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Red Internacional
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Movimiento Estudiantil. Frente al problema de la Salud Mental en la Universidad no hay soluciones "parche"

El problema de la salud mental ya estalló en toda la Universidad de Chile. No es momento para medidas parche ni soluciones parciales.

Jueves 9 de mayo de 2019

Es indiscutible que el problema de la salud mental de las y los estudiantes no es un tema nuevo. Bien sabido es que existen semanas de vacaciones entremedio del semestre llamadas "semanas anti suicidio", interminables listas de espera en el SEMDA por atención psicológica y cada año en nuestras facultades compañeros y compañeras abandonan sus estudios por la depresión, la angustia y el estrés.

Algunos no logran siquiera abandonar y reprueban todo, generando no solamente deudas y pérdidas de becas, sino también estrés a su familia. Lo novedoso es que se está instalando como problemática. Que las y los estudiantes estamos decididos a decir ¡basta! Con esta situación. Y no es casualidad que está movilización ocurra posterior al mayo feminista, que removió consciencias e hizo desnaturalizar la violencia, cuestionando más de conjunto las relaciones y dinámicas al interior de la educación superior.

La Universidad de Chile se vanagloria de su excelencia académica y eso fue lo que nos vendieron al momento de matricularnos; una comunidad universitaria con los más altos estándares de calidad en su enseñanza, infraestructura y oportunidades. Sin embargo, se les olvidó contarnos que la "excelencia" es a costa de no dormir, de no comer, de empastillarte para funcionar; que esa excelencia es a costa de condiciones precarias de estudio, de edificios a medio construir como el de Filosofía y Humanidades.

A costa de competencia, de un trajín insoportable y de un apuro permanente para terminar la carrera, porque la plata no alcanza, porque no te puedes echar más ramos, porque puedes perder la beca. A costa de estudiar y trabajar para poder financiar tus estudios, porque con lo que ganan nuestras familias sencillamente no alcanza. Porque la educación es un producto y debemos pagar por este.

En definitiva, esa excelencia es a costa de nuestra calidad de vida. De la de les estudiantes, pero también de les profesores a honorarios, que deben hacer clases en 2 o 3 instituciones para llegar a fin de mes, o de les funcionaries, que se sobrecargan para tener sueldos mínimamente decentes.

Pero no somos ingenuos ni ingenuas. Sabemos que esta es la Universidad neoliberal y la educación de mercado, y que en última instancia, es solamente el reflejo de lo que se nos viene al salir del sistema educativo: un mundo laboral hostil, donde las lógicas de competitividad y sálvese quien pueda se mantienen y profundizan en el Chile neoliberal de la competencia y del exitismo. Con horarios agobiantes y sueldos precarios. Situación que se profundizará más todavía si el gobierno de Piñera logra aprobar su reforma laboral.

La crisis de salud mental que hoy vivimos como estudiantes es el síntoma de una enfermedad más grave: el modelo educativo de la universidad; su modelo administrativo; su funcionalidad al mercado de la educación y al mercado laboral.

No podemos abordar este problema desde una óptica estrictamente académica. Puesto que podríamos reducir las asistencias obligatorias y modificar las mallas, pero seguirá siendo una estructura esencialmente hostil.

Tampoco podemos abordarlo desde una perspectiva patologizante, solamente exigiendo más psicólogos y psiquiatras, que además entrarán a trabajar en la universidad de manera precaria e inestable. No podemos ni debemos naturalizar la patologización de la no funcionalidad a esta sociedad y modelo. ¿Una universidad puede llamarse de excelencia si es que es a costa del trabajo precario de las boletas a honorarios o del subcontrato? ¿Una universidad puede hablar de comunidad universitaria si cada año se suicidan estudiantes en Filosofía y Humanidades? Por supuesto que no.

Porque esa comunidad ficcional que tanto le gusta referenciar al rector, es una farsa sostenida en base a autoritarismo y aleccionamiento. Si no es inexplicable que existan decanos que conscientemente hayan desestimado nuestras reclamaciones legítimas. La que dice ser el “centro del pensamiento avanzado de la sociedad”, funciona con un gobierno y un sistema de votación que más se parece al del siglo XIX que a este.

Es por eso que para lograr medidas como reformular nuestras mallas y transformar las condiciones de trabajo, debemos apostar a decidir sobre nuestro espacio universitario, recuperar el control de nuestra educación, para garantizar esa educación gratuita, laica, no sexista, y digna en todos sus términos que hemos exigido históricamente.

La única solución que podemos darle al problema de salud mental que hoy se hace manifiesto es apuntando a soluciones estructurales, y ligándolo a la pelea contra la reforma laboral de Piñera que afectará nuestra salud física y mental en el futuro. Desde ahí podemos resolver cada una de las problemáticas locales que aquejan en distintos niveles a cada carrera, facultad o programa.

Es por eso que proponemos levantar asambleas con nuestros compañeros y compañeras funcionarios y académicos para elaborar un pliego común de demandas que apunten a cambiar la estructura de la universidad.

No se trata de un horizonte ni de una demanda lejana. Si nos lo proponemos, puede ser una tarea y una pelea más que actual. Y debe serlo, porque las condiciones de salud mental en la Universidad ya no dan para más.

Se trata de voluntades y orientaciones políticas. Por eso es necesario que la nueva Federación y los actuales Centros de Estudiantes deben ponerse a la cabeza de esta iniciativa, convocando ampliamente a sus estudiantes, organizándonos con funcionaries y académicxs, levantando instancias triestamentales resolutivas que deriven en un gran pliego común

Es necesario, en este contexto, proponernos avanzar a un cogobienro universitario, donde sea efectivamente esa comunidad universitaria la que delibere y decida democráticamente respecto de sus formas de organización y distribución de los recursos y tiempos, terminando con esta visión de que una sumatoria de pequeñas medidas podrán darnos la universidad que queremos: nosotres creemos que esa universidad hay que transformarla desde sus cimientos, conquistando la verdadera comunidad universitaria que nos han negado, de manera integral y saludable para todes.