El Papa es recibido en Nueva York como una super estrella. Mientras continúan las repercusiones de su visita al Congreso estadounidense, su discurso en la ONU reivindica el papel internacional de este organismo responsable de legitimar la injerencia imperialista en el mundo.

Diego Sacchi @sac_diego
Sábado 26 de septiembre de 2015
Foto: EFE
La ciudad de Nueva York vive los efectos de la “Papa manía”. Miles de personas siguen los pasos de la visita Papal y la jornada que comenzó con el discurso de Bergoglio ante la asamblea general de la ONU (Organización de Naciones Unidas) culmina con una masiva misa (como si fuera un gran evento musical se llegaba a pedir miles de dólares por una entrada) en el famoso Madison Square Garden. Pero junto a este suceso social, que ha causado la gira, esta lo que algunos medios llaman “el efecto Francisco” en referencia al impacto en la política estadounidense de la visita.
Apenas pasado un día del discurso “progresista” realizado por Bergoglio en el Congreso de Estados Unidos el “Efecto Francisco” se sintió entre las filas de los Republicanos. John Boehner, el Republicano que concertó la visita, anunció su renuncia como Vocero de la Cámara presionado por la derecha de su partido. Boehner pagó “los platos rotos” que dejó, entre los Republicanos, el discurso Papal favorable al gobierno de Obama (en plena campaña electoral estadounidense) y tampoco le perdonaron el intento por negociar con el oficialismo un acuerdo presupuestario que evite el “shutdown” gubernamental.
Con este precedente, el discurso Papal en la ONU era muy esperado. Bergoglio no se salio del guión utilizado en los últimos días. Con sus discursos de un perfil marcadamente político, el Papa, evito referirse sobre temas controversiales ligados a la doctrina reaccionaria de la Iglesia, para continuar con la temática climática, migratoria y social.
El discurso dejó espacio para diferentes lecturas. Algunos medios resaltaban el llamado a “luchar contra el narcotráfico”, contra las guerras e incluso los más de derecha exageraban una tímida referencia contra el matrimonio igualitario. Desde un ángulo opuesto, varios medios, resaltaban el carácter “progresista” del discurso, el reclamo contra “la exclusión económica y social”, el llamado a "los organismos financieros a trabajar por la no sumisión asfixiante a sistemas crediticios que someten a la población a pobreza, exclusión y dependencia”.
Lo cierto es que, Bergoglio en un discurso de repercusión mundial, busco legitimar una organización creada a finales de la segunda guerra mundial para garantizar el statu quo alcanzado por las potencias imperialistas. Así fue claro el final de su alegato “La laudable construcción jurídica internacional de la Organización de las Naciones Unidas y de todas sus realizaciones…puede ser prenda de un futuro seguro y feliz para las generaciones futuras.”. También defendió buena parte de la agenda pactada con el presidente estadounidense Barack Obama, en relación al acuerdo sobre el cambio climático o sobre el avance en el acuerdo nuclear con Irán.
La referencia, del Papa, sobre la deuda externa fue en consonancia con la resolución que hace pocas semanas adoptó la propia ONU y que en los hechos, convalida las reglas del juego imperantes en el endeudamiento externo y las reestructuraciones, que benefician a los bancos y los bonistas.
Incluso la declaración, de Bergoglio, que es presentada como un llamado contra el guerrerismo, fue más bien un reclamo para que la ingerencia imperialista se dé bajo el paraguas de la ONU “En ese sentido, no faltan duras pruebas de las consecuencias negativas de las intervenciones políticas y militares no coordinadas entre los miembros de la comunidad internacional”.
Bergoglio alertó sobre las consecuencias que puede traer la exacerbación de las disputas geopolíticas, comerciales y la ingerencia imperialista en un mundo sacudido por la crisis económica y las catástrofes sociales producidas por la intervención imperial. Pero es un llamado a los mismos gobiernos imperialistas que producen las crisis y guerras, que protegen los intereses de las corporaciones que atentan contra el medio ambiente (como se vio en el escándalo por la falsificación de pruebas de calidad de VW ).
La aparición de Bergoglio en la ONU es parte de su búsqueda por consolidar el papel relevante en la política internacional que ha ganado el Vaticano en el último tiempo, en varios casos acompañando la política exterior estadounidense. Centrado en la política, sus discurso en esta gira, que toma varios de los principales temas de la agenda mundial busca, como escribió Fernando Rosso en otro artículo “devolverle a la Iglesia la capacidad moral y política para desarrollar su función: ser garante del orden, un factor pacificador que colabore en la “gobernanza” de los pobres y la contención del movimiento obrero, a casi seis años de crisis mundial que no encuentra salida en el horizonte. Más allá de los gestos “transgresores”, los objetivos estratégicos son claros”.

Diego Sacchi
Nacido en Buenos Aires en 1977, militante del Partido de Trabajadores Socialistas desde 1994. Periodista, editor en la sección Internacional de La Izquierda Diario y columnista de temas internacionales en el programa de radio El Círculo Rojo.