvieron que cancelar todos sus shows.
Al respecto Mascaró explicó que "“Queríamos contar con un software que con un solo clic pudiera crear una sala de ensayo. Funciona mediante un password, con lo cual, la gente que accede a la sala es la que uno elige. Pueden ser tus alumnos, pero también los compañeros de la banda. La gente, tan solo, debe unirse a la sala y con eso cada individuo ya está listo para tocar. Creamos una estética amable, fácil de utilizar. Ya está a disposición de todo el mundo”.
En momentos de pandemia, el desarrollo de tecnologías que permiten mantener la cultura en funcionamiento, abre la discusión sobre la libertad del arte, por fuera del algoritmo de la ganancia de los empresarios del espectáculo y las plataformas que sólo difunden a quienes puedan pagarlo.
Iniciativas como esta permiten plantearnos cómo las nuevas tecnologías pueden ser puestas al servicio de los trabajadores y el pueblo, en este caso, para proponer un arte verdaderamente libre.