En los últimos días nos hemos enterado de un nuevo caso de corrupción en Carabineros: 8 mil millones de pesos, gastados en lujos de oficiales y mandos medios; inmobiliarias, propiedades, automóviles, entre otros bienes.
Martes 14 de marzo de 2017
Indignación es lo único que este tipo de hechos causan a miles de personas que debemos trabajar aproximadamente 50 horas a la semana para alcanzar a sobrevivir.
Los altos mandos y los políticos, tanto de gobierno como de Chile Vamos, han salido a blindar a Carabineros, ya que tienen plena conciencia de lo importante que es que uno de los principales aparatos represivos y de control del Estado, se mantenga lejos de la crítica y rechazo de las masas.
Sin embargo, el argumento utilizado está igual de podrido que ellos mismos; es un intento más de tantos para intentar "tapar el sol con un dedo", abogando por mantener el nuevo robo del siglo en el marco de los “casos particulares”. De ahí la importancia de salir rápido a individualizar a los responsables, por supuesto, todos de bajo rango y mandos medios, para así no dejar espacio a que las criticas apunten a los altos mandos y mediante ellos a la institución completa y por supuesto al Estado de Chile, que por medio de la Contraloría General de la República debería fiscalizar el uso de los fondos fiscales.
Para incrementar la vergüenza ajena, dejan al gato cuidando la carnicería, ya que serán ellos mismos quienes se investigarán y juzgarán, como si con dar de baja a tal o cual se solucionará un problema que con creces sobrepasa el marco de un caso particular, sino que más bien se trata de un elemento más que expresa el nivel de descomposición de otra de las instituciones pilares para el sostenimiento del régimen.
Además de toda la historia represiva, en el último tiempo hemos conocido casos tan graves como bandas de policías uniformados y de investigaciones dedicados al tráfico de drogas y armas, como también al robo con violencia e incluso a los famosos portonazos, en coordinación con bandas de narcotraficantes y asaltantes como el caso de los uniformados de la tenencia de la población El Castillo de La Pintana, que actuaban como grupo de choque y de asalto de importantes narcotraficantes de la zona sur de Santiago.
Como vemos, esta situación sobrepasa con creces problemáticas de tipo “focalizadas” o “particulares”, sino que más bien responden a expresiones de una institución de naturaleza abusiva creada histórica, política y militarmente para proteger los interés de los ricos a toda costa, y que en estos momentos de crisis del modelo comienza a mostrar con mayor fuerza síntomas de resquebrajamiento y descomposición. Que al mismo tiempo son síntomas del propio régimen capitalista, el cual en última instancia solo podrá sostenerse temporalmente mediante el uso de la violencia para intentar controlar al pueblo trabajador y los sectores de la sociedad que con estas noticias no hacen más que profundizar su desconfianza y descontento con un orden absolutamente injusto, desigual, opresivo, explotador y, por ende, criminal.