El gobierno francés concede la “Legión de Honor” a 4 supervivientes españoles que pasaron por los campos de concentración nazis, olvidado e ignorado al resto de miles, como lleva haciendo desde siempre el gobierno español.

Jorge Calderón Historiador y Profesor de Secundaria, Zaragoza
Miércoles 27 de abril de 2016
Este pasado domingo, en el país vecino, se celebraron diversos actos de la “Jornada Nacional en recuerdo de la deportación”, que se celebra anualmente. El acto central de los mismos, ha sido protagonizado por cuatro nonagenarios junto a los deportados franceses, al serles entregada la “Legión de Honor", la más alta condecoración del Estado francés. La misma les fue concedida por el Presidente de la Republica, Hollande, al haber sido prisioneros en los campos nazis de Mauthausen y Buchenwald.
Esta emocionante escena se ha repetido en mayor o menor medida en miles de ciudades y pueblos de Francia. Los pocos deportados supervivientes que aún pueden contarlo han acudido, junto a familiares de las víctimas y a decenas de personas anónimas, al monumento que en cada localidad recuerda a quienes sufrieron el azote del fascismo. En Perigueaux el único deportado que continúa con vida y que, por tanto, ha protagonizado en exclusiva los actos conmemorativos, es un español, el asturiano Vicente García.
Una Legión de Honor incompleta
La felicidad inicial de Manuel Alfonso, Virgilio Peña, Juan Romero y José Alcubierre, los 4 condecorados por este reconocimiento, se tornó en decepción cuando se supo que la distinción no alcanzaba al resto de supervivientes españoles de los campos nazis.
El primer impulso de José Alcubierre, al igual que el de los otros tres ’agraciados’, fue el de rechazar el nombramiento: "¿Por qué yo y por qué no los demás que han sufrido tanto o más que yo mismo. No es justo". El deportado barcelonés solo cambió de opinión, y sin mucha convicción, tras escuchar a sus familiares más cercanos que le insistían en que aceptara la Legión de Honor en nombre de todos sus compañeros y compañeras asesinados en los campos. "Es un homenaje muy grande… no para mí sino para todos los que estuvieron deportados que han sufrido tanto como yo, o más", sentenció Alcubierre. El prisionero nº 4.100 de Mauthausen tuvo que compartir cautiverio y sufrimiento con su padre, Miguel, hasta que en marzo de 1941 le apalearon hasta la muerte. "Estoy agradecido al Gobierno francés, pero mi satisfacción solo será completa cuando le den la Legión de Honor al resto de mis camaradas", insistió José.
Aún no hay una explicación oficial a esta concesión parcial y arbitraria de una de las mayores distinciones que otorga el Estado francés. Por ello la Amicale de Mauthausen de París, (asociación que reúne a todos los supervivientes españoles de los campos nazis) que peleó para lograr este objetivo, ya ha anunciado que solicitará que se repare esta evidente injusticia.
9.300 republicanos españoles asesinados en los campos nazis
La noticia de este reconocimiento, nos trae de nuevo a la memoria y al recuerdo a los más de 9.3000 republicanos españoles (aragoneses, catalanes, madrileños, etc.). asesinados en los campos de concentración y exterminio nazis. Todos ellos al acabar la guerra civil española huyeron a Francia. Allí muchos de ellos, pasaron a participar en la “Resistencia Francesa” y ahí fueron capturados por los nazis y mandados a los campos de Dachau, Auschwitz, Buchenwald y, sobre todo, Mauthausen. De hecho este último campo, del que el próximo 8 de mayo, se celebra el 81 aniversario de su liberación, fue conocido como el “campo de los españoles”, porque allí murieron la mayoría de estos más de 9 mil combatientes.
Estos pocos deportados españoles que quedan con vida han acudido a los homenajes con la pesada carga de sus recuerdos. El cordobés Juan Romero ha rememorado el tormento por el que pasó en el llamado kommando de la desinfección de Mauthausen. En él recogía la ropa y las pertenencias de los nuevos prisioneros, por lo que fue testigo del efímero paso de grupos de soviéticos y judíos que desaparecían inmediatamente en la cámara de gas. No menos dura fue la experiencia de Cristóbal Soriano, un barcelonés que pasó 4 años en Gusen, un subcampo de Mauthausen conocido como “el matadero”. Hoy ha disfrutado de este día agridulce en su casa de Pérols (Francia), recordando a su hermano José que fue asesinado por los nazis en la cámara de gas del castillo de Hartheim. Otros compañeros de cautiverio como los catalanes Marcial Mayans y Manuel Alfonso o el murciano Francisco Griéguez no han podido asistir a los actos conmemorativos organizados en su honor debido a su avanzada edad.
Silencio y olvido del gobierno español
Si la actitud del gobierno francés fue durante décadas, de olvido y ostracismo de estas víctimas, y hoy que les reconoce, lo hace parcialmente, la actitud del gobierno español es aún más terrible y canalla.
Como hemos denunciado ya en varios artículos en este diario, el “pacto de silencio” y de “amnesia colectiva” impuesta en la transición, tanto por la derecha franquista, como por los dirigentes de la izquierda antifranquista, ha mantenido a estas víctimas en el más puro ostracismo.
El superviviente barcelonés Marcial Mayans, a sus 94 años, lo explica con claridad: «La derecha no hizo nada, eso ya sabíamos que iba a ser así. Pero ha habido otros gobiernos más favorables, socialistas, porque hay que decir las cosas por su nombre, que no hicieron nada. Ni González ni otros, nada de nada. Eso es lo que me sabe más mal. Que nos ignorara la derecha, que son los hijos de los que mandaban con Franco, no deja de ser normal. Pero los otros...».
El Gobierno actual del PP, no solo sigue ignorando a nuestros deportados, sino que incluso ha incumplido la orden dada por el Parlamento. Hace ahora un año que el Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad pedir al Ejecutivo de Mariano Rajoy que les brindara un solemne homenaje en 2015, coincidiendo con el 70 aniversario de la liberación de los campos. La moción se presentó, se debatió, se aprobó… y se olvidó.
Mientras el Gobierno ignora el mandato parlamentario, a estos hombres y mujeres que rozan el siglo de edad se les acaba el tiempo. Solo en los últimos doce meses han muerto tres de los apenas veinte supervivientes que aún pueden contar en primera persona el horror que supone el fascismo. El reloj sigue corriendo y el Estado español sigue sin saldar su deuda con quienes pagaron el más alto de los precios por luchar contra la barbarie fascista y nazi.
Nada de esto nos debe sorprender. Nada podemos esperezar del “régimen del 78” , edificado sobre los miles de exilados, encarcelados y represaliados por la dictadura y los más de 136.000 desaparecidos, como mínimo, que están como perros bajo toneladas de tierra, en las miles de fosas comunes repartidas por todo el territorio del Estado.