Con la adopción ayer del senado de la nueva ley que legaliza el espionaje masivo sin control judicial, la llamada “Acta Patriótica” a la francesa, el gobierno se bushificó, es decir tomo lo peor de los neoconservadores en los Estados Unidos que llevaron adelante una política externa e interna abiertamente reaccionaria y bonapartista.
Jueves 11 de junio de 2015
Fotografía: EFE
Con el despliegue represivo violento en las calles de Paris contra los inmigrantes, el gobierno adopta las peores recetas de Marine Le Pen y su partido: el desprecio y la humillación a los inmigrantes. Escandaloso.
Tiene razón, Cécile Duflot de insurreccionarse, en su tribuna de Le Monde de hoy al decir que: “en el mismo momento que la actualidad nos muestra todos los días las imágenes de los migrantes que arriesgan sus vidas en embarcaciones desvencijadas donde se hacinan por una verdadera mafia que explota la miseria del mundo, la situación de los inmigrantes que antes se instaló en La Chapelle y ahora es dispersada regularmente por las fuerzas policiales es insoportable”,agregando que “Las imágenes de los inmigrantes subidos por la fuerza en los vagones del metro son siniestras”.
En lo que no coincidimos es en su conclusión: “nuestra política de inmigración es un Waterloo moral”. Por el contrario es la conclusión lógica de la política llevada adelante por la actual presidencia de destruir las conquistas que aún quedan del llamado estado de bienestar –y que ella misma contribuyó a dar los primeros pasos durante el gobierno Jean-Marc Ayrault, el ex primer ministro de Hollande y su tristemente célebre ley de flexibilización del trabajo- y modificar las relaciones capital/trabajo de forma totalmente favorable a los patrones.
Usando la expresión de hoy de Jean-Claude Mailly, secretario general de Force Ouvriere, al día siguiente de las medidas para reducir las indemnizaciones en las pequeñas y medianas empresas: “El gobierno está embriagado de una MEDEF mania” (en relación al nombre de la central de la patronal francesa) en el terreno económico, la misma va de la mano de la lepenizacion, es decir de la influencia creciente de las ideas de la extrema derecha en el campo político y social. La una va ligada a la otra, pues esta contrarrevolución económico y social que los distintos gobiernos que se sucedieron, sean de derecha o de centroizquierda burguesa -y que ha pegado un salto con la crisis mundial de 2007/8 de la cual no hemos salido y menos aún Francia-, no cierra sin represión, sin ataque a los derechos democráticos más elementales de los trabajadores, no solo el derecho de asilo en este caso, sino más profundamente la política de acogida de los extranjeros.
No es casualidad que la reforma del matrimonio igualitario (con todos los límites y concesiones que se le hicieron a la Manif pour Tous, nombre de las marchas de carácter reaccionario en oposición al matrimonio homosexual) fue la única y sola medida mínimamente reformista de la actual presidencia, que pensaba a la usanza antigua de tener una política de izquierda en la cuestiones culturales y de costumbres, para hacer tragar más fácilmente las medidas de ataque a los trabajadores a su propio electorado, abriendo una brecha entre los sectores sociales progresistas y los sectores obreros.
Pero este método no solo encontró sus límites en la gigantesca movilización de los reaccionarios sino porque la continuidad de la desocupación de masas, la pérdida del poder de compra, la imposición abusiva a las distintas franjas de asalariados incluidos sectores de su propia base social, en fin la radicalización de la política pro patronal con el Pacto de Responsabilidad y todas las mini reformas que le siguen, con la ley Macron como símbolo, lo obligan de más en más a medidas de tipo bonapartista frente al hundimiento de su base política. La utilización de decretos de necesidad y urgencia como frente a las últimas reformas liberalizadoras en lo económico es el reflejo en el plano parlamentario de la política de reacción en toda la línea del gobierno Hollande/Valls en todos los frentes: económico, social y su caza al igual que a los inmigrantes de los desocupados sospechosos de fraude, en la educación, la liquidación de la salud con la liquidación de la jornada de 35 horas en los hospitales, etc.
Por eso apelar a la humanidad de Hollande, para “arreglar la situación de los inmigrantes de Pajol” (uno de los lugares de Paris donde se refugiaron los inmigrantes reprimidos), abriendo un “nuevo ciclo político en Francia y en Europa” revela las peores de las ilusiones, pero tratándose de una ex ministra de la Vivienda de la actual presidencia se trata de una muestra de la confusión y la falta de alternativas a la izquierda del Partido Socialista gobernante.
No puede haber ninguna salida progresiva en ningún plano que no pase por la derrota de Hollande y Valls y sus políticas reaccionarias. Estas son el peor enemigo que tenemos los trabajadores en la actualidad, y su derrota y junto a su política anti obrera, anti inmigrante, liberticida es la mejor vía de impedir el avance de la extrema derecha e impedir su mayor enraizamiento en la realidad política de Francia.

Juan Chingo
Integrante del Comité de Redacción de Révolution Permanente (Francia) y de la Revista Estrategia Internacional. Autor de múltiples artículos y ensayos sobre problemas de economía internacional, geopolítica y luchas sociales desde la teoría marxista. Es coautor junto con Emmanuel Barot del ensayo La clase obrera en Francia: mitos y realidades. Por una cartografía objetiva y subjetiva de las fuerzas proletarias contemporáneas (2014) y autor del libro Gilets jaunes. Le soulèvement (Communard e.s, 2019).