Ayer Ecuador, hoy Chile, muestran un contundente rechazo popular a los planes del Fondo Monetario y los ajustes neoliberales. En Venezuela, sin embargo, el hastío es con un gobierno que ha venido aplicando políticas antiobreras y antipopulares ante la debacle de un proyecto que se definió como "anti-FMI" y "anti-neoliberal", por lo que la derecha postula como “alternativa” precisamente lo que en otros países está siendo cuestionado. ¿Cómo “poner a tono” a Venezuela con esta nueva dinámica latinoamericana?

Ángel Arias Sociólogo y trabajador del MinTrabajo @angelariaslts
Viernes 25 de octubre de 2019
No había terminado de pasar el clima de lucha popular que trajo a la región el levantamiento del pueblo ecuatoriano contra el paquetazo del FMI que Lenin Moreno intenta aplicar, y estalla la rebelión en Chile contra el tarifazo en el metro, que en realidad no fue sino la gota que derramó el vaso de un hastío profundo contra la sociedad heredada de la dictadura y la imposición del más crudo neo-liberalismo.
Estos acontecimientos, ya de carácter histórico, tienen enorme importancia para el conjunto de los pueblos de América Latina y el Caribe, porque comienzan a poner límites a la ofensiva del capital sobre las condiciones de vida de las masas, porque demuestran que con la lucha es posible resistir e incluso conquistar algunas victorias, así sean pequeñas y parciales. Pueden ser la apertura de un nuevo ciclo de ascenso de luchas obreras y populares.
Pero para Venezuela tienen una importancia particular, porque no es asunto sencillo que el país “se ponga a tono” con esa dinámica. Aquí, la crisis más profunda que haya vivido el país en su historia contemporánea, se ha expresado como el fracaso y la deriva antiobrera (incluso con políticas propias del neoliberalismo) de un proyecto que surgió como post-neoliberal, que se había asentado cuestionando al FMI, reivindicando la intervención del Estado para “regular” aspectos de la economía y afirmando el carácter público de determinadas “áreas estratégicas”. Por eso, ante la devastadora crisis que ha barrido violentamente con las condiciones de vida del pueblo, la derecha dice que hay volver, y de manera recargada, a las políticas del FMI y el neoliberalismo. Ante la inexistencia de alguna alternativa de peso a izquierda del chavismo, ante la falta de una oposición obrera y popular, es esta derecha –apoyada con todo por el imperialismo– quien acapara el espectro opositor, es por ahora la única fuerza política con capacidad de incidir en las movilizaciones, y son su “lectura” de la crisis, sus explicaciones y propuestas, las que tienden a tener en más calada entre la población.
Estaríamos en una suerte de discordancia de tiempos, o incluso de tendencias contrarias, con relación a esa nueva dinámica en la región: mientras en Ecuador, Chile, Colombia, Honduras, etc., los trabajadores y jóvenes enfrentan gobiernos privatizadores y pro FMI, aquí las luchas enfrentan a un gobierno que, aunque ha golpeado los derechos laborales con una fiereza que cualquier neoliberal envidiaría, y ha avanzado en dar más espacio al capital transnacional en el petróleo y en todo el llamado “Arco Minero”, mantiene sin embargo elementos de “estatismo” en determinadas áreas y sostiene una retórica antiprivatizaciones y contra el FMI. Ante eso, la principal fuerza política opositora con incidencia y dirigentes entre los trabajadores, el movimiento estudiantil y los sectores populares, propone un programa privatizador y pro FMI. De tal manera que podemos encontrar dirigentes sindicales y estudiantiles, incluso activistas más de base, que al tiempo que se movilizan por salarios o contra la represión, lo hacen dentro de una lógica más general que propone “recuperar el aparato productivo” con “menos intervención estatal”, más facilidades a los empresarios, “ayuda financiera del exterior” (préstamos del FMI) y “atrayendo inversiones extranjeras”.
