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Red Internacional
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LUCHA DE CLASES. Francia: las huelgas Robin Hood y la estrategia obrera I

En la huelga francesa, los electricistas conmovieron el país iluminando barrios pobres y oscureciendo ministerios. Un debate: ¿cómo utilizar las posiciones obreras para enfrentar a los capitalistas?

Lucho Aguilar

Lucho Aguilar @Lucho_Aguilar2

Jueves 23 de junio de 2016

En una vivienda de los bainleues franceses los rostros de una pareja de viejos sonríen mirando la lamparita, después de tres semanas a vela. En la comuna de La Courneuve, una mujer mira incrédula el aparato de radio que le cuenta que este mes 300 mil usuarios pagarán su factura eléctrica como si fuera “zona muerta” (hora de ahorro). Lejos, un gerente golpea su escritorio en una oficina completamente a oscuras. Un funcionario baja a tientas la escalera del ministerio de ascensores congelados.

Detrás de las luces y sombras están los “Robin Hood”. Así bautizaron a los trabajadores eléctricos franceses, empleados de Electricité de France, en referencia a aquel héroe de las leyendas inglesas que le quitaba a los ricos para repartir entre los pobres. Los hombres (y mujeres) que manejan las palancas de las distribuidoras de energía, centrales térmicas y de gas. Los que tienen a mano el interruptor de buena parte de la maquinaria capitalista. Clack!

Los hechos

Francia se encuentra conmovida por una serie de movilizaciones y huelgas que lleva más de tres meses. Los estudiantes y jóvenes habían tomado la delantera, y lograron sacudir a los grandes batallones obreros que hacen funcionar al país. Como resume Juan Chingo en el sitio Revolution Permanent, “los sindicatos y la clase obrera venían de una infinidad de conflictos parciales que mostraban la bronca obrera, no lograban articular una lucha de masas. La reforma laboral fue la gota que colmó el vaso”. La resistencia contra la Ley Khomri, que precariza (aún más) el trabajo, es la bandera que une al movimiento que de tanto en tanto electrifica el país.

O lo deja a oscuras.

Los trabajadores de EDF se han sumado al proceso de resistencia contra la Loi Travail. A una de las voceras de la CGT Energiè le tocó anunciar a los medios que “frente a la terquedad del gobierno hemos decidido tomar el control de la herramienta de trabajo. No vamos a cortar las líneas de 400.000 voltios para hundir a Francia en la oscuridad, pero podemos cortar a los clientes industriales aquí y allá”.

No se trata de una decisión de las centrales sindicales, ni siquiera de las más combativas. Las huelgas fueron votadas a mano alzada en plantas y estaciones. También esas acciones que muchas veces no se pueden anunciar públicamente, simplemente porque son “ilegales”.

Las medidas incluyeron el restablecimiento del servicio a 300 mil hogares pobres y el corte a empresas y actos del gobierno, como la inauguración de la “Ciudad del vino” en Burdeos, en momentos que se esperaba el arribo del presidente Hollande. En los primeros días de junio se empezó a discutir la necesidad de importar energía producida en otros países de la Unión Europea. Es que los empleados de EDF habían dicho “esto es sólo el principio”.

Las acciones “Robin Hood” generaron la simpatía de los usuarios y los trabajadores que son parte del movimiento. Son parte de las profundas tendencias a la acción directa que inquietan a ministros y gerentes.

Antecedentes

Estas acciones tienen sus precedentes. También en junio, pero de 2004, miles de trabajadores enfrentaron la reforma del estatuto de las empresas públicas de energía, promovido por el entonces ministro Sarkozy. La lucha se radicalizó al punto que se cortaba la electricidad a grandes empresas y se ocupaban represas hidroeléctricas, plantas térmicas y centrales nucleares.

Allí irrumpieron los métodos que pronto fueron bautizados como "Robin Hood": reconectar la electricidad en hogares de familias que no habían podido pagar, beneficiar a barrios populares u hospitales públicos con tarifas más baratas, o directamente cortar la electricidad en los domicilios de ministros, diputados o patrones favorables a la ley (1).

Aquel proceso sería derrotado por la dureza del gobierno y la complicidad de la burocracia sindical, aunque los capitalistas no podrían imponer su programa máximo: la privatización total de Electricité de France y Gas de France. El ataque a los conquistas obreras tampoco se impondría totalmente, por eso la nueva reforma laboral contra la que luchan los nuevos Robin Hood.

Posiciones estratégicas

La decisión de utilizar resortes claves de la economía capitalista para la lucha sindical es tan antigua como la clase obrera.

Hace pocos meses, en la triunfante huelga nacional aceitera, tomábamos algunas reflexiones de John Womack, un investigador norteamericano de historia obrera. Posiciones estratégicas - dice Womack - son aquellas que les permiten a algunos obreros detener la producción de muchos otros, ya sea dentro de una compañía o en toda la economía (2). Entonces busca descifrar cómo se constituye el poder de determinados sectores de trabajadores. Y asegura que “a diferencia de otras, la del trabajo es fuerza no sólo en el sentido positivo, sino también en sentido negativo, por lo que quita o resta a la producción cuando deja de operar, que es muchísimo en el caso de las posiciones industrial y técnicamente estratégicas".

Ese poder positivo es el que se refleja en los rostros iluminados en los suburbios franceses; el poder negativo es el que marca los rostros de los gerentes a oscuras, detiene ascensores y usinas industriales.

Womack recorre distintos casos donde trabajadores conscientes de sus posiciones estratégicas las utilizan en sus conflictos contra el capital. Los estibadores de Veracruz (México), los teamsters de Los Ángeles (EEUU) o los trabajadores de Luz y Fuerza (Argentina). Vale decir que para la lucha de clases también es necesario tener en cuenta otros elementos, como las fuerzas morales o las estrategias políticas, pero Womack estudió con profundidad cómo determinados sectores tienen en sus manos la capacidad no sólo para detener el funcionamiento del sector donde trabajan, sino de “detener la producción de muchos otros, ya sea dentro de una compañía o en toda la economía”.

Quizá venga mejor al caso el ejemplo de los trabajadores de Luz y Fuerza en nuestro país. Durante el Cordobazo y las luchas posteriores, se convirtieron en un sector de vanguardia del movimiento obrero argentino. Su combatividad, pero también su capacidad de paralizar no sólo la ciudad sino buena parte de la economía, los convirtió en actores claves de las luchas de la época. Incluso quienes no habían protagonizado aquellas luchas, como las seccionales metropolitanas, utilizaron esas posiciones para las luchas que siguieron al golpe, entre 1976 y 1977. Primero fueron las huelgas de brazos caídos contra los despidos, que se combinaron con abandono de tareas y también apagones. Antes las detenciones continuaron con una ola de sabotajes con apagones, sobrecarga de tensión y otros trastornos. Ante la represión militar, acudieron al “trabajo a tristeza” que complicaba el funcionamiento del servicio en las principales zonas urbanas.

En las últimas dos décadas, las transformaciones del capitalismo han puesto en el centro de la escena a los trabajadores de los grandes servicios, el transporte y las telecomunicaciones. La cuestión de las posiciones ha recobrado importancia, igual que sus potencialidades y problemas.

Pero de eso hablaremos en la próxima nota.

Notas
1 - "Lecciones del movimiento de los trabajadores de la energía"; Jean Baptiste Clech (Revista Estrategia Internacional nº 21).

Ver: Francia: las huelgas Robin Hood y la estrategia obrera II


Lucho Aguilar

Nacido en Entre Ríos en 1975. Es periodista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001. Editor general de la sección Mundo Obrero de La Izquierda Diario.

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