El defensor de la tercera edad porteño habla sobre el 82% móvil, las denuncias en el PAMI y las cuentas pendientes. “Es absurdo suponer que con estas jubilaciones alguien subsista”, afirma.
Sábado 5 de marzo de 2016
Fotografía: INFOBAE
Eugenio Semino es Jefe de Área de la Tercer Edad en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires. A lo largo de su carrera se convirtió en un referente de los asuntos relacionados a la Seguridad Social y los derechos de los jubilados.
En esta entrevista aborda temas recientes como las denuncias que recaen sobre la Obra Social de los jubilados y pensionados (PAMI) y las distintas -y eternas- cuentas pendientes con los “viejos”, gobierno tras gobierno.
Semino adelanta que desde su óptica la Seguridad Social (SS) tiene tres grandes pilares: el trabajo, la previsión y la salud y la educación. Y agrega: “Hay quienes hacen un reduccionismo de este concepto y hablan de Seguridad Social exclusivamente previsional, por eso se habla de jubilados”.
Para el entrevistado unos de los principales cambios del sistema de SS fueron sus fuentes de financiamiento. Al respecto afirma que “llegamos al siglo XXI con un esquema de la seguridad social conforme a lo que había sido la posguerra, es decir, financiado con aportes y contribuciones desde el trabajo. Este esquema de salida de la segunda guerra se da con una pirámide poblacional joven, donde el trabajo en gran medida estaba garantizado a partir de la reconstrucción, utilizando mano de obra barata como siempre. Esto no iba a durar para siempre ya que el capitalismo funciona a través de crisis”.
Y agrega que “estos esquemas se fueron debilitando. La pirámide comenzó a envejecer, existieron vaciamientos de empresas en toda la mitad del siglo XX; a la par que se malgastaba la plata de la SS, porque había una expectativa de vida baja.”
Para obtener mayor información al respecto de este tema, se puede visitar la página Gerontovida.
Gran parte de las reservas del Banco Central era guita proveniente de la SS (se dice que dos terceras partes).A partir de la privatización, el Estado tenía que seguir pagando los beneficios jubilatorios pero se recaudaba en el sistema privado: los bancos. Estos bancos -que eran 28 al comienzo y luego quedaron 8- recibieron su “coima del silencio” a través de las aseguradoras que diluyeron y después fueron absorbidas.
Este proceso tuvo como resultado desfinanciar el sistema, mientras los bancos se llevaron en 10 años aproximadamente 12 mil millones de dólares en concepto de comisiones, sin pagar siquiera impuestos ya que eran considerados gastos de administración. Cuando el negocio ya no les resultó rentable, a partir de 2006, pidieron ayuda al Estado. Es ahí cuando Kirchner se pasa de Orígenes AFJP al sistema público abriendo la opción por un corto período para cambiarse al Estado. En 2008 directamente los bancos quieren salir y Boudou fue el encargado de ofrecer una restitución de esos fondos al Estado.
Aclaro que yo estuve en contra de la privatización y a favor de la reestatización, sabiendo que con esa reestatización se iba a generar una AFJP estatal. De todos modos, con un criterio político equivocado o no, suponíamos que era posible dar una mayor disputa con esos fondos en esa AFJP gubernamental llamada ANSES, a que si eran diluidos en paraísos fiscales. A partir de ese momento la pirámide se achata, había un 17% de jubilados en la mínima que era de $150 más $50 de un subsidio.
Ahora el porcentaje de receptores de haber mínimo se expandió y alcanza un 53%. Son 2.500.000 de jubilados que pasan a cobrar $4960 en marzo. Y existen sectores más jodidos como las pensiones asistenciales que ascienden a 1.500.000 que cobran $3000 (discapacitados, madre de 7 hijos). Están todos en el sub consumo, muy por debajo de lo que aportaron al sistema y de lo que es su canasta básica que hoy ronda los $16.000.
Estos juicios (NdR por reajuste de haberes) se dieron cada vez que hay reajustes en la economía. En el año ochenta estuvo el caso Chocobar. Es una especie de darwinismo social: todos tenemos derechos pero sólo el más apto de la especie lo verá consumado, los que puedan vivir más que la media.
La primera gran discusión es que aceptar el 82%, implica aceptar una minusvalía, es el impuesto a la vejez. Yo no reconozco la condición de jubilado, el trabajador es siempre trabajador, en actividad o cesante, pero no deja de ser trabajador para convertirse en una cosa distinta. Porque esa conversión le genera una quita, una disminución de derecho.
Una sociedad bien puede convenir que la jubilación sea del 120%, pero para no irnos a Marx, el mismo Papa Francisco dice respecto a los viejos que está mal una sociedad sana que le da menos a quienes más lo necesitan. Pero esto no es por una relación de beneficencia o por respeto, expresa que si los viejos “ganan bien” es porque al mercado “le sirve”.
En la sociedad capitalista si no sos sujeto de consumo pasas a ser un objeto a ser consumido. Por eso el viejo pasa a ser un objeto pobre en términos de concepción, enfermo porque el medicamento a partir del viejo es un gran negocio que financia la política y otras actividades y así sucesivamente. Esto es muy importante ya que depende de eso si le damos $3,50. Así generamos un paradigma en el que vivimos: el de Dorian Gray, donde el joven quiere ser como es (joven) y no de otra forma, no se concibe como viejo si allí le espera ser pobre y enfermo.
Sobre la posibilidad de alcanzar un del 82% móvil (o más), es preciso clarificar las
fuentes de financiamiento de la SS. Es muy antiguo el concepto del financiamiento desde el trabajo, ya que como fenómeno del capitalismo, existe al menos en nuestro país. Un 40% de trabajo en negro, no todo reporta aportes. Hoy el 50% de los recursos que ingresan al sistema de seguridad social en la Argentina proviene de impuestos, principalmente el IVA. La paradoja es que el más regresivo de los impuestos y que más afecta a los pobres, y a la vez está bancando entre el 11 y el 17% de las jubilaciones. Los otros que financian en pequeñas proporciones son cigarrillos, ganancias, etc.
De esta forma existe un sistema donde los pobres bancan a los jubilados o los pobres jubilados se bancan a sí mismos a través del consumo. Disparatado, pero de esto no se habla porque sería meterse en un tema de reformas fiscales, debatir porque si el IVA y no otras fuentes como la renta financiera al juego. Al sistema político esto le pasa por el costado, y se sigue discutiendo como si fuera financiado con el trabajo exclusivamente para no entrar en este debate.
Simbólicamente no es lo de menos el sueldo del presidente, pero de todos modos hay un sistema político en la Argentina que tiene ciertos privilegios, y expresan una casta social. Esto es lo más grave y se ha instalado que el privilegio es parte de la vida política. Más que cuestionar si es mucho o poco lo que gana el presidente, no tengo duda que es una miseria lo que cobran los jubilados, es absurdo suponer que con 4, 5 o 6 mil pesos alguien pueda subsistir. Nosotros hacemos una canasta de jubilados cada seis meses, la última medición a precios de Octubre 2015 para una persona, incluyendo gastos de vivienda daba 8.611 pesos.
Ese contrato que sigue vigente, y pasaron gobiernos y presidentes, y es muy importante porque desde manejar un tercio del mercado, que es Pami, manejas el mercado del medicamento, fijas los precios. Entonces ahí hay un tema importante, y hasta el momento nadie intentó enfrentar.