Argumentan que va en pos de la modernización del trabajo con la incorporación de nuevas tecnologías, y una jornada que permita compatibilizar el trabajo con la vida personal. ¿Pero qué hay detrás de la flexibilización laboral, eje principal de la reforma de Piñera?

Joselyn Encina Escobar Periodista
Viernes 18 de enero de 2019
Poco tiempo después que Piñera asumió su segundo gobierno presentó las “100 propuestas para el desarrollo integral”, elaborada por personeros de su gobierno y de la ex concertación. Este documento promete ser una ruta para transformar a Chile en un país desarrollado antes de que termine la próxima década, y precisamente entre estas propuestas se encuentra la reforma laboral.
Se anunció que sería presentada para su legislación en el Congreso antes que termine enero, y el Gobierno ya adelantó 4 ejes en los cuales girará el debate: Reemplazo interno para que las empresas sigan funcionando sin dificultad en caso de huelga, reducir entre 4 a 6 años la indemnización por años de servicio, la regulación de los grupos negociadores para quitar la titularidad sindical, y la flexibilización de la jornada laboral. A este último punto nos abocaremos a continuación.
Cuando te pasan gato por liebre
La reforma busca introducir en la ley el modelo de flexibilización “pactada” de la jornada laboral. Un caballito de batalla del gobierno que argumenta que va en pos de la modernización del trabajo con la incorporación de nuevas tecnologías, y una jornada que permita compatibilizar el trabajo con la vida personal. ¿Y es que quién no quiere más tiempo para su propia vida fuera de la fábrica o la oficina? Esto cobra mayor interés, considerando que Chile es el sexto lugar donde más se trabaja entre los países OCDE, laborando incluso 200 horas por sobre el promedio del resto de las naciones que midió el informe internacional el 2018.
Sin embargo, estas aparentes buenas intenciones de “compatibilización” son puestas en duda por representantes de los trabajadores, e incluso ya en octubre del 2017, la economista laboral estadounidense, Teresa Guilarducci en entrevista con el medio argentino Página 12, adelantó que “las reformas laborales nada tienen que ver con las nuevas tecnologías, y en general no van acompañadas de mejora en la productividad y sólo son una excusa para bajar costos laborales”.
Trabajos como en Starbucks, ya se han visto afectados por la flexibilización con el Estatuto Laboral Juvenil. Para Antonio Paez, dirigente del sindicato de esa cadena “los proyectos que está discutiendo el Ministerio, lejos de un añorado “tiempo libre”, implica “mayor explotación para las y los trabajadores”.
Los empresarios y Piñera quieren pasar esta reforma como un avance en términos laborales, pues es común encontrar en redes sociales a jóvenes en busca de un trabajo que no les robe la mayor parte de sus horas del día y de la semana. Al igual que en el caso de las mujeres, la compatibilidad de la vida laboral y familiar, la hacen ingresar como una propuesta de género.
Sin embargo, Antonio Paez, no lo ve como un avance en cuánto a políticas hacia las mujeres: “Lo que el gobierno hace ver como un avance el teletrabajo es porque naturaliza que las mujeres deben estar en el hogar y por lo tanto desempeñar sus funciones laborales ahí, porque salir del hogar atentaría contra el núcleo familiar”. Paez declara que hay que desnaturalizar que las labores domésticas correspondan solamente a las mujeres, y no profundizar las leyes en ese sentido.
Por otro lado, el dirigente que se hizo conocido el año pasado por su denuncia a Carabineros en el marco del lavado de imagen que quería implementar la institución en Starbucks, argumenta que, si hoy hablan de flexibilización laboral, demuestra que “es posible el reparto de las horas de trabajo” y esgrime la propuesta “Si realmente hablamos de modernización, usemos el avance de la tecnología y la técnica para que todas y todos podamos trabajar. Si ocupamos toda la fuerza laboral del país no habría cesantes, se repartirían las horas entre ocupados y desocupados y como se contaría con más trabajadores, todos podrían trabajar 6 hrs diarias y 5 días a la semana con un sueldo acorde a la canasta familiar, pero no, ellos quieren ocupar la modernización en función de sus bolsillos y utilidades”.
Lejos de una propuesta como la que describe Paez, a lo que hoy apunta el gobierno es a un trabajo flexible con un pago por hora que en muchos casos su valor es tan bajo que ni siquiera completando las 45 hrs se alcanza a llegar a fin de mes, pues el sueldo mínimo es de $288 mil, y según un estudio de la Fundación Sol con datos del Instituto Nacional de Estadísticas, que publicó a fin de año, 7 de cada 10 chilenos gana menos de $550 mil.
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En ese contexto, Daniel Parraguez, dirigente del Sindicato Forus retail, el cual hace poco estuvo en huelga durante 28 días, considera que "hablar de flexibilización es sinonimo de precarización" y argumenta que esta vendría a facilitar las reglas del juego a los empresarios para profundizar la explotación laboral.
Parraguez estuvo junto a sus colegas enfrentando entre diciembre y enero al reconocido representante empresarial quien actualmente está a la cabeza de las propuestas del proyecto de reforma, Alfonso Swett. Considera nefasto que hoy sea él quien lidere el análisis y las propuestas de la reforma que quieren ingresar. El Además, el joven dirigente hace un alcance con los adultos mayores, pues la flexibilización permite y naturaliza que quienes ya han trabajado toda su vida, en vez de descansar sigan trabajando. Un factor importante que empuja a tomar esta decisión son las bajas pensiones, herencia del actual modelo de AFP.
La flexibilización quita protección en materia laboral y social al trabajador frente al empresario, que contará con mayor libertad para vincular y desvincular de su empresa a sus empleados, sin mayores costos, tal como hoy día sucede en el puerto, un sector que aplica el contrato eventual, el cual dura tan sólo un día o un turno. ¿Y luego? Inestabilidad.
Esta medida pone mayor énfasis en la relación individual y diferenciada de la empresa con el empleado, y con esto retrocede en las conquistas de los sindicatos y la instauración del contrato colectivo. Más profundamente es una reforma para atacar la organización de los trabajadores, volver impotentes a los sindicatos, y a las formas colectivas que puedan encausar una lucha común entre trabajadores.