Así las cosas, hay una disputa por el sentido que se le imprime a las luchas en Venezuela, que va más allá de levantar una u otra reivindicación específica correcta, hay planteada una disputa programática y política, es decir, por la perspectiva más de conjunto en función de la cual se dan luchas: si para salir del desastre actual, los trabajadores, jóvenes y sectores populares del país vamos a tener una perspectiva más proclive a la del FMI como propone la oposición de derecha, o más cercana a la de los jóvenes y pueblos de Latinoamérica que enfrentan esas políticas.
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Ya con Maduro padecemos ajustes y paquetazos. No solo con el FMI se ajusta al pueblo.
Con Chávez Venezuela venía acumulando una enorme deuda externa, al tiempo que aumentaba también el saqueo de la renta petrolera mediante la fuga de capitales: por una puerta entraban recursos por renta y endeudamiento, por otra salían con la fuga de capitales. Cuando llegó el tiempo de pagar la deuda a los que viven de la usura, fue también el tiempo de la caída brusca de los ingresos petroleros, y el país no tenía otros recursos porque el ciclo de alta renta no había servido para un mayor desarrollo económico e industrial, sino para el parasitismo ya tradicional de la burguesía venezolana: vivir de las importaciones y fugar lo que pueda ser fugado. ¿Qué hizo entonces el gobierno de Maduro?
Como explicamos en un artículo reciente, Maduro “sin anunciarlo ni darle nombre, aplicó durante varios años un durísimo ajuste al privilegiar los recursos para pagarle al capital usurero internacional, a cambio de disminuir bruscamente los recursos para importación de alimentos, medicinas y demás bienes esenciales para el funcionamiento del país, incluyendo la salud y la educación”. Hubo menos alimentos, medicinas e insumos, menos mercancías, se profundizó la escasez, aumentó la inflación y se golpeó el salario. Menos recursos para hospitales, universidades, liceos y escuelas, empresas del Estado… pero se seguían enviando miles de millones de dólares a las cuentas del capital financiero internacional. Sin necesidad de que lo dictara el FMI, ante una disminución de los ingresos del Estado, el gobierno venezolano privilegió las necesidades del capital.
De hecho, lejos de tener alguna política para imponer la repatriación de los capitales fugados, el gobierno siguió entregando dólares baratos a los banqueros y empresarios para que, en teoría, garantizaran los bienes y la producción, dando continuidad al festival de saqueo de la renta.
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Pero las políticas mediante las cuales era el pueblo quien pagaba la crisis de ese capitalismo dependiente y rentístico, dieron un salto con el paquetazo de agosto de 2018: megadevaluación oficial del bolívar; legalización a los empresarios de los altos precios que golpean al pueblo; semidolarización de la economía; desconocimiento por decreto (mediante las nuevas tablas salariales y el Memorando 2792) de los contratos colectivos; validación de las suspensiones y despidos en las empresas privadas; aumento del IVA de 12% a 16%, al tiempo que se ampliaron las exoneraciones a varios sectores del gran capital, incluso a las transnacionales del petróleo. De hecho, un “gasolinazo” que sería más drástico que el de Moreno en Ecuador, fue anunciado, aunque aún no ejecutado.
Eso es capitalismo puro y duro: en medio de la catástrofe, son los capitalistas los que salen mejor parados en sus intereses, mientras se atacan violentamente el bolsillo del pueblo trabajador, sus derechos y sus condiciones de vida. Esta vez incluso con elementos claramente neoliberales, por más que el gobierno se llene la boca hablando contra el neoliberalismo: ni los más declarados neoliberales hubieran soñado con poder imponer una “flexibilización” tan brutal de los derechos laborales y una mano de obra tan barata. Por eso, como afirmamos hace poco, es un cinismo mayúsculo de Maduro salir a cuestionar a Lenin Moreno por “ajustador”.
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¿Qué rechazan en las luchas actuales en América Latina? ¿Qué proponen Guaidó y la oposición en el “Plan País”?
