Compartimos la crónica de un estudiante y trabajador precarizado.

La Izquierda Diario México @LaIzqDiarioMX
Miércoles 22 de abril de 2020
Antes de la declaración de la fase 2 de la pandemia por coronavirus en México, en la Universidad se difundieron medidas para impartir clases ante una posible cuarentena: la respuesta mayoritaria fue “clases en línea,” ignorando, de esta manera, las dificultades que representan tanto para el alumnado como para la planta docente.
A continuación, presentamos una crónica, de un estudiante y trabajador precarizado.
Trabajo en una popular aplicación de reparto de comida. Mi jornada laboral empieza alrededor de las 2 de la tarde, algunes compañeres inician más temprano, a la hora del desayuno. Me conectó a la aplicación en mi celular y espero el primer pedido en una zona cercana donde hay un número considerable de tiendas de comida rápida.
En días buenos tardare algunos minutos en recibir el primer pedido, en días malos tardare horas entre un pedido y otro. El primero es de un super mercado, la distancia es considerable. Tardo aproximadamente 10 minutos en llegar, considerando la poca circulación de vehículos actual. El cliente pide botellas de vino y frituras, el pedido cuesta aproximadamente lo que con suerte lograré ganar ese día. Me dirijo a la dirección indicada por la aplicación entre calles vacías, en días anteriores a la cuarentena el tráfico vehicular era más del doble. Debido al bajo tránsito, los automovilistas se vuelven mas descuidados al manejar, muchos semáforos perdieron la razón de ser y debo ser más precavido al circular en mi motocicleta.
Entrego el pedido en el piso y me retiro siguiendo el procedimiento de entrega segura que nos comunicó la aplicación. El cliente toma el pedido y deja el pago en el suelo, me indica que puedo quedarme con el poco cambio que debía entregar. Cuento el dinero, lo guardo, y aplico gel antibacterial en mis manos. La aplicación/empresa para la cual trabajo jamás se preocupó por proporcionarnos cubre bocas o alcohol en gel. Espero que aplicarlo sea medida suficiente para evitar contagiarme, con lo poco que gano no podría pagar una hospitalización. Así transcurre mi día entre pedidos y esperas, dinero y antibacterial.
Después de varias horas necesito ir al baño. Cada restaurante que visito responde igual: el baño está cerrado, no hay donde lavar mis manos. Sigo pensando en si no estaré ya infectado, si el gel es suficiente para protegerme. Las ganas de orinar incrementan, ningún baño abierto. Orinar en la calle es imposible, me da mas miedo terminar inculpado de algo y en prisión, la policía necesita remitir una cierta cantidad de gente al día, cuota le llaman.
Entro a un McDonald’s que se volvió muy popular en esta cuarentena, antes jamás lo había visto. Siento un calor horrible, no quiero beber agua para no tener que volver a ir al baño, le pregunto a la cajera si es normal ese calor, contesta que no, que la gerencia apagó la ventilación al no haber servicio para comer en el lugar. Me entregan el pedido, salgo a la calle, nuevamente aplico gel y me doy cuenta que está a punto de agotarse, necesito buscar una farmacia y comprar más, también debo buscar un cubrebocas efectivo, no pude encontrar ninguno antes de que se agotaran.
Dan las 3 de la mañana y es hora de regresar a casa. Paso a cargar gasolina, me sorprende su bajo precio. Por la mañana me enteré que el precio del barril de crudo ha caído a 0. Llego a casa a las 3:40 porque terminé del otro lado de la ciudad, no tengo energías para preparar la cena así que decido dormir. El encierro y la pandemia me generan ansiedad, me provocan insomnio, son las 5 de la mañana y logro conciliar el sueño tras haber fumado un poco de marihuana, me ayuda a controlar la ansiedad.
Despierto cansado a las 11 de la mañana, preparo un desayuno, prendo la computadora y entro a otra aplicación, ésta es para revisar las tareas escolares asignadas durante la cuarentena, veo cuatro tareas pendientes. Sólo veo tareas, no hay un tutorial, un video o un libro. Busco la forma de acceder a la biblioteca virtual de mi facultad, nuevamente no responde, no tengo los libros, es hora de buscar los pdfs. Intento infructuosamente concentrarme en una de ellas, el estrés y el cansancio me impiden terminar los ejercicios, bien, mañana lo volveré a intentar.
En una notificación de Facebook, a través del cual mantenemos contacto con un profesor, nos comunica el calendario de tareas, actividades y exámenes contemplando fechas hasta junio, apenas puedo entender las lecciones entre el cansancio, el estrés y la de por si deficiente forma de comunicación con los ayudantes y profesores, tardan horas en responder correos o mensajes de Facebook.
Es la una de la tarde, debo comer antes de salir a trabajar. Cocino algo rápido, lo mismo de toda la semana. Enciendo mi motocicleta y me dirijo nuevamente a la misma esquina del día anterior, esperando no tener un accidente, esperando no contagiarme el día de hoy.
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