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Red Internacional
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Izquierda. Frente Amplio celebra su 1° aniversario cruzado por debates internos

Durante el día de ayer desarrollaron un cónclave entre los principales dirigentes y cargos electos para definir la política para el 2018 entre otros temas.

Antonio Paez

Antonio Paez Dirigente Sindicato Starbucks Coffe Chile

Domingo 21 de enero de 2018

Un año cumple el conglomerado que logró dar la sorpresa en las últimas elecciones. El Frente Amplio que logró elegir 20 diputados, 1 senador y 20 CORES comienza durante este fin de semana a desarrollar varios debates que ya están realizando los partidos que constituyen el espacio.

En un evento cerrado, el día sábado los principales referentes, incluyendo a Beatriz Sánchez, y los dirigentes que fueron electos en la última elección debatieron la proyección que tendrá el conglomerado para el 2018, además realizarán una propuesta de funcionamiento interno y poner en sintonía la relación entre la mesa nacional y el conjunto del FA. Otro tema por revisar fue la posibilidad de realizar durante este año un congreso del conjunto del Frente Amplio donde analizar, más allá de las orgánicas en particular, los desafíos y posibles conflictos que se puedan abrir en el próximo gobierno.

Durante esta jornada se expondrán a un grupo más amplio y de las 14 organizaciones que constituyen el FA los resultados de la jornada anterior.

Fuego cruzado dentro del Frente Amplio

Pero estos debates se encuentran cruzado por fuertes debates internos. Como dábamos cuenta aquí tanto el Movimiento Autonomista, Izquierda Libertaria, Izquierda Autónoma o Nueva Democracia durante estas ultimas semanas han realizado diversas instancias de deliberación política donde el resultado ha sido la “voluntad de converger”, es decir, de avanzar a conformar una orgánica (partido) única, que logre contrapesar la excesiva hegemonía que hoy posee Revolución Democrática. Así lo manifestaban distintos dirigentes, aunque también poniendo límites. Por ejemplo, Gael Yeomans (Izquierda Libertaria) señalaba hace unos días que “Nos parece bien que haya este tipo de pronunciamientos, sin embargo, la posibilidad de construir un partido político común necesita un acuerdo político profundo y no solamente la necesidad coyuntural de hacerle peso a RD” o Constanza Schönhaut (Movimiento Autonomista) explicaba que “lo importante aquí es la capacidad de construir una fuerza política capaz de hablarles a las mayorías sociales. Ahí está nuestro centro, no es determinar nuevas siglas o articulación de siglas, sino que articular un proyecto político” como lo constata El Desconcierto.

Pero fue en Nueva Democracia donde el debate cobró mayor relevancia, esto debido a que un sector organizado del Frente Estudiantil levantó la tesis de que era necesario avanzar a confluir con Revolución Democrática, la organización con mayor peso político dentro del FA, para intentar irradiar un proyecto político más definido hacia el conjunto del conglomerado. En esta línea Mario Tapia declaraba “en función de los resultados electorales y del nuevo rol de oposición del Frente Amplio, apostamos por robustecer el partido que hoy lo está liderando RD“. Esta decisión no paso desapercibido y trajo consigo distintas recriminaciones entre la militancia de Nueva Democracia y la Unión Nacional Estudiantil. Esto llevó a que durante un encuentro realizado en enero el sector que propuso migrar hacia RD fuera expulsado debido a que el sector que se mantuvo en la UNE los dejara de considerar militantes.
Ante esta discrepancia dirigentes de RD saludaron la decisión de los ahora ex militantes de ND-UNE de sumarse a sus filas.

¿Cuál es el debate de fondo que esconde estas discrepancias?

En una nota publicada en El Desconcierto dos dirigentes de RD, Marta Cinto y Mario Tapia, entregan algunas luces de qué están debatiendo internamente. En la nota titulada “Construir Frente Amplio de mayorías y para el cambio” explican que luego de la reforma al binominal y las elecciones, se expresa en Chile una nueva correlación de fuerzas entre los diversos partidos que constituyen el espectro nacional, cuestión que se refuerza por un nuevo sistema que permite la legalización-emergencia de nuevas organizaciones que entran a disputar espacios políticos a los partidos tradicionales. Pero de conjunto dan cuenta de que la posibilidad de emerger del FA se ve favorecida por “la reestructuración del sistema de partidos, cuya anatomía depende, entre muchas cosas, de generar una nueva relación entre movimientos sociales e institucionalidad; Estado, autonomía y cambio social.” Esto debido a que el antiguo sistema y las correlaciones de fuerza dentro de la institucionalidad, imposibilitaban a los “movimientos sociales” influir de forma decisiva en la formulación de leyes o resolución de demandas, generando frustración en los sectores que se movilizaron durante la década del 90 y los primeros años del siglo XXI.

A pesar de que los columnistas dan cuenta de que durante los 90 diversas organizaciones y fuerzas sociales se movilizaron tras sentidas demandas y que estas no lograron influir debido a que la relación entre movimiento y partidos quedó sellada bajo un sistema que buscó desactivar los conflictos o postergarlos para el futuro. Como explican “los sectores movilizados muchas veces quedamos marginados por una institucionalidad diseñada para desactivar el conflicto a través del consenso de las élites y la coerción de la lucha de masas, o bien delegamos nuestra iniciativa a la vieja política comprometida con intereses empresariales.”, es decir toda la actividad contra el sistema, pasó a depender de los espacios que los partidos empresariales estaban dispuestos a dar. De esta manera evitan analizar la responsabilidad tanto de los partidos que jugaron un rol nefasto en la posibilidad de abrir brechas en la institucionalidad política (partidos tradicionales) como de las organizaciones que se presumían por fuera de dicha institucionalidad, pero se acomodaron a los espacios de lo posible.