En Ecuador se levantaron contra un paquetazo que además de reducir el subsidio a la gasolina, aumentando su precio, le quitaba derechos a los trabajadores públicos y privados. Ya antes venían aplicando recortes en la salud pública y despidos en el sector estatal. Diferentes mecanismos para “reducir” gastos del Estado… y en cambio gastarlos en otra cosa: pagos de deuda externa. Medidas exigidas por el Fondo Monetario.
En Chile, revienta el hastío con una de las sociedades más desiguales del mundo, un país donde no solo su Constitución es herencia de la dictadura de Pinochet, sino también su “modelo económico”: precisamente, gracias a la sangrienta derrota asestada por la dictadura militar a los trabajadores, jóvenes y sectores populares chilenos, fue posible implementar en ese país el más crudo neoliberalismo, como no se llegó a aplicar en ningún otro país de América Latina. Se privatizó todo, la salud, las universidades, las pensiones… hasta los ríos y el agua. Convertir todo en propiedad privada y mercancía para que los capitalistas hagan negocios. Por eso, como dicen en las calles: “no son 30 pesos, son 30 años”.
Aunque de menor envergadura, también en Colombia y Honduras hay luchas y paros contra las medidas neoliberales. Las revueltas que en Haití llevaron a la caída del Primer ministro el año pasado, fueron contra los planes fondomonetaristas. La profunda crisis económica en Argentina y el aumento considerable de la pobreza, que hundieron en el rechazo popular a Macri, son consecuencia directa de los tarifazos en los servicios privatizados y demás medidas que, a cambio de los préstamos, exigía el FMI.
¿Y qué es lo que proponen Guaidó y la oposición en su “Plan País”? ¡Que Venezuela vuelva al redil del FMI y un plan masivo de privatizaciones, incluyendo el petróleo y los servicios! Aprovechando la verborrea pseudo “socialista” del gobierno, y el hecho de que bajo el chavismo aumentó la presencia del Estado en sectores de la economía, la derecha pretende que “la intervención del Estado” y “la corrupción chavista” son las explicaciones de la crisis, evitando poner el dedo en la llaga de las verdaderas causas: el enorme endeudamiento externo y la descomunal fuga de capitales (que no fue solo vía corrupción).
Más allá de cuestionar algunos endeudamientos puntuales, porque se hicieron sin consultarle a la AN bajo su control, la oposición comparte en lo fundamental la política de Maduro: ¡la prioridad son los pagos de deuda! De hecho, como hemos denunciado antes, aun no son gobierno y ya usan recursos del país para destinarlos al capital usurero.
Con relación a la fuga, el otro gran causante de la ruina nacional, lo único que proponen es gestionar la posibilidad de que se restituya al país aquello que se determine sea “producto de la corrupción”. Pero el saqueo de la renta no se reduce a “la corrupción” ni solo la de jerarcas del chavismo, se hizo también por vías legales y comieron del festín los más variados sectores empresariales y de la banca privada.
Entonces, la “solución” de la oposición, al igual que en el caso de Maduro, pasa por dejar en paz, en lo fundamental, los intereses de los capitalistas venezolanos fugadores de renta y los del capital financiero internacional. En cambio, propone hipotecar más el futuro del país y ponernos bajo el mando del FMI, para aplicar las políticas que padecimos en los 90’s y que hoy están padeciendo y rechazando otros pueblos. Si ya con Maduro, y sin el FMI, se restringieron drásticamente los recursos para las necesidades elementales, en función de garantizar los pagos al capital financiero, los préstamos del FMI vienen acompañados con: “reducción del Estado”, es decir, recortes en salud, educación, vivienda, cierres o supresión de instituciones, despidos en el sector púbico, privatizaciones, tarifazos, aumento de impuestos, etc.
