Los tiempos de la crisis económica se conjugan con los de la crisis política: el peronismo le baja el pulgar a Alberto y construye hacia el 2023 sin él. Cristina amagó por izquierda y pegó por derecha: sus movimientos ante la crisis del Frente de Todos. La izquierda se prepara para otra salida y la dirá con fuerza el 9 de julio en las calles.

Fernando Scolnik @FernandoScolnik
Miércoles 29 de junio de 2022 23:20
Se acabó el tiempo. Los indicadores críticos de la economía, que se conocen y actualizan día a día, no solo pronostican la profundización de las dificultades para los próximos meses. También dan cuenta de que a poco más de un año de las PASO, Alberto Fernández se quedó sin margen para dar vuelta a tiempo la historia de su deslucida presidencia. Si alguna vez amagó con su reelección, esa se ha vuelto una perspectiva cada vez más inverosímil, ante el derrumbe de su popularidad y el complejo escenario que queda por delante.
Las noticias de las últimas semanas aceleraron los tiempos de esta dinámica. Ya es un hecho que el segundo semestre del año no será bueno, con un crecimiento económico que se desacelera y una inflación que seguirá alta, sin descartar que incluso pueda agravarse si se imponen las fuertes presiones devaluatorias que hay en el escenario. La crisis de reservas del Banco Central, la incertidumbre sobre la deuda en pesos, las restricciones a las importaciones, el faltante de gasoil y las protestas por ese tema, el aumento de los dólares paralelos, los nuevos récords que alcanza el riesgo país o las nuevas discusiones que vendrán con el FMI por el incumplimiento de las metas, son apenas los síntomas de los desequilibrios en danza. Algo es seguro: el Frente de Todos llegará a 2023 sin haber cumplido sus promesas de 2019, dejando un mar de pobreza y precarización detrás.
En este marco, al presidente solo le queda por delante administrar la transición y tachar los días que quedan hasta el 10 de diciembre de 2023, tratando de sufrir lo menos posible los sobresaltos que quedan hasta entonces.
Así lo lee el peronismo, donde el fantasma de la derrota del 2021 y el camino de crisis hacia el año que viene son los factores que reordenan todos los movimientos e imponen un aislamiento cada vez mayor del presidente. Empezó la temporada alta de cálculos sobre cómo preservar cuotas de poder y ya casi nadie encuentra nada promisorio atando su futuro al de Alberto Fernández.
No es novedad que la primera en intentar desmarcarse de la suerte del presidente que ella misma eligió fue Cristina Kirchner. Se trata del complejo arte de buscar preservarse ante el fracaso de su propia creación. Fracaso anunciado, porque nada muy distinto cabía esperar de un Gobierno del amigo de Clarín y de la Sociedad Rural que solamente se dedicaría a administrar la herencia macrista sin cambiar nada. Pero ese es otro tema. Lo que se ha acelerado en las últimas semanas es que otros sectores del peronismo se han puesto en movimiento para construir un 2023 sin Alberto, un presidente cada vez más vaciado de poder.
Tres datos son ilustrativos de esta situación. El pasado viernes, en Resistencia, Chaco, tuvo lugar una significativa reunión de (casi) todos los gobernadores del peronismo. Más allá de la foto, orquestada por Jorge “Coqui” Capitanich (de vínculos con Cristina Kirchner), lo llamativo también fue el tono crítico hacia el Gobierno nacional: preocupados por los costos electorales que tendrá la situación económica y social, enumeraron fuertes reclamos hacia la Casa Rosada. Entre ellos, pidieron medidas contra la inflación, que haya reparto equitativo de subsidios a la energía y el transporte, una solución “urgente” por la falta de gasoil y poder intervenir en la conversión de los planes sociales en trabajo.
El segundo dato tiene que ver con los reacomodamientos de algunos de los ministros “territoriales” de Alberto Fernández como Jorge Ferraresi, Gabriel Katopodis o Juan Zabaleta, que han tomado distancia del presidente y dialogan con su vice. El primero de ellos fue anfitrión hace apenas diez días en Avellaneda del último acto de Cristina. Al segundo, según distintas fuentes, lo ven más alejado de la gestión y con las miras puestas en el futuro. El tercero tuvo hace un mes una sugestiva y larga reunión con la arquitecta del Frente de Todos, en la que se habría conversado sobre el futuro de los planes sociales.
El tercer dato tiene que ver con la CGT. Este miércoles, después de insólitas idas y vueltas, se confirmó finalmente que el presidente será orador de un acto en la sede de la central obrera, en el 48° aniversario del fallecimiento de Juan Domingo Perón. Sin embargo, el solo hecho de que el acto haya sido puesto en duda, y que la CGT pusiera sus condiciones, habla por sí mismo de la debilidad de un presidente que es cualquier cosa menos hegemónico en el peronismo. La crisis del Frente de Todos también tiene su pata sindical.
Un hilo une todos estos movimientos: con el poder en juego en 2023, ya poco vale una foto con el impopular Alberto Fernández. Alguna presencia más o alguna presencia menos en el acto del viernes, o las relaciones institucionales que inevitablemente se mantendrán, no cambiará el sentido esencial de esta flecha.