Esto último es clave para la respuesta que dan al problema que identifican. Según explica la nota, la solución a esta tensión sería “impulsar la lucha social y política contra la derecha y la subsidiariedad (…) para ello el FA debe conducir dicha oposición junto a sectores progresistas, siempre y cuando el carácter de esa oposición sea antineoliberal. Podemos incluso abrirnos a acercamientos tácticos en el parlamento, aprovechar la nebulosa de la DC y evitar que ésta le dé mayoría a la derecha para gobernar”. Pero en esta conclusión está completamente ausente el hecho de que durante los últimos 25 años organizaciones del mismo FA jugaron un rol nefasto al momento de abrir brechas en la institucionalidad política en grandes procesos como el 2011 o en su acomodamiento a la burocracia sindical que mantiene atado al movimiento obrero.

Este elemento no es menor debido a que la conclusión de un nuevo “pacto” entre los “movimientos sociales” y el Frente Amplio debe darse a través de la representación institucional, única vía “realista” o “no testimonial” para generar cambios.

Además, refuerzan esto último bajo el precepto de que la “nueva política” aun en disputa, ya abandonó su anclaje histórico y “las identidades de la mayor parte de la población son difusas, y no se centran en el anclaje izquierda/derecha, o dictadura/democracia instalado por la transición”. Por lo tanto, discutir si es necesario un proyecto de izquierda o derecha, democrático o autoritario, con anclaje de clase o ciudadano son cuestiones del siglo XX. Ahora la política se trata de responder a los problemas de la gente, como decía Joaquin Lavin el 99.

Por eso y respondiendo al debate que se dio dentro de diversas organizaciones del FA, explican que “El objetivo político del nuevo ciclo no es la configuración de polos de izquierda dentro del FA, cuyo efecto sea la pelea pequeña, tensiones innecesarias y deslegitimación permanente; o las diferenciaciones con la NM” y luego prosiguen “No somos representantes exclusivos de los pobres de la encuesta CASEN, sino que aspiramos a organizar, movilizar y representar a quienes votan a Piñera y Guillier, sectores medios y profesionales, emprendedores y portadores del mérito, queremos interpretar los anhelos y pulsiones del Chile neoliberal, pero para superarlo.”

En el fondo el debate es cómo salir del neoliberalismo y el rol que cumplen las organizaciones sociales y políticas en ese proceso. Para un sector del FA este debe hacerse desde la institucionalidad y a través de alianzas tácticas con los que administraron el modelo durante las ultimas 2 décadas. Dichos acuerdos permitirían desmontar el carácter subsidiario del Estado neoliberal, ampliar la democracia y disputar el sentido común instalado por el actual sistema económico. Es decir, con acuerdos tácticos con la Concertación y el PC (que son quienes han defendido y administrado el modelo) se puede salir pacíficamente del neoliberalismo.

Otro sector, que aun esta deliberando, prefiere profundizar el proyecto político del FA y, cómo señalo Boric hace unos días, renovar la izquierda y buscar nuevamente el camino que permitiría construir el bloque histórico que impulsará los cambios.

Pero de conjunto ambos sectores mantienen su apuesta política desde las alturas, más allá de la retórica “ciudadana” o participativa de sus organizaciones, lo que está en debate son las correlaciones de fuerzas sociales que están en disputa.

El neoliberalismo no es solo la arremetida de la derecha más conservadora en el plano de la economía y la sociedad, sino que es el reflejo de un modelo de acumulación capitalista que excluye los sectores explotados y oprimidos de la deliberación sobre sus vidas y los remite exclusivamente al espacio del consumo.

Hoy las organizaciones que conforman el FA, en todas sus variantes, lo que han construido son proyectos políticos acomodados a las hipótesis estratégicas que dejó en neoliberalismo como posibles, excluyendo la posibilidad de cambios radicales en los sistemas sociales y solo cambios a la matriz de consumo o los regímenes de acumulación de capital.

Y esta opción estratégica queda claro al ver el rol protagónico que juegan los denominados “movimientos sociales” donde los roles que juegan cada sector se diluyen en una masa en la que participan trabajadores, estudiantes, mujeres, jóvenes, jubilados, profesionales o precarizados, sin tener en consideración las contradicciones que surgen entre estos mismos sectores.

De esta manera se invisibiliza o diluye el rol central que juega la clase trabajadora tanto en las correlaciones de fuerza como en la posibilidad de terminar con el actual sistema de acumulación de capital.

Finalmente, el camino que adopte el FA tendrá repercusiones en los sectores que hoy lo miran con simpatía. De constituirse una alianza táctica con la antigua Concertación o el PC los rasgos de subordinación al proyecto neoliberal 2.0 podrían verse acrecentado debido a los “compromisos políticos” y eso generaría mayores frustraciones y desilusiones entre sus votantes. De igual forma, será clave la discusión sobre cómo ser oposición a Piñera (la Alcaldía de Valparaíso podría configurarse como un ejemplo) y si seguirá el camino de la colaboración crítica o impulsará una agenda propia. Hasta ahora la experiencia internacional no ha sido favorable a para grupos similares al Frente Amplio, tanto en Grecia (Syriza) como España (Podemos) el acomodo al régimen político fue más rápido de lo pensado.