Y como eso es así, esas medidas están contempladas en el “Plan País”, aunque algunas con eufemismos para no decir lo que realmente significan. “Dar apertura a la inversión privada en las empresas públicas… especialmente en la gestión de los servicios públicos”, para no decir directamente privatizaciones, y eso viene con despidos y tarifazos. Dicen “reforma fiscal” para “equilibrar la brecha entre ingresos y egresos” del Estado, por no decir directamente aumento de impuestos al pueblo, ¿o acaso alguien creerá que estos propagandistas de la empresa privada hablan de poner más impuestos a los capitalistas?
Privatizaciones en masa no solo en los servicios y demás empresas del Estado, sino también en el petróleo: “un plan masivo (de) inversión privada internacional y nacional en el petróleo”. Lo que no lograron con la “Apertura Petrolera” en la ofensiva neoliberal de los 90’s, porque la correlación de fuerza no se los permitió, lo buscan ahora: profundizar cualitativamente el control del capital transnacional sobre el recurso central de la economía nacional.
De conjunto, es un plan de abierta recolonización, donde la economía estará bajo el mando del FMI y las corporaciones internacionales, pues serán los nuevos dueños del país y será en sus oficinas donde realmente se tomarán las decisiones, mientras aquí nos entretendrán con una ficción de “libertad” y “democracia”. Cada vez más los recursos nacionales estarán en función de abultar las cuentas del capital financiero y de las transnacionales, condenando al país a permanecer en el atraso y con desigualdades sociales cada vez más drásticas.
¡Nuestra referencia deben ser los pueblos de Ecuador y Chile!
Guaidó, Borges, María Corina, Voluntad Popular, Primero Justicia, Vente Venezuela y demás, que se dan golpes de pecho por “el sufrimiento del pueblo venezolano” y denuncian la represión de aquí, han salido con todo a apoyar a los gobiernos ajustadores y represores de Ecuador y Chile, descalificando a los que luchan. Aquí dicen estar “con las luchas del pueblo”, pero son unos demagogos e hipócritas hasta más no poder: cuando los pueblos luchan se caen las caretas, así, ni bien en Ecuador y Chile se ponen de pie contra el FMI, sale a relucir con todo la faz antiobrera y antipopular de la derecha.
Se ubican en el lado contrario de la barricada de los pueblos, porque la represión de Moreno, Piñera y Duque, está al servicio de aplicar los planes que esta oposición quiere aplicar en Venezuela. Es que si la deriva represiva de Maduro ha sido su respuesta ante el descontento social y las luchas por una crisis que el mismo gobierno se encargó de hacérsela pagar al pueblo, el plan de la derecha venezolana tampoco podrá ser impuesto sin la más dura represión al pueblo, tal como lo supieron hacer en los 90’s y en la nefasta masacre del Caracazo.
Solo desafinará Venezuela de esta nueva dinámica latinoamericana, si las luchas contra el autoritarismo y la represión de Maduro y los militares, por el salario, los contratos colectivos, los servicios públicos y demás necesidades del pueblo, se dejan enmarcar en un programa de “recuperación del país” como el que propone la derecha pro ajuste fondomonetarista. Esa es una “solución” por derecha, pero la salida que necesitamos los trabajadores venezolanos, la juventud y los sectores populares venezolanos es por izquierda, en la sintonía de nuestros hermanos de clase de Chile y Ecuador, en la sintonía de sus estudiantes: contra los tarifazos y los recortes para pagar deuda externa, contra el FMI, contra las privatizaciones, contra la precarización laboral para facilitar las ganancias empresariales, movilizados en las calles con nuestros propios métodos de lucha, en nuestro propio nombre y con independencia política frente al gobierno y la derecha.
Enfrentando al gobierno de Maduro, que con descarada desfachatez pretende estar “solidario” con los pueblos que luchan, mientras aquí aplica ajustes capitalistas, paquetazos y represión. ¡Inmoral! Combatiendo también las ideas y planes de esta oposición, que solo porque no está en el gobierno no encabeza hoy los ajustes y la represión que aplaude en otros países.

Ángel Arias
Sociólogo venezolano, nacido en 1983, ex dirigente estudiantil de la UCV, militante de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y columnista de La Izquierda Diario Venezuela.