Es teniente de esa fuerza y cumple tareas en el destacamento de General Cerri. Su “testimonio”, rayano con lo bizarro, fue usado por Berni y los suyos para desviar la investigación. La aparición del cuerpo de Facundo lo dejó al borde del procesamiento.

Daniel Satur @saturnetroc
Domingo 6 de septiembre de 2020 06:15
Todas las fuentes consultadas para esta nota, de una u otra manera, con palabras cuidadas o con insultos, coinciden en que Jorge Agustín Galarza es un tipo de pocas luces. Un hecho no menor, si se considera que el hombre de 45 años es teniente de la Policía Bonaerense.
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Lo cierto es que, sin desearlo ni proponérselo, el teniente Galarza se convirtió en una verdadera amenaza para los planes de sus superiores en torno al caso de la desaparición y muerte de Facundo Astudillo Castro. Lo que un principio ese padre de familia, católico apostólico y romano entendió como un servicio a la fuerza, haciendo honor al espíritu de cuerpo, hoy es un botón de muestra del plan de encubrimiento.
Pero antes, una breve contextualización. Porque Galarza es uno de los eslabones (débiles) de la cadena, pero no es el único. Y para entender qué rol cumple en esta trama hay que tener en cuenta en qué contexto aparece y por qué.
Luego de semanas de búsqueda ante la indiferencia policial, cuando Cristina Castro finalmente logró que el 5 de junio la Bonaerense le tomara la denuncia por averiguación del paradero de Facundo, se prendieron las alarmas en las comisarías de la región.
Inmediatamente comenzó una frenética carrera para, al tiempo que se fingía investigar, lograr desviar la investigación hacia el punto más lejano posible. Se desconoce quién tuvo la idea de “alejar” a Facundo de Mayor Buratovich y Teniente Origone. Pero es un hecho que el objetivo pasó a ser “colocar” al joven en Bahía Blanca, fuera como fuera.
Mientras un grupo de policías de Villarino viajaban a Bahía a apretar a la exnovia de Facundo y su familia para que declararan un supuesto “crimen narco”, comenzaron a desfilar “testigos” que, como piezas de un rompecabezas amañado, relataban encuentros con Facundo en diferentes tramos de la Ruta 3 hasta “encontrarlo” caminando por las calles bahienses. El teniente Jorge Agustín Galarza es una de esas piezas.
Seguí toda la cobertura del caso Facundo Astudillo Castro
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¿Quién es el teniente Jorge Agustín Galarza?
En el marco de la entrevista a Cristina Castro, Leandro Aparicio y Luciano Peretto que este diario publicó hace una semana, Galarza se llevó un capítulo especial.
“Sin dudas era Astudillo Facundo”
La primera declaración testimonial de Galarza fue el jueves 18 de junio en la seccional de General Cerri de la Policía Bonaerense, donde cumple tareas de mantenimiento dos o tres veces por semana, ya que se encuentra bajo el régimen de Tareas No Operativas (TNO), una especie de “carpeta médica” no formal.
Él dice que declaró porque justo ese día fue a la seccional y, al ver en los patrulleros los panfletos de búsqueda con la cara de Facundo, “recordó” que lo había visto el día anterior. “Al escucharme decir que había visto al chico, una oficial me dijo ‘vení que te tomo una declaración’ y ahí conté lo que había visto”, diría luego.
Galarza (a quien en el acta de la testimonial se lo presentó como “empleado” y no como policía) relató que el miércoles 17 a las 21:30 estaba fumando un cigarrillo en la puerta de su casa (en la calle Plunkett, barrio Villa Talleres, Bahía Blanca) cuando apareció “un masculino” y le pidió fuego. Según dijo, era un joven bajito (1,40 aproximadamente), delgado, de tez trigueña, ojos marrones y pelo corto. Vestido con una campera negra, con una visera oscura y una mochila negra.