Con el guiño a la derecha: Cristina ante la crisis del Frente de Todos
Después de amagar por izquierda, Cristina Kirchner pegó por derecha. Como ya lo demostrara otras veces en el pasado, relato no es igual a rumbo. En su estrategia no es incompatible, sino complementario, criticar “por izquierda” para intentar contener el descontento de amplios sectores de su base social -e incluso sugerir medidas para que el Gobierno no se hunda más arrastrándola también a ella-, y tejer alianzas por derecha. Un nuevo giro pejotista y de rearmado con factores de poder está en marcha, y Cristina buscará ser parte clave del mismo.
Así como en el pasado reciente las denuncias al macrismo terminaron en alianzas con Alberto Fernández y Sergio Massa, en el último tiempo vimos también una amplia gestualidad de la vicepresidenta. Podríamos remontarnos algunos meses atrás para encontrar sus reuniones con el embajador de Estados Unidos en Argentina, Marc Stanley o con la generala del Comando Sur del Pentágono, Laura Jane Richardson. Fueron encuentros de realismo puro en momentos donde la relación con el país del norte se ha vuelto más dependiente que nunca por el acuerdo con el FMI que Cristina Kirchner criticó pero dejó correr. Esencia y apariencia.
Pero las últimas semanas nos han dado aún más hechos en este sentido. En público, la vicepresidenta aprovechó la tribuna de un acto con la CTA para hacer un durísimo ataque a los movimientos sociales en favor del pejotismo clientelar de gobernadores e intendentes, en momentos donde los sectores más desfavorecidos necesitan en realidad redoblar su organización frente a la crisis. Más aun: no solo atacó a la organización popular, sino que pocos días después Cristina Kirchner publicó una foto junto al intendente de Pehuajó, Pablo Zurro, promocionando un proyecto para ligar planes sociales a intendencias, bajo un modelo de trabajo precario y sueldos bajos, con condiciones laborales fuera del convenio. Un combo perfecto para el pejotismo, pero de derechos laborales y organización popular, ni hablar.
Sin embargo, eso no fue todo. El panorama gestual se completó con el hecho de que dejó trascender también, sin nada de casualidad, dos reuniones muy significativas por su contenido simbólico.
La primera de ellas fue la que mantuvo con el economista de derecha liberal Carlos Melconian, quien después informó a los medios que a la vicepresidenta le recomendó "ajuste clásico, un saltito devaluatorio y un incremento de la tasa de interés". Difícil sorprenderse de estos consejos, viniendo de quien viene.
La segunda reunión que transcendió fue con el dirigente de la CGT Héctor Daer, uno de los sindicalistas más cercanos a Alberto Fernández y, sin dudas, uno de los mayores traidores de la clase trabajadora en los últimos años, cómplice de todos los planes de ajuste de Mauricio Macri, Alberto Fernández y el FMI.
De la crisis del Frente de Todos, al parecer Cristina no saca conclusiones por izquierda.
El 9 de Julio a las calles por otra salida
Muy lejos de estos encuentros, hay quienes sacan la conclusión de que la salida a la crisis no es con pejotistas de derecha, burócratas sindicales y charlas amenas con economistas liberales, ni con la oposición de derecha de los liberales de Milei o Juntos por el Cambio, sino con más organización desde abajo y planteando otra salida a la crisis.
El Frente de Izquierda Unidad, junto a decenas de organizaciones sociales, políticas, de trabajadores y ambientalistas, convoca a una masiva movilización para este 9 de Julio. Porque no hay independencia si el FMI cogobierna el país. Porque no hay soberanía si millones de dólares van a pagar la deuda ilegal mientras crece la pobreza.
Contra el ajuste se están desarrollando importantes luchas obreras y populares, como las de los obreros del neumático y de Bagley, los docentes que pelean en distintos lugares del país o el movimiento piquetero opositor que lucha por sus demandas y enfrenta la criminalización de la protesta social.
El 9 de Julio estaremos en las calles para apoyar esas peleas y también para exigirle a las centrales sindicales que, ante el agravamiento de la crisis, rompan su subordinación al Gobierno y convoquen a un paro nacional activo, como inicio de un plan de lucha contra el ajuste.
También para darle fuerza a un planteo de fondo al problema del trabajo: impulsar la pelea por reducir la jornada laboral a 6 horas, 5 días, repartiendo las horas de trabajo, con un salario que como mínimo cubra la canasta familiar. Para que trabajen todos y todas. Aplicando esta medida solo en 12.000 grandes empresas se crearían 1 millón de puestos de trabajo.
Y para plantear bien fuerte la necesidad de romper con el FMI y sus planes de ajuste, rechazando el pago de la deuda y planteando medidas como la nacionalización de la banca y el monopolio estatal del comercio exterior, por un Gobierno de los trabajadores, desde una perspectiva socialista y desde abajo.

Fernando Scolnik
Nacido en Buenos Aires allá por agosto de 1981. Sociólogo - UBA. Militante del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001.