Según el policía, intercambiaron algunas palabras. “Estoy de paso por acá, voy para Ingeniero White a encontrarme con dos amigos, nos vamos a Villa Devoto, a Buenos Aires”, le habría dicho el joven, que poco después se fue calle arriba.
Galarza dijo que le pareció sospechoso ver a alguien desconocido a esa hora por el barrio y que por eso no olvidó su cara. Al día siguiente, cuando vio la foto en los patrulleros, decidió declarar. “Sin dudas es Astudillo Facundo”, dice el acta que Galarza dijo ante sus pares. Después de estampar su firma, su nombre y su DNI, le dijeron “andá nomás, si llega a haber novedades te van a avisar”.
“¿No te acordás de mí?”
Durante dos semanas a Galarza no lo molestaron. Pero a principios de julio, cuando la Policía Bonaerense ya daba por hecho que perdería el control del caso y la causa pasaría al fuero federal, Galarza se vio obligado a presentarse en la DDI de Bahía Blanca a dar una nueva declaración testimonial. ¿Para decir qué? Para decir que había vuelto a ver a Facundo. El día anterior. De manual.
Ante los oficiales de la DDI el hombre ya no dijo que era “empleado” sino que se presentó como personal policial, con 26 años de antigüedad y ostentando el cargo de teniente en el Destacamento de Cerri. Entre sus descripciones personales agregó que, junto a su esposa Paola Mera, tienen un quiosco en la casa para “solventar gastos”. Y relató el nuevo encuentro con quien, asegura, era Facundo.
Galarza contó que el mediodía del domingo 5 de julio estaba en su casa junto a su esposa y sus dos hijos. Que cerca de las 13 sonó el timbre del quiosco y él fue a atender por la ventana que hace las veces de vidriera. Era un joven, de unos “veintitantos años”, delgado, de una estatura aproximada de 1,60 a 1,70, morocho y de ojos marrones. Llevaba una gorra con visera negra, una campera negra tipo “inflable” y una mochila gris.
El policía recordaba muchos detalles del “encuentro”. Dijo que el joven le compró un atado de veinte cigarrillos Red Point a $ 110 y a su vez le ofreció a Galarza tres paquetes de bolsas de residuos por $ 100, que éste le compró para “darle una mano”. Tan “creíble” quiso hacer su relato que llevó consigo a la DDI tres paquetes de bolsas de residuos marca Sol de 40x60 que, al menos como dice el acta, les fueron “secuestrados” para “peritar”.
Según Galarza, intercambiaron algunas palabras, ventana de por medio. “¿No te acordás de mí?”, le dijo el joven, a lo que él respondió que no. “Soy el que la noche del 17 de junio, a eso de las 21, pasé por acá a pedirte fuego y te dije que me iba a encontrar con unos amigos en White para irnos a Buenos Aires, a Villa Devoto”, dice Galarza que le dijo el muchacho.
Según consta en la testimonial, a Galarza le exhibieron una foto de Facundo (que a esa altura ya recorría el país) y el teniente no dudó en afirmar: “es la misma persona que pasó por mi casa dos veces, una el 17 de junio y otra ayer”.
Cambio de planes
El 8 de julio, dos días después de esa declaración de Galarza, la Bonaerense era formalmente separada de la investigación. Tras 70 días sin avances (garantizando la impunidad), con una causa por desaparición forzada abierta en el Juzgado Federal 2 de Bahía Blanca y ante el cada vez más resonante reclamo de Cristina Castro y sus abogados, el fiscal provincial Rodolfo de Lucía se declaró incompetente. Así, la causa quedaba concentrada en el fuero federal y la Bonaerense entregaba las riendas del caso.
El fiscal federal (interino) de Bahía Blanca Ulpiano Martínez, a cargo de la investigación, se propuso ayudar a la Bonaerense y a Berni. Pero al tratarse de un caso con altas sospechas de actuación estatal, no pudo evitar el desembarco en la causa de la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin), dependiente del Ministerio Público Fiscal.
El titular de Procuvin, Andrés Heim, apenas convocado por la fiscalía de Bahía Blanca comenzó a actuar en las audiencias testimoniales. Por su parte, buscando evitar malos momentos, el cuestionadísimo fiscal Martínez (dos veces recusado por las querellas, dos veces salvado por la jueza Marrón) prefirió abstenerse de tomar las declaraciones y en su lugar mandó a su secretario Javier Murillas.
Al cambiar de fuero y de carátula, los testigos debían comparecer ante la nueva fiscalía para ratificar o rectificar lo firmado en las declaraciones dadas ante la Bonaerense en el marco de la causa por “averiguación de paradero”. A Galarza le tocó el 20 de julio.
“Callate Galarza”
Ese lunes al mediodía el teniente le pidió a su esposa y a sus hijos que hicieran silencio mientras se conectaba a la sala de la plataforma Zoom, donde lo escucharían el fiscal Heim, los secretarios Murillas y Emiliano Decanini, los abogados de Cristina Castro, Leandro Aparicio y Luciano Peretto, y la doctora Margarita Jarque de la querella institucional de la Comisión Provincial por la Memoria.
Primero a Galarza le leyeron sus declaraciones anteriores. Cuando le preguntaron si ratificaba todo lo que había firmado, sin dudar dijo “sí, señor”. Luego el fiscal Heim le preguntó si deseaba agregar algo más. “No, señor”, respondió con el mismo gesto rígido que sostendría durante los 25 minutos de audiencia.
Entre otras cosas, Galarza le dijo a Heim que, como “no acostumbra a ver Facebook ni noticias”, no sabía prácticamente nada del caso de Facundo. La explicación descolocó al fiscal, quien comenzó a indagar un poco más. “¿Usted está seguro que se trataba de Facundo Astudillo Castro?”, le preguntó. El teniente respondió que, en realidad, no le había dicho a sus pares que estaba “100 % seguro” de que se trataba del joven sino que era “muy parecido”. El fiscal insistió: “yo lo que le pregunto es si usted está seguro que vio a Facundo Astudillo Castro”. Siempre rígido, Galarza dijo “no, señor”.
Después de un par de contradicciones más del teniente, Heim tomó una decisión, no sin antes hacerle un par de preguntas más. “¿Por qué la segunda vez que lo vio no le dijo al joven que lo estaban buscando por todos lados? Porque para ese momento usted ya sabía que lo buscaban a Facundo, no como la primera vez que lo vio”, preguntó el titular de Procuvin. Pero el policía respondió que “no sabía tanto”. El fiscal le pidió que explicara qué quería decir. “Es que no soy de meterme tanto en el Facebook, señor”, buscó evadirse Galarza. “¿Pero usted sabe cuáles son sus atribuciones como policía?”, interpeló Heim. Después de un suspiro, Galarza dijo “sí, señor”.
Frente a los hechos consumados, Heim le dijo a Galarza que en esas condiciones ya no se podía continuar. “Todo lo que usted diga de acá en adelante, Galarza, lo puede comprometer ante una eventual imputación. Hay contradicciones en su declaración y además hay situaciones que lo enfrentan con el cumplimiento de su deber de policía. A partir de este momento suspendemos la declaración. ¿Está bien?”, le preguntó. “Sí, señor”, respondió el policía.
Teléfono descompuesto
Al día siguiente de esa tercera declaración de Galarza, el martes 21 de julio, Cristina Castro y sus abogados pidieron “que de manera urgente se proceda a secuestrar el móvil celular del testigo Jorge Agustín Galarza, atento la posibilidad real y concreta, de que el mismo haya participado en el plan de encubrimiento”. Indudablemente en las comunicaciones telefónicas del teniente debía haber rastros de cómo y para qué entró como testigo en la causa.
En ese pedido al fiscal Ulpiano Martínez, la madre de Facundo aseguraba que Galarza “seguramente ha recibido instrucciones de distintos policías, para la continuidad del estado de desaparición de Facundo”.
Pese a la urgencia del pedido, la jueza María Gabriela Marrón autorizó el secuestro del celular de Galarza recién el 30 de julio. Y pasaron seis días más para que el teléfono fuera recibido por la Fiscalía. Luego fue remitido a la División de Apoyo Tecnológico de la Policía Federal con la orden de extraer la información con el sistema UFED.
Recién el martes 25 de agosto el fiscal Martínez pidió y la jueza Marrón autorizó a la Dirección General de Investigaciones y Apoyo Tecnológico a la Investigación Penal (Datip), dependiente del Ministerio Público Fiscal, realizar la compulsa del teléfono junto a los datos extraídos para su análisis.
Pese a las manifiestas contradicciones y mendacidades del teniente Jorge Galarza, cometidas en sus declaraciones del 18 de junio, del 5 y del 20 de julio; y pese a los pedidos expresos de las querellas para investigarlo, el fiscal Martínez y la jueza Marrón demoraron más de un mes en darle curso al pedido de un informe del contenido del teléfono. Lo hicieron el 25 de agosto, el mismo día del comienzo de la autopsia en Buenos Aires y a casi 70 días de la primera declaración de Galarza.
Resta decir dos cosas relevantes. Por un lado, el hallazgo del cuerpo de Facundo el 15 de agosto en un cangrejal de Villarino Viejo, además de dejar muchos interrogantes (como la zapatilla derecha del joven y las huellas de vehículo encontradas a pocos metros) demostraría que Galarza nunca podría haber visto el 17 de junio y, mucho menos, el 5 de julio, a Castro caminando por las calles de Bahía Blanca y vendiendo bolsas de residuos. Con lo cual el teniente prácticamente mintió en todo.
Pero por otro lado, el relato de Galarza sólo podría tener algún tipo de conexión con la realidad si fueran reales también los relatos de la “testigo” Siomara Flores (sargento de la Bonaerense, hermana de la oficial Jana Curuhuinca y quien asegura haber llevado a Facundo de Buratovich a Origone), del “testigo” Alberto González (oficial de la Bonaerense, quien dijo haber encontrado a Facundo en Origone y dejado seguir haciendo dedo en la ruta rumbo a Bahía Blanca) y de la “testigo” E.R. (según sus iniciales) o H (terrateniente de la zona cuyo testimonio ambiguo e insustancial busca ser disfrazado de “clave”).
Como esos otros "testigos" resultan muy poco creíbles (sacando para Berni y sus voceros) y hasta se contradicen entre sí, lo de Galarza parece ser más que un mero “falso testimonio”.
¿Quiénes mandaron al teniente Galarza, el de las pocas luces, a mentir tres veces en la causa? ¿O lo hizo por motus proprio? En ese caso, ¿qué tipo de medidas tomaron con él el gobernador Kicillof y su ministro Berni?
En la entrevista a Cristina Castro, Leandro Aparicio y Luciano Peretto publicada el domingo pasado en este diario, se desenmascaró a la Testigo E.R. y se demostró el intento de Berni y los suyos de quitar de la escena a los tres testigos claves que juran y perjuran haber visto a Facundo ser subido a un patrullero. Galarza es parte de esa trama. Y su historia no debe pasar desapercibida.
Especial por Facundo | Cristina Castro y sus abogados desenmascaran a Berni y la Bonaerense

Daniel Satur
Nació en La Plata en 1975. Trabajó en diferentes oficios (tornero, librero, técnico de TV por cable, tapicero y vendedor de varias cosas, desde planes de salud a pastelitos calientes). Estudió periodismo en la UNLP. Ejerce el violento oficio como editor y cronista de La Izquierda Diario. Milita hace más de dos décadas en el Partido de Trabajadores Socialistas (PTS) | IG @saturdaniel X @saturnetroc